jueves, enero 17, 2013

A la memoria de Noé Hernández

WASHINGTON D.C.- Les escribo desde el aeropuerto Dulles, en una escala de casi siete horas, después de haber correteado mi equipaje para que al final me dijeran que lo mandaron directo al otro avión, con no más de 60 minutos de sueño (no continuos) en las últimas 30 horas y con una hamburguesa cara y un poco desabrida en el estómago... Ah, y tomando un café de esos de la sirenita (como extraño el Cielito Querido Café y El Jarocho).

Pero voy a cortar el hilo conductor y acabar con la amarga exposición de hechos. En realidad ya les dije todo, solamente sería abundar en lo mismo y quizás meterle un poquito de hipérbole y chanfle, pero nada más.

En realidad, quería contarles que entré a mi canal de YouTube y vi que mi entrevista a Noé Hernández, que realicé poco antes de los Juegos Olímpicos, ha subido de unas mil 500 a casi 6 mil 500 visitas desde que recibió el balazo en la cara que finalmente acabó con su vida.

¿Morbo u homenaje? De mi parte sólo puedo decir que sigo triste por su partida, pero también contento de saber que unas 5 mil personas han conocido su historia gracias a mi trabajo.

Y no es por morbo, sino porque Noé demostró que no hay límites para alcanzar un sueño. Se las comparto.



Gracias, Noé.

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