sábado, enero 26, 2013

La capital del mundo


LONDRES.- Escribí esto mientras volaba de regreso al continente americano, rumbo a mi primera escala camino a casa.

John Lennon dijo que Nueva York es la nueva Roma. Si es así, Londres es la nueva Babilonia: el lugar donde confluyen las culturas, las tradiciones, los idiomas y los colores en la piel.

Durante estos días, Laura y yo captamos en video y fotografía la esencia de la ciudad, sus habitantes, el legado que están dejando los Juegos Olímpicos del pasado verano y retratamos un poco de la vida que llevan los mexicanos que a punta de ilusión y sueños han querido construir una vida en la capital del mundo.

Dormí en una casa ubicada en el barrio de Tottenham, donde literalmente al salir se podía ver White Hart Lane, el estadio de los Spurs. Ahí en un momento dado de la semana cohabitamos tres mexicanos, dos belgas, una finlandesa, un italiano y dos gatos. Para llegar al centro había que tomar el autobús y el metro en un trayecto de no menos de 40 minutos. El desayuno y cena consistía en avena y jugo de naranja semirreal o semisintético (aún no lo defino). Agradecí infinitamente la experiencia: Londres no se vive desde un hotel.

Londres es también una experiencia sensorial riquísima, llena de colores, formas, sonidos, olores, sabores y nostalgia. Dar un breve paseo por Westminster, desde la Queen Elizabeth Tower (donde está el Big Ben) hacia la Abadía te lleva a imaginar a los monarcas del pasado en un entorno totalmente diferente, sin autos, sin aglomeraciones y sin metro. Probablemente diga algo políticamente incorrecto, pero qué sería de esta zona sin la casa real británica, a veces simplemente hay que dejar que la historia no sea sólo cosa del pasado e insertarla en el presente.

Hindúes (¿indios?), paquistanís, jamaiquinos, brasileños, colombianos, españoles, árabes, egipcios, bangladeshís, iraníes, mexicanos, franceses… Ah sí, e ingleses. Dicen que en Londres sólo uno de cada diez es inglés, y puede que sea cierto. Aún así, los suficientes para comprobar que no es que sean fríos, sino que simplemente dan un respeto irrestricto al espacio del prójimo, pero que son amables y cálidos cuando conviven.

Al entrar a la estación de Baker Street (sí, sí, esa calle donde vivía Sherlock Holmes) entras a un pasadizo de 150 años de antigüedad que te transporta no sólo al resto de la ciudad, sino al momento en el que un visionario inventó el metro, que por sí solo es un juego para el oído: desde el infinito aviso de “mind the gap” antes de parar en cada estación hasta los cantantes urbanos que interpretan “Quizá, quizá, quizá” o “Another Brick in the Wall”.

Londres fue también el pretexto para ver a amigos con los que tenía años sin coincidir, y que en algún momento de ese alejamiento decidieron hacer su vida allá, para darme cuenta que el tiempo puede intensificar un encuentro. Ah, y claro, hacer que entre los que se quedan se conozcan y puedan cerrar filas, porque en la ciudad más cara del mundo no está de más ese concepto que popularizaron los Beatles en voz de Ringo Starr: “I get by with a little help from my friends”.

Caminé. Mis pies y mis hombros dijeron muchas veces “no más” y seguimos caminando. Keep calm & carry on: si Londres sobrevivió a las ruinas de dos Guerras Mundiales, por qué nosotros no íbamos a seguir nuestro camino.

Londres me recibió con nieve una semana atrás y me despidió con lluvia. Me gustaría pensar que se vistió de gala para mi llegada y que lloró mi partida, porque así por lo menos me sentiría correspondido.

domingo, enero 20, 2013

La vida no es tan mala en el Merseyside

MANCHESTER.- Salimos del palacio García, en Tottenham, el sábado a las 5:50 de la mañana rumbo a Liverpool. Nuestro tren partió, puntual a las 6:36, lejos aún del amanecer.

El frío de congelador no nos dejó mentir: toda Inglaterra está bajo nieve. "Hice todos los arreglos para que a tu llegada cayera nieve", me explicó Laura. Todo el camino se tornó blanco conforme llegó el amanecer.

Estar en Liverpool es como vivir en un mundo de fantasía surrealista: no sabes en qué momento verás a un Blue Minnie cruzando la calle o a un Miembro del Club de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta vendiendo periódicos.

Pero el primer sonido con el que uno se encuentra es con el de las gaviotas. Y en lugar de Blue Minnies o Sargentos Pimientas, hombres ataviados con chamarras y bufandas del Liverpool. Match day.

Antes del partido nos fuimos a un tour en un taxi conducido por un feliz caballero que en su juventud pudo ser personaje de la película de Magical Mystery Tour. Eso fue, pues, un viaje mágico y misterioso por las casas donde crecieron los jóvenes John, Paul, George y Richard (Ringo, pues), Penny Lane y Strawberry Fields en sus versiones originales, además de la tumba de Eleanor Rigby.

Los suburbios encierran un encanto particular, acentuado por la nieve y el paso de la clase obrera que trabajó en los muelles, que entraban y salían en grupo, porque nunca caminaban (ni caminarán) solos.

Liverpool se pinta de rojo cuando juega su equipo (también a veces de azul, cuando le toca al Everton). Una horda de 45 mil personas se dirige a Anfield, el mismo campo que desde 1892 acoge a los Reds, con cambios en las gradas acorde a los tiempos, pero que recuerda con cariño a sus héroes: Paisley, Shankly, Dalglish, Gerrard, entre muchos otros.

Antes de salir al campo, los jugadores salen de un vestidor sin casilleros, solamente con bancas empotradas en la pared y tres camillas para masaje. No hay más. "Sólo van a jugar futbol", decía Bill Shankly, el mismo hombre que mandó poner un letrero que dice "This is Anfield" en la estrecha escalera que sale rumbo a la cancha, para marcar su territorio.

Y al salir, la horda Red canta "You'll Never Walk Alone", una balada que popularizaron Gerry and The Pacemakers, rara en función de tratarse de una afición "agresiva" (en buen sentido) en el contexto europeo, pero que es fiel muestra del compañerismo que aparece en Anfield. Puede no intimidar al rival, no se trata de eso, sino de animar a los locales. No hay mejor manera que recordarles en donde están.

El resultado fue un aplastante 5-0 en la cabeza del Norwich City.

Yo fui uno de los 45 mil presentes: para mí fue la primera vez en Anfield; para Laura, fue su primera vez en cualquier partido de futbol. Mientras yo me la pasaba gritando goles y ofreciendo mi genealogía futura a Luis Suárez y Steven Gerrard, Laura buscaba las miles de cámaras para la transmisión de televisión e inspeccionaba las piernas de Stevie. El trabajo en equipo diversifica las funciones, aunque francamente las extremidades del capitán me tienen sin cuidado.

Después del juego, la horda regresa a casa, con una escala previa en un pub para celebrar la victoria, pero en lugar de eso yo desquité algunos pounds en la tienda del club.

Al día siguiente, tour por el estadio y visita reglamentaria a The Cavern: música beatle, buena cerveza y ovación de un minuto para los valientes que anuncian que vienen de México a arrodillarse en el santuario.

La vida no es tan mala en el Merseyside.

Después, traslado a Manchester. Disque a buscar si hay Chicharomanía todavía. Lo único que encontramos fue un imponente Old Trafford cerrado, todas las tiendas de souvenirs cerradas (ahí le avisan a mi hermano) y a una cuadra, un pequeño bar con 20 lads viendo el partido. Ah sí, es que el United fue de visita a Londres, contra el Tottenham. (Sí lo sabía, pues.)

1-0 ganaba la visita, y en la compensación, desilusión total: gol del Tottenham. Reí por dentro. Pero ps los lads me caían bien, había desde universitarios-like hasta ancianos que vieron dirigir a Matt Busby (literalmente), pasando por un grupo de alegres holandeses, incluído un jugador del NAC Breda.

La quick-visit a Manchesta' nos dio un susto: los trenes a Londres en más de 120 libras. Terror. Después de una extensa búsqueda en internet, encontramos un camión 100 libras más barato, pero que sale a las 4:00 am. Más terror, pero la cartera nunca miente.

En la central de trenes de Picadilly nos recibieron en un restaurantito italiano hasta que, literalmente, el dueño salió con el corte de caja (vayan a Carluccio's. VAYAN). Después, camino a la estación de autobuses, tropezamos en un pequeño bar con rock de los 50's (Chuck Berry, Marvin Gaye, Ray Charles entre otras joyas, irreal) y una sidra con sabor pera de Suecia que valió cada pence gastado (vayan a Apotheca. VAYAN).

Pero aquí la ciudad sí duerme (tal como lo hace Laura mientras escribo, en espera de que salga el camión de regreso a Londres). Así que no queda de otra más que esperar.

A ver si aún hay nieve.

viernes, enero 18, 2013

jueves, enero 17, 2013

A la memoria de Noé Hernández

WASHINGTON D.C.- Les escribo desde el aeropuerto Dulles, en una escala de casi siete horas, después de haber correteado mi equipaje para que al final me dijeran que lo mandaron directo al otro avión, con no más de 60 minutos de sueño (no continuos) en las últimas 30 horas y con una hamburguesa cara y un poco desabrida en el estómago... Ah, y tomando un café de esos de la sirenita (como extraño el Cielito Querido Café y El Jarocho).

Pero voy a cortar el hilo conductor y acabar con la amarga exposición de hechos. En realidad ya les dije todo, solamente sería abundar en lo mismo y quizás meterle un poquito de hipérbole y chanfle, pero nada más.

En realidad, quería contarles que entré a mi canal de YouTube y vi que mi entrevista a Noé Hernández, que realicé poco antes de los Juegos Olímpicos, ha subido de unas mil 500 a casi 6 mil 500 visitas desde que recibió el balazo en la cara que finalmente acabó con su vida.

¿Morbo u homenaje? De mi parte sólo puedo decir que sigo triste por su partida, pero también contento de saber que unas 5 mil personas han conocido su historia gracias a mi trabajo.

Y no es por morbo, sino porque Noé demostró que no hay límites para alcanzar un sueño. Se las comparto.



Gracias, Noé.

miércoles, enero 16, 2013

La segunda familia

Trabajar cerca de casa es una bendición que sólo se entiende cuando se vive en la Ciudad de México. Diariamente, regreso en 5 minutos desde que enciendo el coche hasta que entro por la puerta, ceno algo y procastino en internet en lo que me recoge Morfeo.

Mis cinco minutos de ayer se convirtieron en los más largos de todos. Sabrán que, en la tarde, nos informaron del fallecimiento de un compañero, Jorge López Vives "Chori", conductor de Adrenalina Xtreme, durante una grabación para el programa en Cozumel.

El día se tornó de una pesadumbre por momentos incontrolable. No voy a colgarme de glorias ajenas, a "Chori" lo traté poco, no sería justo decir que éramos amigos, él hacía su programa en las mañanas y yo trabajaba por las tardes, pero en lo poco que coincidimos siempre me trató con alegría y con la misma vitalidad que transmitía al aire. Podía caer bien o mal, pero así era él.

En realidad lo que se alojó en mi mente fue la respuesta de todos y ver a amigos míos sufriendo por perder no solamente a un compañero, sino en algunos casos a esa segunda familia que todos quisiéramos tener.

Las crisis son momentos que pueden unir a una comunidad. Así fue. TDN siempre se ha presumido como una gran familia, que parece en realidad disfuncional por momentos, pero familia al fin y al cabo.

Todo esto coincidió con mi último día de trabajo en TDN, al menos por un tiempo. Inicio una nueva etapa laboral como periodista independiente, con ganas de comerme al mundo.

En esos largos cinco minutos camino a casa, me di cuenta que más que dejar un trabajo, dejé a una familia. Y no lo niego, si opté por esta decisión es porque algo no funcionaba y eso no pudo compensar lo que sí funcionaba. En realidad, parece más una sana separación temporal porque hay grandes posibilidades de regresar a otros proyectos, pero eso sólo el tiempo lo dirá.

Y pese a que estoy seguro que tomé la decisión correcta, nunca es fácil dejar a una familia. Aunque sea algo temporal.

sábado, enero 05, 2013

El Día del Periodista

Ayer se celebró el Día del Periodista en México.

¿Por qué el 4 de enero? Al parecer no hay una versión clara al respecto, aunque se dice que es en homenaje a un tal Manuel Caballero, considerado el iniciador del "reporterismo" en el país y quien falleció el 4 de enero de 1926. Un dato que los medios obtuvieron de la célebre y atinada Wikipedia.

Lo que viene después en una serie de notas que consulté sobre el tema, es un recuento de lo peligroso que es ejercer la profesión en México. No mienten, es cierto, pero es caer en un lugar común, el mismo del cual se habla desde hace años y que aún se habla de él porque no ha cambiado. pero con o sin muertos, el Día del Periodista se celebra este día.

¿Quién fue realmente Manuel Caballero? ¿Por qué debe ser considerado un estandarte de nuestra profesión? ¿Qué hizo?

El mayor pecado que puede tener un periodista es la falta de curiosidad.

"Manuel Caballero fue un periodista moderno que vivió en el siglo XIX", con esa frase abre un ensayo de Laura Edith Bonilla sobre este personaje, en la biblioteca jurídica de la UNAM. Un hombre que, de acuerdo a la investigación, estudió bajo las normas del liberalismo que trajo la Constitución de 1857.

Sigo en las mismas.

"En el trabajo periodístico de Manuel Caballero, que va de 1876 a 1880, utilizó como herramienta de expresión lo que hoy en día conocemos como géneros periodísticos de opinión", ájale, esto ya está más interesante, "así que se ayudó de la crónica, el artículo y el boletín." (¿el boletín es un género periodístico?) "Fue un crítico del gobierno de (Sebastián) Lerdo de Tejada, apoyó a (Porfirio) Díaz en su primer gobierno y luego lo combatió duramente a través de sus escritos periodísticos".

Esto me acerca más al tal Manuel Caballero, ¿pero en qué momento entra la parte del "reporterismo"? El reportero se hace en la calle y sí, se pueden ejercer géneros de opinión sin reportear, conozco a mucha gente que lo hace.

Continúa Laura Edith: "después de este periodo se preocuparía por hacer del periodismo una actividad especializada alejada de pronunciamentos políticos y con un carácter informativo". OK, el sujeto ya me está empezando a caer mejor.

"Se encargó de 'La crónica parlamentaria' (en el periódico El Siglo Diez y Nueve), asistiendo a las sesiones del Senado, de donde tomó una fuerte experiencia política". Ahí tenemos señoras y señores al primer reportero de la fuente legislativa en México, o por lo menos el más antiguo del que he escuchado. Eso es el "reporterismo", que la RAE acepta como "oficio de reportero".

Si tienen más curiosidad sobre el tal Manuel Caballero, aquí está el ensayo que abunda en su vida y obra.

Por lo pronto, sepan que en México celebramos el Día del Periodista en honor al primer reportero de la fuente legislativa en el país.