martes, marzo 18, 2014

La gente quiere volver a escribir

Doy un taller de periodismo deportivo en la preparatoria donde estudié. Le doblo la edad a mis alumnos y debo confesar que mi más grande miedo es que un día sean ellos quienes me den la clase.

¿Por qué lo digo? La semana pasada les di una clase sobre redes sociales y la manera en la que han evolucionado. Cuando les mencioné la palabra "blog", la reacción de ellos fue como decir "ah sí, sé que existen", lo cual para alguien que llegó a hacer tareas en una máquina de escribir es señal de que el universo de las comunicaciones humanas crece y se diversifica de manera vertiginosa, sin dar tiempo de tregua para estudiarlo.

En mis épocas (tengo una relación de amor-odio con esa frase) nos burlábamos de los adultos que presumían usar reglas de cálculo, O sea, ¿no había calculadoras todavía? A quienes hoy tenemos entre 28 y 35 años nos tocó crecer en el mundo 1.0 y ahora vivimos en y del 2.0. Para explicar la evolución de las plataformas de los blogs (específicamente lo que han hecho Blogger y Wordpress) se me ocurrió mostrarles este humilde pero veterano blog y el que hice el año pasado como mi sitio web. No sé si mis alumnos sean curiosos por naturaleza o solo quieran encontrarle puntos débiles al profesor, pero me inundaron de preguntas sobre el tipo de publicaciones que hago en estos espacios y por qué llevaba cinco meses (hasta hoy) sin escribir nada aquí.

Y yo me preguntaba para mis adentros "¿por qué no he matado este espacio?".

Este Rincón cumplirá 10 años en noviembre. Podría dividir el contenido en dos partes: la basura de los primeros 5 años y la no basura de los siguientes. Eso independientemente de que he brincado de etapas personal a opinativa, a no personal, a informativa y otra vez a personal.

Lo cierto es que ya no hay fiebre por los blogs. Facebook fue tan inteligente que su layout desde hace un par de años (el timeline) es en realidad un blog para pequeños posts donde se puede compartir de manera mucho más rápida contenidos de todo tipo. Twitter lo llevó al extremo y se definió desde el inicio como una plataforma de microblogging. El principio bajo el cual la gente publica algo no es diferente al de los blogs ni al de las cadenas de correos electrónicos que se iniciaron desde finales del siglo pasado:

La gente quiere ser escuchada y leída.

Hace treinta años esto prácticamente no era posible. Había que ser un escritor o alguien con presencia en los medios para ser escuchado. Hoy basta tener una cuenta de Twitter. Gabriela Warkentin puso el tema en la mesa de manera muy elocuente.


Ah claro, o podías ser Todd Flanders y tener tu pequeña imprenta.

El reto de quienes nos enfrentamos hoy a comunicar (en cualquiera de las ramas de la comunicación) es ser más elocuentes e impactantes que el ciudadano de a pie para tener credibilidad. Créanme: está cabrón.

Hoy hemos llegado al extremo de que sin el más mínimo recato la gente publica fotos de sus bebés recién nacidos, lo cual en el mundo 1.0 podría ser equivalente a ir al centro de Coyoacán a regalar imágenes de los retoños a cualquier desconocido. (Antes de que lo pregunten, si llego a tener hijos voy a prohibir no que les tomen fotos, pero sí que las publiquen. No bromeo.) Posteamos las imágenes y videos del concierto, la fiesta y la carrera a la que vamos. Es decir: somos nuestro propio periódico en donde lo que nos pasa en el día a día es noticia.

En realidad, lo que está pasando es que la gente quiere volver a escribir. Antes lo hacía aunque no tuviera voz hacia el exterior, con diarios y cartas (sí, las de papel, esas que tardaban algunos días en llegar a su destino). Hoy, además, lo puede exhibir.

Paradójicamente, para la gente es más atractivo exponer su vida "privada" (que deja de ser privada al ser publicada) que un ejercicio de creación literaria, aunque esto último es un anhelo que me ha expresado más de una persona. "Quiero escribir, pero no sé cómo." Esto fue, palabras más, palabras menos, lo que me dijo una prima hace unos días. Ella es economista y trabaja en una compañía de seguros. A simple vista parece que no tendría el perfil para hacerlo, pero la conozco lo suficiente como para pedirle que se quede una tarde en un parque a observar y a escribir lo que ve y lo que piensa en una libreta.

A diferencia de la época en la que nacimos, ella puede transcribir lo que escribió en un blog, en Facebook o incluso en Twitter (si fue algo muy pequeño), publicarlo, difundirlo y que no se quede solo en la libreta.

Si la gente quiere seguir escribiendo, tal como hace 30 años, significa que contenido mata inmediatez.

Los harlem shakes y las selfies se irán. Las buenas historias son las que permanecen. Solo nos falta un poquito de valor para apostar más por ellas.

1 comentario:

Silvia A. A. Vasconcelos dijo...

Es difícil escribir buenas historias. Me hace feliz saber que conozco a alguien que las escribe, a alguien como tú.

No sé si ahora esto pase en México, pero aquí todo mundo cree que tiene algún talento que merece ser aplaudido, y esto es molesto y desgastante.