jueves, octubre 18, 2012

De Coyoacán a Williamsport

Ayer me tomé uno de esos lujos que, por algún motivo, poca gente se puede dar, pero que yo había ignorado desde hace tiempo: me largué al centro de Coyoacán a ver el tiempo pasar.

Pasé a un Sanborn's a comprar pilas para mi reflex, hacer un pago, me fui a comer al mercado, pasé al Sótano a pedir el DVD de "Money Ball" (y digo pedir porque no la tenían en existencia, pero me la dan el sábado), comprar un Capochimoka en el Jarocho, irme a aplastar a una banca, conectarme el iPod a los oídos y terminar de leer un libro.

Semanas atrás, en un frustrado viaje al centro para ver una exposición, Daniel y yo terminamos recorriendo las librerías de viejo de Donceles. En una de ellas hallé "El Juego Perfecto", que cuenta la historia de los niños de Monterrey que ganaron la Serie Mundial de Ligas Pequeñas de 1957. Sí, esa que hasta hicieron película hace dos años.

Daniel, férreo aficionado al beisbol, pagó el libro, y me dijo que lo leyera primero y luego se lo entrego. Sabes que tienes un buen amigo cuando te presta un libro, yo antes que eso presto a una hermana... O no...

Lo empecé leyendo poco a poco después de los Juegos Olímpicos. Me devoré poco más de la mitad en mi viaje del fin de semana pasado a Querétaro, en el camión, especialmente en el regreso, y ayer, al postrar mi trasero en la banca verde, me dije a mí mismo: "mí mismo, o lo acabas o se pone el sol, lo que ocurra primero". Eran 4:40 aproximadamente y unas 100 páginas por leer.

Estaba justo por empezar la Serie Mundial en Williamsport con la Semifinal, así que me faltaba ese partido, la Final, el tour que dieron por Nueva York y Washington, por el D.F. y su vuelta a Monterrey. Sí, ya me sé la historia, incluso con algunos detalles. No en balde vi la película en el día de su estreno en Monterrey (casualidad, ahí me encontraba en marzo de 2010, desempleado y feliz), hice tiempo después un reportaje para mi canal y hasta conocí ya a tres de los héroes de aquel 23 de agosto de 1957.

¿Les presumo? ¿No? Ps se chig...aguantan.

Aquí estoy con Ángel Macías, el pitcher que a sus 12 años lanzó un juego perfecto para ganar un título mundial. Me lo encontré en el Estadio Monterrey un día después de ver la película.

Un año después, Pepe Maiz con la Antorcha de los Juegos Panamericanos. Era el "niño rico" en un equipo donde muchos de ellos ni siquiera dormían en camas. Hoy es el dueño de los Sultanes. Lo pude entrevistar el día anterior.

Y este sí hace que casi se me caigan los pantalones. César Faz, mánager del equipo, hoy de 94 años de edad, también en el recorrido de la Antorcha Panamericana.

El Monterrey que yo conozco es una ciudad próspera, pero aquejada por la inseguridad. Muy distante de aquel recuerdo que evoca la historia de los pequeños de la Liga Industrial de Monterrey, de una comunidad de obreros entre los Cerros de la Silla y de las Mitras, y al pie de una enorme fundidora de acero. El viaje a Williamsport para leer una crónica extensa de dos partidos de beisbol infantil fue acompañado por una extraña mezcla del mis canciones favoritas en modo aleatorio (shuffle, pues) y de un organillero cercano. El dramático cierre de la Semifinal y la última entrada de la Final me tuvieron al borde de las lágrimas, aún cuando yo ya sabía lo que iba a pasar.

Recordé que lo que me gusta de los deportes es que encierra historias verdaderas de superación y confrontación a la adversidad, y no encapsuladas en frases vacías que llegan incluso a contradecirse entre sí. ¿Qué fue lo que llevó a unos niños que eran 20 centímetros más pequeños que sus rivales, a ganarse el respeto de un país con graves problemas de racismo, de su propia nación y, para algunos de ellos más difícil aún, el de sus familiares que quisieron proyectar en ellos una vida de frustraciones?

El valor nato que tienen los niños. ¿En qué momento lo perdemos?

Eran las 6:55 y aún no se ponía el sol. Página 400: fin del libro. Alcé la mirada y seguía en Coyoacán. En 143 minutos viajé a Williamsport, Nueva York, Washington D.C., a la Basílica de Guadalupe y a Monterrey.

Y en lugar de ser César Faz, Ángel Macías, Pepe Maiz o Baltasar Charles, quise ser el autor del libro.

Algún día.

1 comentario:

Silvia A. A. "Vasconcelos" dijo...

Envidié todo el primer párrafo de esta entrada.

Como siempre, soy feliz de saber que alguien se interesa de la forma que tu lo haces en el deporte, y no sólo eso, sino que lo compartes