lunes, noviembre 09, 2015

Espacio abierto, vivo e inmóvil

Hoy se cumplen 11 años de la primera vez que publiqué algo aquí. Y también hoy es la última vez que lo hago.

Si entre 2009 y 2010 hice 274 publicaciones, entre 2014 y 2014 apenas van cuatro, incluyendo esta. Hace algunas semanas, una amiga que repetidamente se ha declarado fan de este espacio y de otros similares de amigos en común, me reclamó porqué nosotros habíamos dejado de escribir. No puedo hablar por los demás, sino solo por mi caso y bajo ese tenor debo decir lo siguiente:

1. No he parado de escribir, solo lo he dejado de hacer aquí. Afortunadamente la mayoría de mis letras son remuneradas.

2. La interacción que en algún momento generó mi blog no es tan grande ni tan inmediata como con las redes sociales. Hay que reconocerlo: Facebook vino a herir de muerte a los blogs personales.

3. Paulatinamente me he vuelto más reacio a publicar cosas de mi vida personal porque he entendido que la vida privada deja de serlo cuando se publica.

Tengo alumnos de 15 a 17 años que ya no saben qué es un blog. A ellos hay que hablarles de Facebook, Twitter, Snapchat, Pinterest, Instagram y un largo etcétera. A mi generación le tocó la parte más dura de la transición de la era análoga a la digital, mientras que ellos ya vienen en binario. Alguna vez, la periodista Gabriela Warketin escribió que en sus épocas de estudiante se sufría porque los jóvenes no tenían espacios para publicar, mientras que hoy algunos de mis alumnos manejan una cuenta de Twitter con información de futbol -por iniciativa de ellos, no mía, y además lo hacen muy bien- y cualquiera puede armar un sitio de noticias con tantito conocimiento -o tiempo para explorar- de Wordpress.

El blog es una especie digital en peligro de extinción, pero paradójicamente es la plataforma base para muchos sitios de información y entretenimiento. El Rincón, de cierta manera, es prueba de ello. Hasta 2010, cuando quería comunicarme con mi gente lo hacía principalmente por aquí, ahora lo hago por Facebook y Twitter.

Lo cierto es que, aunque he tomado la decisión de dejar de escribir aquí, no tomé la de borrar esta información, como lo hice con otros espacios similares que abrí en ciertos momentos con diferentes propósitos y menor constancia. Decidí dejar esto a la luz como muestra de una etapa de mi vida, ya que aquí hay trazos de ella que en su momento me pareció prudente que conocieran. No me arrepiento en lo absoluto de ello.

Lo que también creo es que al dejar de publicar aquí, cierro un ciclo. No sabría cómo describirlo con palabras. Hace tiempo dejé de creer -si es que alguna vez lo creí- que mi vida puede ser algún tipo de ejemplo para los demás, bueno o malo. Hace tiempo entendí que a mis opiniones se las lleva el viento y que lo que prevalece son mis decisiones y mis acciones. En las cientos de publicaciones, están retratadas decenas de personas que pasaron en estos años y que, algunos a quienes agradezco su tiempo, se tomaron la molestia de ponerme comentarios, que siempre, absolutamente siempre sumaron, desde una sonrisa hasta una lección.

Hace diez años se hablaba de blogueros, hoy de tuiteros. Basta de etiquetas: somos seres humanos y como tales, tenemos la habilidad de comunicar. La plataforma no nos define.

En estos once años nunca hubo una línea editorial muy definida: a veces publicaba opiniones, otras crónicas de eventos personales y otras exhibía mi trabajo. Las necesidades por las cuales abrí este espacio algunas se diluyeron y otras se cambiaron de plataforma. Sepan que aunque casi ya no escribí aquí en los últimos dos años, entro de vez en cuando a consultar lo que hay aquí porque así documenté momentos, experiencias y sensaciones. Por decirlo de alguna manera: documenté mi evolución.

Pese a no publicar, este espacio sigue generando visitas. Supongo que escribí lo suficiente para que Google me considere de vez en cuando en sus búsquedas. Lo dejo abierto para que yo también a veces pueda seguirlo consultando.

Esto también corresponde a un cierre de ciclos y apertura de otros en el ámbito personal. Lo siento, pero no tienen que enterarse de los detalles, esos me los quedo yo.

Así que si lees esto y quieres navegar, eres bienvenido(a). A quienes han pasado por acá en los mundos 1.0 y 2.0 en estos años, ya sea que sigan o se hayan ido, gracias. A todos y todas.

viernes, febrero 13, 2015

El verdadero amor

Quienes me conocen y hayan visto esto posteado en mis cuentas de Facebook y Twitter pudieron pasar de escupirle el café a la pantalla por la carcajada a una cara de situación difícil de describir, rango en el cual solo cabe un malsano morbo.

Y quienes no me conocen, sepan esto por anticipado: odio el 14 de febrero. A las explicaciones publicadas en el post linkeado agregaré que estoy llegando a mi trigésimo tercero sin novia (maldita suerte la mía) y que, según reflexiones que tuve hace algunos minutos al ver mi calle invadida por globeros (vivo enfrente de una escuela), pienso que algo pudo tener que ver que al estudiar en una secundaria y preparatoria de puros hombres, quizás influyó no haber tenido una celebración adolescente de la fecha.

Sí, admito que podría ser que odio el 14 de febrero porque no me pude casar con nadie en una kermesse entre mis 12 y 18 años.

Pero bueno, ese soy yo, porque cada quien habla como le va en la feria. Y no es que sienta que me haya ido mal, me sigo considerando un tipo feliz, aunque haya gente que no entienda que no se necesita sonreír todo el tiempo para ello. Encuentro el amor en muchas cosas, desde jugar con mis gatitas hasta en mi trabajo, no digamos en el trato con mis seres queridos. Donde sí me ha ido de la chingada es en temas de pareja.

(Agrego: me da pena la gente que centra el amor solo en otra persona.)

Y de repente, a media tarde, mi amplia biblioteca musical, en modo aleatorio, me receta una canción. No soy en general fan de las baladas, mucho menos de Alejandro Fernández, pero la escuché no menos de 200 veces (no exagero) en 40 ciudades diferentes de los 31 estados del país -más el D.F.- a lo largo de 50 días. La última fue precisamente en el momento que muestra el video: la inauguración de los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011. Así acabó el viaje de mi vida.



Recordé lo que sentí en aquel momento en el Estadio Omnilife y que así se siente el amor.