Es decir, la Antorcha y un grupo de unas 60 personas viajamos aproximadamente 16 mil kilómetros por todo el país durante 50 días.
Estoy a unas horas de regresar a casa. No voy a cubrir los Juegos Panamericanos, y les confieso que la frustración me duró algunos días. Me costó trabajo llegar a esta ciudad hace dos días, tapizada con motivo de los Juegos y sentir que no sería parte de la fiesta. Inicié el último recorrido de ayer, desde Tonalá, con algo de zozobra e incertidumbre. ¿La cobertura no les gustó? ¿Hice algo mal? ¿Por qué?
Pero por ahí de las 5:00 de la tarde me llegó un mensaje del Jefe de Jefes. Francisco Javier González, quien palabras más, palabras menos, me dijo que estaba por llegar a la meta después de 50 días, que agradecía mi esfuerzo y me felicitaba por ello. Me sentí más tranquilo. Total, pensé, yo ya había cubierto 50 días de Juegos Panamericanos.
La Antorcha no llegaría en sincronía con la ceremonia inaugural, sino una hora y media antes de su inicio. ¿Y por qué no buscar un boleto para la ceremonia? Moví influencias, literalmente, y a las 7:00 de la noche lo conseguí.

Mi llegada a la meta fue adentro del Estadio Omnilife, con una fantástica ceremonia inaugural, inolvidable, que me hizo sentirme aún más orgulloso de este país al que reconocí (de re-conocer) durante los últimos 50 días.
¿Gané medalla? Sí, pero no sé aún de qué metal. El veredicto está pendiente.













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