domingo, noviembre 09, 2014

Carta a mi padre

Hace un par de días observé por televisión al Procurador General de la República dar una exposición a manera de crónica del secuestro y desaparición -que todavía no asesinato oficialmente- de 43 jóvenes que estudiaban para ser profesores, con lujo de detalle, con una transparencia brutal para hacernos ver el espectáculo más decadente de la maldad humana en pleno territorio mexicano.

Un par de horas más tarde, algunos padres de esos estudiantes salieron a decir que mientras no haya pruebas 100 por ciento contundentes, ellos creen que sus hijos siguen vivos. Con más fe que razón y con más esperanza que datos.

Al día siguiente un ex futbolista, funcionario público en sus últimos años, aparece muerto en su departamento intoxicado a causa de una fuga de gas. Se trata del hijo del más grande futbolista que ha dado el país, de quien heredó el nombre y parte de la fama.

Con el corazón apachurrado es difícil alzar la cara, seguir adelante y sonreír. Pero para hallar un motivo solo basta voltear a un lado.

Hoy mi padre cumple 58 años de edad. Podría tirar muchas líneas de texto en explicar por qué es él mi ejemplo a seguir y no un personaje histórico, pero déjenlo así. Es él.

Pienso en los 44 padres que expuse aquí y en los miles que han tenido que enterrar a sus hijos desde que empezó la guerra contra el narcotráfico, y también en aquellos que nunca supieron sus paraderos.

Pienso en él que ya tuvo que dejar ir a uno, hace muchos años, y que al lado de mi madre tuvieron que encontrar la entereza para seguir su camino y ayudarnos a hacer el nuestro, a mis hermanos y a mí.

Pienso en cada uno de los problemas que tuvieron que sortear (de los que me enteré y de los que no me enteré) para llevarnos a escuelas caras, que no faltara comida un solo día en casa y todas las tentaciones que evadieron para educarnos con el ejemplo.

Siempre me he considerado afortunado de tener a mi padre, pero hoy más que nunca me siento agradecido de que mis hermanos y yo aún estemos para él.

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