viernes, septiembre 14, 2012

La Olimpiada: Hicham El Guerrouj


Es uno de los más grandes fondistas de la historia, originario de un país de leyendas milenarias, enclavado en el desierto septentrional de África. Hicham El Guerrouj marcó una época en las pruebas de atletismo de medio fondo.


Como muchos niños marroquíes primero empezó a jugar futbol, pero el destino lo llevó a la pista en su adolescencia. Desde mediados de la década de los 90 comenzó a coleccionar éxitos, con el oro en los mil 500 metros planos bajo techo en los Campeonatos Mundiales de 1994, y la plata al año siguiente al aire libre.

El joven Hicham, de recién 22 años cumplidos, llegaba entre los favoritos para el podio en los Juegos de Atlanta 1996, pero una caída a 400 metros de la meta lo obligó a abandonar. Sus máximos rivales, el argelino Nourredine Morcelli y el español Fermín Cacho se llevaron el oro y la plata. Un golpe muy duro de asimilar para un joven talentoso, pero con mucho futuro por delante.


Esa derrota lo inspiró y lo obsesionó. Colgó en su casa una foto de la caída en Atlanta que diariamente le hacía recordar su meta: alcanzar el oro olímpico.

El ciclo previo a Sydney tuvo aún más éxitos, con el oro en los mil 500 metros de los Campeonatos Mundiales de Atenas 97 y Sevilla 99, y en 1998 batió la marca mundial con 3 minutos y 26 segundos flat, récord que aún permanece vigente. Pocos dudaban que el sitio más alto del podio estaba destinado para él, sin embargo, en los Juegos Olímpicos, fue sorprendido por el keniano Noah Ngeny, quien lo superó en la recta final para arrebatarle el oro. Ser el mejor durante cuatro años no siempre es suficiente y El Guerrouj, pese a tener ya una medalla olímpica en el cuello, mantuvo la fotografía de la caída de Atlanta en casa.

El camino a Atenas no fue diferente. Oros en los mil 500 metros de los campeonatos Mundiales de Edmonton 2001 y París 2003, donde además obtuvo la plata en los 5 mil metros. Para entonces, la Federación Internacional de Asociaciones Atléticas lo había nombrado atleta del año, de 2001 a 2003.

Atenas 2004 fue su momento de gloria. Desde París 1924 con Paavo Nurmi, nadie había sido capaz de ganar el doblete en los mil 500 y 5 mil metros. La apuesta del marroquí era arriesgada. En su prueba fuerte, los mil 500, aceleró en la última recta ante la presión del keniano Bernard Lagat, y por apenas medio paso se llevó la medalla de oro. Fue la reivindicación de los fracasos en Atlanta y Sydney, en la mismísima cuna del olimpismo.


En los 5 mil metros el riesgo era aún mayor. Enfrentaba al campeón de los 10 mil metros y plusmarquista mundial de la distancia, Kenenisa Bekele. El ritmo lento de la carrera favoreció al marroquí, ya que en el sprint final pudo ser más rápido al ser especialista en una distancia menor. Era su segundo oro y el primer doblete olímpico en mil 500 y 5 mil metros planos en 80 años.

Hicham El Guerrouj se retiró en 2006 con dos medallas olímpicas de oro y una más de plata, además de cuatro títulos y dos segundos lugares en Campeonatos Mundiales. El originario de la localidad de Berkane no tenía nada más que demostrar en las pistas.

Pero fuera de ellas también ha destacado. El Guerrouj profesa el islam y como tal es un creyente ejemplar. Lee el Corán todos los días, donde dice que se encuentran todos los valores humanistas posibles, y aplica el ayuno de manera irrestricta durante el Ramadán, incluso durante su etapa deportiva. Un hombre que quiere la paz y un mundo mejor para sus hijos, y por ello es Embajador de Buena Voluntad de la Unicef, donde colabora en beneficio de los niños marroquíes.

Pese a ser considerado como el mejor mediofondista de la historia, después de su hazaña de Atenas, El Guerrouj negó estar entre los mejores atletas de todos los tiempos. Dijo que ese lugar le pertenece a Carl Lewis, Michael Johnson, Emil Zatopek, Haile Gebrselassie y Sebastian Coe. Pero nadie duda que su lugar en el Olimpo está muy bien ganado.

Y ahora en su casa, en lugar de aquella foto de la caída de Atlanta, Hicham El Guerrouj puso un pequeño museo personal con todas las cosas buenas que le pasaron en Atenas.

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