viernes, febrero 13, 2015

El verdadero amor

Quienes me conocen y hayan visto esto posteado en mis cuentas de Facebook y Twitter pudieron pasar de escupirle el café a la pantalla por la carcajada a una cara de situación difícil de describir, rango en el cual solo cabe un malsano morbo.

Y quienes no me conocen, sepan esto por anticipado: odio el 14 de febrero. A las explicaciones publicadas en el post linkeado agregaré que estoy llegando a mi trigésimo tercero sin novia (maldita suerte la mía) y que, según reflexiones que tuve hace algunos minutos al ver mi calle invadida por globeros (vivo enfrente de una escuela), pienso que algo pudo tener que ver que al estudiar en una secundaria y preparatoria de puros hombres, quizás influyó no haber tenido una celebración adolescente de la fecha.

Sí, admito que podría ser que odio el 14 de febrero porque no me pude casar con nadie en una kermesse entre mis 12 y 18 años.

Pero bueno, ese soy yo, porque cada quien habla como le va en la feria. Y no es que sienta que me haya ido mal, me sigo considerando un tipo feliz, aunque haya gente que no entienda que no se necesita sonreír todo el tiempo para ello. Encuentro el amor en muchas cosas, desde jugar con mis gatitas hasta en mi trabajo, no digamos en el trato con mis seres queridos. Donde sí me ha ido de la chingada es en temas de pareja.

(Agrego: me da pena la gente que centra el amor solo en otra persona.)

Y de repente, a media tarde, mi amplia biblioteca musical, en modo aleatorio, me receta una canción. No soy en general fan de las baladas, mucho menos de Alejandro Fernández, pero la escuché no menos de 200 veces (no exagero) en 40 ciudades diferentes de los 31 estados del país -más el D.F.- a lo largo de 50 días. La última fue precisamente en el momento que muestra el video: la inauguración de los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011. Así acabó el viaje de mi vida.



Recordé lo que sentí en aquel momento en el Estadio Omnilife y que así se siente el amor.