domingo, julio 29, 2012

Un día con Elsa García



Es la mejor gimnasta mexicana de todos los tiempos. No lo digo yo, sino sus 12 medallas de eventos internacionales (de las 20 que ha obtenido México) y su dominio aplastante en la Olimpiada Nacional durante la última década.

Su cenit de resultados llegó en 2007, en una gira por Europa que atrajo las miradas del mundo hacia ella. Desafortunadamente, una lesión no le permitió competir a su máxima capacidad en los Campeonatos Mundiales de aquel año, el único selectivo para Juegos Olímpicos, y tuvo que ver Beijing 2008 desde su casa.

Le costó levantarse de ese golpe, pero Londres 2012 se convirtió no sólo en una meta, sino en una reivindicación, más allá de aquel sueño que empezó a forjar desde los tres años, cuando comenzó la práctica de la gimnasia.

En enero de este año, en la misma capital inglesa, Elsa García clasificó a los Juegos Olímpicos, en la misma arena donde sería la competencia que anheló por toda una vida.

Elsa y su equipo cuidaron cada detalle de su preparación para evitar algún quitarrisas previo a Londres 2012, pero en el deporte de alto rendimiento las lesiones son parte del juego y pueden llegar en el momento más inoportuno... Como en el entrenamiento previo a la competencia olímpica, por ejemplo.

Fueron seis dedos, tres de cada mano, uno de ellos completamente fisurado. Elsa aspiraba a meterse a la Final del All-Around y a la de algún aparato, pero esta lesión le impidió competir en barras asimétricas y salto de caballo (era necesario completar los cuatro aparatos para pelear por la Final del All-Around). No puedo asegurar aún esto, pero me dio la impresión de que en la viga de equilibrio tuvo que quitar elementos que le restaron grado de dificultad, y eso le afectó en la calificación, un 12.400 que le borró la sonrisa del rostro, pero en el piso se vio más suelta, ahí en donde ella ha cautivado al mundo con su belleza y elegancia, y con un 13.733 que difícilmente la metería en la Final, pero que le hizo sonreír por unos instantes...

En mayo, para ser exactos el día 15, viajé a Monterrey para estar un día completo con ella y dar fe de lo que veía: de la preparación de una deportista olímpica. Pero más allá de eso, encontré a un ser humano entrañable.

Elsa tiene 22 años y de acuerdo a su hermana, es un "espíritu libre", creo yo el mejor halago que puede recibir un ser humano. Es una mujer risueña, bromista, le gusta hacer caras y adora a los gatos, de hecho tiene tres en su casa: el venerado Rulo, el rey de la casa, ya de 17 años de edad; la princesa Ely, la absoluta belleza y vanidad felina en cuatro patas; y la guapa Frida, de quien en realidad me quedé con las ganas de conocer porque nunca quiso bajar a saludar; además de un amistoso perro llamado Rufo, que le mueve la cola incluso a los desconocidos.

Su madre, María Gracia, es una mujer espiritual, alegre y que en todo momento está en absoluta armonía con lo que lo rodea. Su hermana, Laura, se fue a estudiar una maestría en periodismo en Inglaterra para prepararse con los mejores del mundo y para que pudiera ver a Elsa cumpliendo su sueño. A su padre desafortunadamente no lo he podido conocer, pero sé que es un buen hombre, crítico, analítico y deportista, que ha trabajado fuerte para que en su casa no falte nada.

Y es que de lo que les voy a presentar al finalizar estas líneas, saqué mucho más que un buen reportaje: la amistad de Laura, quien pese a que nunca nos hemos visto en persona, se ha vuelto un gran apoyo, tanto en lo profesional como en lo personal; de María Gracia, quien me hizo sentir una paz que he experimentado ante muy poca gente; y de José Carlos, el novio de Elsa, cuya historia me estoy reservando para otro día. Ah y claro, la promesa de regresar pronto, ya sin un micrófono ni la pose de reportero.

Al terminar su compentencia en Londres 2012, Elsa encontró un abrazo sincero y fraterno de la guatemalteca Ana Sofía Gómez, quien por cierto carga con la esperanza de un país que nunca ha ganado una presea olímpica. Ese abrazo que, quienes la conocemos no como gimnasta, sino como persona, le quisimos dar justo en ese momento.

Elsa regresará a su amado Monterrey sin medalla, es cierto. Pero hay gente que no necesita una metal para saber que vale oro. Les pido que me regalen ocho minutos más de su vida para que conozcan a la verdadera Elsa, les prometo que no se van a arrepentir.



Entrevistas y realización: Ricardo Otero
Camarógrafo: Francisco Alvarado
Edición: Mariano Díaz

Al aire en Londres y Punto, por TDN, el 28 de julio de 2012.

1 comentario:

Silvia A. A. "Vasconcelos" dijo...

Eres excelente periodista y adoro ya a Elsa, su hermana y familia. Gran ejemplo de la juventud mexicana