martes, septiembre 04, 2012

El ramo vs. La liga

Modas van y vienen, los matrimonios son cada vez más efímeros y las bodas cada vez más salvajes. Pero hay momentos y ritos que nunca serán eliminados... Como el lanzamiento del ramo y la liga.

Primero el ramo: el símbolo de la inocencia femenina, del anhelo por casarse y tener una familia con muchos hijos... Bueno, lo último tal vez no.


Primero se les convoca a todas las damas a formar una fila. ¡Claro! A la víbora víbora de la mar de la mar por aquí pueden pasar (Dios Santo, ¿quién se inventó esa letra?) A la marcha de la música comienzan a pasar las mujeres bajo un arco formado por los novios como pilares y el velo del vestido de la novia como techo. Claro que unas son más rápidas que otras, entonces en algún momento chocan con los novios y los hacen tambalear, pero nada demasiado grave, por lo general.

Al terminar este característico rito bodesco, viene el momento cumbre para todas las solteronas, erm, digo, las señoritas casaderas...

La novia se eleva cual pavorreal al ver a todas las jóvenes (y no tan jóvenes) solteras que acuden al llamado, quienes se colocan en posición de alerta. Abren más los ojos y atienden cada movimiento de la afortunada que ya encontró a su príncipe azul. Una... Dos... Tr... Nada... Sólo una finta y la onomatopeya de "aaaaah" en desilusión por hacerlas esperar.

Y cuando finalmente la novia se atreve a lanzar el ramo por los aires, comienza una serie de innumerables jaloneos, rasguños, jalones de cabello, piquetes de ojos, bofetadas, saltos de una sobre otra, patadas, pellizcos... Eso sí, nada a puño cerrado, hasta que la afortunada que recibe el accesorio puede escapar de la jauría insaciable. Todo esto que les relaté en este párrafo ocurrió en menos de un segundo. Es como una escena de la batalla final del Señor de los Anillos llevada a un suspiro en el tiempo.

Sin embargo, las feroces guerreras cambian en un microsegundo su semblante al observar a la poseedora del ramo. "¡aaaay, ¡felicidades Chuchis! ¡Ahora sí se te hace goeeey!". Gritos y alegorías a la nueva heroína del amor. Júbilo al máximo. Éxtasis orgásmico. ¡Boda en puerta! Fotos que retraten el documento de Chuchis y las chuchiamigas, una con señal de fake-moderatto-rocker, dos con duck-face y la menos afortunada haciendo bizcos.

Ah claro, y de inmediato se sube todo a Facebook. Smartphones, nunca se mueran...

Después viene el turno de los machos.

Ah, la liga... Yo no sé si a principios del siglo pasado, en aquellas épocas porfirianas, el hecho de invitar a toda la concurrencia masculina a ver cómo la novia muestra su muslo mientras el novio posa su mano para quitarle la liga fuera objeto de morbo. Hoy, en los albores del tercer milenio, en la era de la información, donde para ver a una mujer totalmente desnuda en pleno acto físicamente vigoroso sólo basta escribir damesexo.com, donde además son las propias mujeres quienes gustan mostrar el 80 por ciento de su pierna cuando salen a la calle, y donde los bikinis revelan casi todo.. ¿Morbo por el acto de quitar la liga? Por favor...

Lo primero que llama la atención es que, a diferencia del ramo, son pocos los hombres que se animan primero a formar el pelotón. Es entonces cuando el hábil animador convoca nuevamente... ¡Sí! A la víbora de la mar de la mar por aquí pueden pasar. Así animan a más homínidos a levantarse de sus sillas. Y si el caos con las mujeres no fue suficiente, los hombres se ponen de tarea tumbar al novio a como dé lugar. Los más tímidos hacen un movimiento de cadera al cruzar el arco, pero los más cínicos buscan taclear como linebacker. Un ejército de 7 u 8 amigos del novio deben protegerlo con su vida para evitar que se caiga.

Ya que por lo menos la mayor parte de los machos se levantaron de su silla, pues que se queden a pelear por la liga. Hay uno que otro desadaptado que empuja al de adelante, pero son los menos. El ritual se conduce en relativo orden. El novio avienta la liga y la recibe el (des)afortunado que se cruzó en su trayectoria. Tan tan.

¿Qué? Pues si ya hubo desmadre en la víbora víbora de la mar de la mar por aquí pueden pasar, seamos unos caballeros cuando se aviente la liga... O no...

Hay dos opciones: una, menos común, que el nuevo poseedor de la liga enloquezca como mujer con ramo, que quiera tomarse fotos con su novia y alcahuetas amigas presumiendo su trofeo; la otra, más común, que ponga cara de pánico porque la novia va a presionar más con el anillo. Ah, y una tercera, que el sujeto sea soltero y disponible, lo cual en realidad es improbable, ya que los que estamos en esa condición ni nos preocupamos por la susodicha liga.

Total, valoramos la libertad... Ja.

1 comentario:

Silvia A. A. "Vasconcelos" dijo...

ajjajaj esta crónica es divertidísima e imaginé todo. Aquí no hay nada parecido, o al menos a las dos bodas que he ido jamás ha pasado nada similar.

Ahora en noviembre iré a una que según yo, será un poco más convencional (la primera a la que fui era tipo pic nic, y segunda duró como 3 horas en un ambiente super minimalista, y creéme, me gusta el minimalismo)