viernes, julio 20, 2012

El deportista olímpico






Levántate. No dejes que te gane la fatiga ni la desidia. No te detengas. Esta no es una carrera de velocidad, sino de resistencia. Porque a veces es más difícil salir de la cama que levantar una pesa con 200 kilos. Porque sería más fácil quedarse en el piso que levantarse y volverlo a intentar. Porque sería más fácil retirarse y decir “no puedo” que tomar nuevamente el rumbo.

Porque eres quien tuvo un talento natural y lo convertiste en algo sobrenatural, porque del deporte hiciste primero un juego y después lo convertiste en tu vida. Te ha permitido viajar, conocer otras culturas, otros lugares, otra comida y otras formas de pensar. Y has tomado todo lo bueno para llevarlo a tu día a día, para prepararte y poder saltar más alto, correr más rápido y ser más fuerte.

Eres mucho más que un deportista: eres un guerrero. Eres la esperanza de tu nación. Eres el embajador que lleva al mundo lo mejor de tu gente, que con tu fuerza y dedicación buscas poner su bandera en el lugar más alto. Eres la inspiración de los más jóvenes y la nostalgia de los más viejos, el que escribirá la nueva historia y pondrá un estándar más alto de perfección y excelencia, el que pondrá una marca que impulsará a los que vienen a ser mejores.

Eres aquel que entiende que el deporte es el lenguaje más universal de todos.

Eres el que no se dejó vencer por enfrentarse a alguien más alto o más fuerte, el que confió en su talento e inteligencia para ganar. El que acumuló más tropiezos que medallas, pero también el que entiende que el oro vale todas las gotas de sudor y de sangre que las precedieron.

Eres el que en lugar de humillar a tu rival, lo honras cada día, porque te hace ser más fuerte y valeroso, porque es quien te hace ser más grande. Porque sin él, no eres nadie. Eres el que le da un sincero abrazo al terminar la competencia no para consolarlo, sino para agradecerle el esfuerzo.

Eres la luz de tu familia y de tus compañeros de equipo, de todos aquellos que ven en ti un modelo a seguir. De tu padre, que trabajó muchos años para que no faltara nada en tu casa y para que no te faltara tampoco nada para entrenar; de tu madre que se levantó temprano cada mañana para prepararte el desayuno y para alentarte cada vez que te sentías derrotado; de tus hermanos que te han hecho reír cada vez que el mundo se burló de tus fracasos; de tus amigos que te escogieron como a un hermano; de tu entrenador, que guio tus pasos hasta la victoria, de tu equipo multidisciplinario que cuidó cada detalle de tu preparación para formar la máquina perfecta.

Eres el material del cual están compuestos los sueños. Eres tu propio motor. Cada paso, cada vuelta, cada levantamiento, cada disparo, cada patada y cada brazada te fueron acercando a tu meta. El mundo entero verá tu competencia, pero sólo tú sabes lo que te costó llegar a ella.

Eres un deportista olímpico no por designio, sino por derecho. Nadie te lo regaló. Porque cada día de tu vida trabajaste para bajar una centésima o levantar un kilogramo más, porque construiste tu destino. Y cuando desfiles en la inauguración y estés por salir a competir, recuerda todo lo que tuviste que pasar para llegar ahí.

Eres un olímpico, eres el material de tus sueños y la inspiración de tu nación.

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