lunes, julio 22, 2013

Mi batalla de Puebla

Ir a Puebla es arriesgarse a que la travesía sea sublime o patética, sin medias tintas. Al menos para mí.

¿Muestras? Entre las patéticas, aquella vez que mi padre y yo tardamos 8 horas de regreso por una llanta ponchada, un trailer volteado en la carretera y un diluvio que lo inundó todo a la entrada al DF; y la mítica crónica del ñoñobús (de verdad no se la pierdan, la acabo de releer y es una puta joya). Entre las sublimes, mis victorias ante el andamio y mi aguda acrofobia; además de la penúltima, apenas en marzo, que fue fugaz pero productiva y hasta saqué unas fotos del centro que se morirían por ver (otro día se las enseño).

La última entra en el primer y desafortunado rubro.

Con un mes de anticipación planeé ir a Puebla al Mundial de Taekwondo. Conseguí acreditarme a cambio de cubrir para el sitio web de una amiga, sonsaqué a una gran compañera de viaje y puse la fecha para el día en el que María Espinoza fuera por su medalla, que era el viernes pasado. Plan perfecto.

La noche previa mi compañera canceló por motivos laborales. Equis, no pasa nada... Ya en la mañana, después de un inusual tránsito perfectamente fluido en la capital salí a carretera a eso de las 10:00. La autopista fue rápida, con los usuales 45 minutos entre las dos casetas. Ya cerca de Puebla volteé a mi derecha esperando ver al Popocatépetl en todo su esplendor con la fumarola del día... Y nada, en su lugar un banco de nubes.

Estacioné el coche a un lado del Estadio Cuauhtémoc, ya que habrían camionetas que iban de ahí constantemente al Centro Expositor, sede del evento. Recogí dos boletos de respaldo que había comprado por internet y me subí al transporte. Saco el teléfono, abro el Twitter y oh sorpresa, me entero que María Espinoza había quedado eliminada en primera ronda. ¡TRAGEDIA! Una hora después me enteré que no fui el único reportero que no llegó a ver ese combate, ya que nadie contaba con que perdiera en la sesión de la mañana.

Mi principal motivo para ir a Puebla, ver a María ganar una medalla de Campeonato Mundial, tirado al suelo sin que yo siquiera haya llegado. Así es el bendito/maldito deporte.

Al llegar al Centro Expositor y comprobar que los voluntarios no tenían idea de donde estaba la gente de prensa, finalmente di con ellos para pedir mi acreditación. ¿Y qué creen? Que no estaba. La solución fue darme una temporal que tenía que regresar al final de la jornada. Me daba lo mismo. El único detalle es que teóricamente no tenía acceso a las zonas de combate para tomar fotografías.

Para ese punto ya me había encontrado a colegas y ex compañeros del periódico donde trabajé, la primera buena noticia del viaje. La segunda fue encontrarme a mi ex jefe (el que me contrató en aquel periódico), quien finalmente se quedó con los boletos que había comprado. Entré a la sesión de las 2:00 con la certeza de que el único mexicano que seguía con vida no tardaría mucho en ser eliminado. No fallé, Ocelotzin Sánchez ganó su primer combate, pero quedó fuera en el segundo. Mientras, no tuve problemas para ingresar a la zona de los tatamis y me di un festín para tomar fotografías, ya muy pocas informativas (solo las de los combates de Ocelotzin) y más enfocado en detalles y aspectos. Si son fotógrafos deportivos y nunca han tomado taekwondo, sus vidas no están completas.

Hasta ese momento parecía que la cosa iba mejorando. Ya sin mexicanos en combate, preparé mi nota y la mandé con fotos sobre el triste día para los peleadores anfitriones en el Mundial. A las 5:30 oficialmente ya había terminado mi trabajo. Con un bonche de buenas fotografías opté por no quedarme a la sesión de las Finales, que iniciaba a las 7:00. Busqué a mi ex jefe y me despedí de los colegas. A las 6:10 estaba fuera del Centro Expositor.

Esperé media hora la camioneta que me llevaría de regreso al Estadio Cuauhtémoc por mi coche. Cuando llegó, el chofer (que era diferente al de la mañana) me dijo que ahí no me podía recoger, que tenía que ser al otro lado del Centro Expositor y que para ello tenía que volver a entrar. Le dije que no podía porque dejé mi acreditación temporal. De poco sirvió pedirle el favor, no quiso. En el sitio de taxis me ofrecieron llevarme por 40 pesos, por un traslado que tardaría de 5 a 10 minutos. No acepté. Mi lógica chilanga dice que un taxi de la calle es más barato que de sitio, así que caminé un poco y tomé uno que esperaba no me cobrara más de 30, ya exagerado.

Noté que los taxis de Puebla no usan taxímetro. Increíble, pero cierto. El taxista parecía amable, platicamos del Mundial, todo fue risa y alegría hasta que llegamos y me quiso cobrar 70 pesos. ¡70 PESOS! Le di 50, porque no traía más y además ya estaba harto. Tomé mi coche y me apresuré a la carretera, eran ya pasadas las 7:00.

La fila para la primera caseta era de dos kilómetros. Respiré profundamente y recordé que en las gasolinerías hay un Italian Coffee, así que me estacioné en la primera para pedir un Frióreo (frappé con galleta óreo, orgásmico) que me bajara el coraje y el estrés. Y vaya sorpresa, solo aceptaban efectivo. Y la gasolinera no tenía cajeros. Ni modo, perdieron un cliente (enojado y estresado).

(Por cierto, el Popo seguía oculto entre nubes.)

Al subir al coche reflexioné que podía ser peor, podía terminar accidentado en la carretera por mi nublada razón, así que apliqué mis improvisadas técnicas de estado zen para calmarme y emprendí el camino de regreso.

Tras la primera caseta todo fluyó. La entrada al DF me fue benévola y me sentí tan feliz como cuando regresé de aquel viaje de 50 días por todo el país. Extrañé igual a mi ciudad, aunque solo estuve 10 horas fuera. Ni siquiera el tráfico de viernes por la noche para entrar a Churubusco me pareció malo.

Poco después me reencontré con la compañera que no me pudo acompañar al viaje. Le sugerí que diera gracias a la vida por no haber ido. Terminamos cenando unos tacos del Chupacabras con dos amigos más y todo volvió a ser normal y feliz.

Hasta que recordé que ni siquiera me comí una cemita en Puebla.

miércoles, julio 10, 2013

Ofertas de trabajo para periodistas

Evito poner los nombres de medios y/o empresas que ofrecen, así como de contacto... porque soy tu amigo, querido lector/lectora.

Las vi publicadas hoy.

Se busca becario menor de 23 años para medio impreso a nivel nacional, con experiencia en realizar entrevistas, cubrir eventos y conferencias de prensa, excelente redacción y ortografía, con visión de que realizará actividades realmente de reportero, nada que ver con la escuela, sino la vida real.

Interesados mandar CV a: xxxxxx@xxxxxxxxxxxx.com.mx (Abstenerse, los interesados en política, deportes, cultura, televisión o radio) Beca de 2 mil pesos. La zona de trabajo es San Ángel.


El periódico XXXXXXXX, con más de 70 años de experiencia, perteneciente a la XXXXXXXXXXX (XXXX), busca urgentemente practicantes profesionales para la versión web que tengan conocimientos en futbol y de preferencia de otros deportes.

Buena redacción, excelente ortografía, conocimiento de redes sociales y ganas de aprender.

No hay apoyo económico, pero el horario es muy flexible y negociable. Turnos matutinos, vespertinos y de fines de semana. Al terminar sus prácticas se les otorga carta de recomendación y existe la posibilidad de ocupar una plaza.

Interesados por favor, envíen su CV a xxxxxxxxxx@xxxxx.com en atención de XXXXXXX XXXXXXX XXXXXX. Gracias.

Pueden sacar sus conclusiones.