domingo, agosto 12, 2012

Olimpo Mexicano: María del Rosario Espinoza


María del Rosario Espinoza es la más grande deportista en la historia de México. Es la única con campeonato centroamericano, panamericano, mundial y olímpico. Solamente Ernesto Canto iguala ese currículum.

Antes de Londres 2012 hubo una especie de campaña entre los reporteros que cubren la fuente de deporte amateur para que María fuera designada abanderada nacional para la ceremonia de inauguración. Bastaba solamente mostrar su palmarés y disipar algunas dudas sobre su calendario de preparación.

María pudo convertirse en la primera doble campeona olímpica mexicana en la historia. Hace cuatro años, cuando ganó su oro en Beijing 2008, sonrió sin llegar a la euforia; se vio feliz, pero no enloquecida: bien sabemos que María del Rosario Espinoza es una mujer cuidadosa con sus emociones, prácticamente un témpano.

Llegó a Londres 2012 en un buen momento deportivo y con una gráfica del torneo que parecía accesible, pero en Cuartos de Final un error de los jueces le quitaron la posibilidad de repetir el oro. Tal como la conocíamos, en la entrevista inmediata, vimos a una María en total control de sus emociones, sin mostrarse triste, frustrada o enojada.

Su verdugo llegó a la Final y la arrastró al Repechaje para pelear un bronce. Primero arrolló a una chica de Samoa con un contundente 13-0, y eso la llevó a enfrentarse a una cubana que la había derrotado en Holanda apenas en marzo.

Con un combate inteligente, ganó 4-2 y aseguraba su segunda medalla olímpica. Y vimos a una María que no conocíamos.


María perdió el control y lloró. La medallista de oro, venida a bronce, soltó las lágrimas que no le rodaron hace cuatro años en Beijing.

El deporte es mucho más que un dato duro. Es historia. Es tratar de entender que una medalla no vale el metal, sino las lágrimas y las gotas de sudor y sangre que las precedieron. Dudo que en ese momento María se diera cuenta que su bronce la "desempataba" de Ernesto Canto como la mejor mexicana de la historia, quizás sí, pero de lo que sí estoy seguro es que al terminar el combate contra Gleinhis Hernández repasó que uno de los días más difíciles de su carrera terminó en el podio.

No, no es oro, no sabe a oro. Ese bronce sabe a sangre, sudor y lágrimas.

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