martes, mayo 28, 2013

Los 37 segundos más largos de la historia

El domingo, a eso de las 11:00 de la noche, le agradecí dos cosas a la vida: no ser aficionado a Cruz Azul y no tener a uno cerca en ese momento.

Desde aquel 4 de mayo de 1988 que pisé por primera vez un estadio de futbol hasta ese momento, jamás había visto una derrota tan desgarradora en un campo del deporte que sea. Amén de las proporciones, quizás sólo comparable con la Final de la Champions League de 1999, cuando el Manchester United le ganó 2-1 al Bayern Munich con dos goles en la compensación. La diferencia, es que el Bayern no tenía en ese momento el antecedente tan profundo de Finales perdidas del Cruz Azul.

En los últimos tres lustros, Cruz Azul no se convirtió en sinónimo de derrota, sino de apestado, el ya merito, el chico que está a punto de besar a una chica rendida a sus pies y le vomita. Y en la capital mundial de los jodones, no tengo que ilustrarles el bullying que sufren sus jugadores y aficionados.

Repasemos: un equipo con 15 años y medio sin ser campeón, mucho para una institución que en los años 70 se acostumbró a ganar todo; con cuatro Finales de Liga, una de Copa Libertadores y dos de Concacaf perdidas y además de maneras inverosímiles. Desde la primera, que no había manera de perder y que el Pachuca, un equipo segundón en aquella época (del verbo un año estoy en Primera y otro en Segunda) les ganó con un gol de testículos (literalmente) de Alejandro Glaría en tiempo extra; aquella de Copa Libertadores, donde todo México se puso la bandera celeste y caen en casa (prestada, el Azteca) en la ida, pero logran lo improbable en Buenos Aires, vencen a Boca en la Bombonera y al final les cae el estigma mexicano de los penales; no digamos aquellas contra Santos y Toluca por la Liga, donde se convirtieron otra vez en la excepción a ese proverbio de "caballo que alcanza, gana", porque alcanzaron y primero con un gol en los últimos minutos (de Emanuel Ludueña contra Santos) y luego otra vez desde los once pasos (contra Toluca) volvió la tragedia.

¿Le sigo? Aquella Final de Concacaf contra Pachuca (otra vez, otra vez el maldito Pachuca), donde a un minuto del Mundial de Clubes, al 93', Édgar Benítez marcó y los Tuzos viajaron a Japón gracias al gol de visitante que marcaron en la ida (los locales ganaron 2-1 en el Azul y 1-0 en Pachuca).

Ya, ya, ¡ahí muere! Pues no, no fue suficiente...

Hace un par de meses Cruz Azul encontró un pequeño bálsamo al ganar el torneo de Copa, aquel que todos han despreciado, como la niña de los brackets en la fiesta, pero que para la afición azul fue celebrado con vítores dignos de un general romano que regresa de batalla. De repente la Copa pareció ser importante.

Pero el efecto sólo duró dos meses. El impulso psicológico de haber ganado algo, aunque fuera un beso de la niña con brackets, levantó a Cruz Azul de manera insospechada, de un mediocre torneo de Liga empezaron a ganar todos sus partidos, los clamores que pedían la renuncia de Memo Vázquez ahora se pronunciaban por un contrato vitalicio y, lo que no pasaba ya, su afición regresó al Estadio Azul.

El destino puso a Cruz Azul, en su mejor momento futbolístico y psicológico de sus últimos 15 años, en una Final contra su rival acérrimo. Más aún, ganaron la ida 1-0 en el Azul pese a resistir un bombardeo en su portería similar al nazi sobre Londres. Con ventaja llegaron a su antiguo hogar, el Estadio Azteca, donde sí fueron invencibles en los 70. Empieza el partido, América sufre una expulsión de un defensa y Teófilo Gutiérrez anota por Cruz Azul. Dos a cero el global y con un hombre más en el campo: ya no cabía lugar a dudas, Cruz Azul tenía que ser campeón.

Pero si las tragedias de las siete Finales anteriores y sus desafortunadísimos desenlaces no fueron suficientes, el dedo de Dios bajó a la cancha del Azteca. El domingo quedó claro que Dios no le va al Cruz Azul.

Al minuto 88, Aquivaldo Mosquera cabecea al infinito y el balón techa al infranqueable Jesús Corona. Lo que la artillería azulcrema no pudo hacer en 178 minutos, el azar lo logró. América estaba vivo, aún aleteaba.

Y al minuto 92 de 93 que debía durar el juego por lo dispuesto en la compensación, un tiro de esquina es cabeceado por Moisés Muñoz (¡sí, el portero del América!), el balón es desviado por Alejandro Castro y lo que debía ser una salvada de rutina para Jesús Corona terminó en las redes. 92 minutos y 23 segundos marcaba el reloj, Cruz Azul se quedó a 37 segundos de ser campeón ante su más odiado rival, en su cancha, y lo evitó un gol del portero rival. Dios no solo no le va al Cruz Azul, sino que además lo manifiesta con un humor muy negro.

Milagrosamente América no anotó a Cruz Azul en los tiempos extra. La Máquina se descarriló por completo, salió a jugar por inercia, con los brazos caídos y las caras largas. La derrota era inminente, cuestión de tiempo. En los penales, los rostros de Javier Orozco y Alejandro Castro (otra vez Alejandro Castro) fueron evidenciados por sus cobros: tragedia.

Pero si el portero evitó la derrota del América, tuvo que ser su jugador más castigado y bulleado de la historia, Miguel "todo es culpa de" Layún, quien pusiera el punto final. La catársis no estuvo destinada a Cruz Azul, de hecho, la historia no fue suya, aún con la villanía del "ódiame más", América salió con la victoria y Layún lavó sus culpas. La épica se vistió de amarillo y azul y la Máquina, de acuerdo a lo que propone la tragedia griega, ha sido enviada a un éxodo, no físico, sino histórico.

Paradójicamente, si el gol de visitante hubiera contado como criterio de desempate, como en aquella Final de Concacaf ante Pachuca, habrían sido campeones. Ni el reglamento estuvo de su lado.

Hoy me queda claro que Dios monopolizó el azul celeste sólo para su cielo y para el mar, pero no para la vida terrenal.

Burlarse de Cruz Azul ya resulta un acto de crueldad, pero la crueldad emocional es parte de la vida nacional, algo más que hoy le podemos acreditar a #TodoEsCulpaDeLayun. Pocos nos detuvimos ante el tentador gozo de fastidiar al prójimo.

Ahora la Máquina tendrá que esperar los 37 segundos más largos de la historia para volver a ser campeón.

1 comentario:

inphidelio.com dijo...

Lo has dicho muy bien y, añadiendo, sólo puedo decir que tras lo visto en ambos partidos, Cruz Azul no mereció ser campeón. Justicia DIVINA.