lunes, agosto 08, 2011

Quiero ser como Deion Sanders

Cuando me preguntan en qué momento inicié en el periodismo, suelo vacilar en la respuesta. A veces me gusta contestar que desde que tenía 15 años, cuando empecé a colaborar en la revista de la preparatoria (la cual incluso llegué a dirigir), pero decir que llevo la mitad de mi vida en esto me parece pretencioso; a veces digo que cuando entré a trabajar al diario Reforma, en enero de 2006, pero no siento que sea tan poco.

Lo que sí tengo claro que cuándo me encontré con mi vocación: entre 2003 y 2006, cuando cubrí al equipo de futbol americano de mi universidad para la revista y la estación de radio de la escuela.

Era un equipo no malo, sino lo que le sigue. Malísimo. La primera temporada sólo ganaron un partido, el último, cuando ya estaban descendidos; la segunda, luego de que el destino les perdonó la pérdida de categoría, ganaron tres; la tercera otra vez tres y en la última un innovador y bondadoso sistema de competencia les dio el pase a Playoffs pese a tener marca de 4-5, y con el único partido realmente brillante que les vi, llegaron a Semifinales, una oda poética de futbol americano (colegial de México, tampoco nos emocionemos tanto) que terminó con un marcador de 44-30 sobre Pumas CU y con mi garganta literalmente destrozada frente al micrófono.

Los Borregos Salvajes del Campus Ciudad de México eran el hazmerreír de la Liga. Si yo les contara la cantidad de partidos que perdieron por errores infantiles, los mataría primero de la risa, luego del hastío y finalmente de la desesperación. Pero yo los seguía hasta donde podía, primero por la novedad de tener un gafetito que decía “prensa”, luego porque se volvieron mis cuates y finalmente porque el micrófono y la grabadora me ganaron.

Ahí también conocí realmente cómo es el futbol americano. Es un deporte de reglas complejas, pero no imposibles, y de mucha fortaleza física y sobre todo mental. A veces me convertí en el motivador de monstruos de 1.90 y 120 kilos. Sí, eran mis cuates.

Con ellos aprendí a reportear, a locutear, a hacer crónicas y fueron mi gran laboratorio experimental fotográfico. La verdad creo que no lo hice tan mal.

Ricardo Otero, 2004

Hoy ellos están regados por el mundo. Sé de uno que vive en Colombia, otro en Perú, y seguramente otros andan por más lugares. Es cierto, le perdí la pista a muchos de ellos, pero para serles honesto, me daría más gusto tener un reencuentro con ellos que con mis compañeros de preparatoria. Incluso algunos ya son padres (como el de Colombia).

No existe el futbol americano profesional en México, hay ligas para “veteranos” (veteranos son aquellos que cumplieron su etapa de 5 años como colegiales), pero sólo eso. Los vi llorar el día de su retiro involuntario y comprendí que detrás de ese lustro representando a una universidad, habían otros 15 años desde que se pusieron por primera vez unas hombreras y un casco. ¿Se imaginan ver a monstruos de 1.90 y 120 kilos llorando como becerros?

No necesitan ser reporteros y cubrirlos desde la banda, sólo prendan la televisión en NFL Network el día de la ceremonia de inducción de los nuevos miembros del Salón de la Fama. Preparen palomitas y kleenex, porque verán a los más grandes jugadores de futbol americano en el colofón de sus vidas, cuando voltean hacia atrás, cuando se dan cuenta de lo grandes que fueron... Y de lo mucho, muchísimo, que tuvieron que crecer para serlo.

Me dijeron que el discurso que dio Deion Sanders el sábado fue el mejor de la historia en cualquier deporte. No lo sé, pero tampoco lo desestimaría. El tiempo seguramente lo pondrá a la altura, por ejemplo, de aquel del día del retiro de Lou Gherig.

Su discurso, como suelen ser en estas ocasiones, fue muy largo. Se los recomiendo ampliamente, historias de éxito verdaderas y no charlatanerías de pseudofilósofos posmodernistas. Aquí está la transcripción completa.

Y aquí les paso un extracto:


(Les recomiendo adelantarlo al 8:33)

Escuché a algunos miembros del Salón de la Fama decir "nunca soñé con esto". Lo siento, yo sí lo soñé. Lo hice. Esperé ser grande. Quise hacer lo que nadie había hecho. Quise provocar un cambio. Quise que cuando entrara a un cuarto bajara la temperatura. Quise cambiar las cosas.


Por eso me dedico a esto: porque de esto trata el deporte, como la vida: de crecer, ganar y ser mejores. Ser los mejores.

1 comentario:

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Ahora comprendo una etapa mas de tu carrera periodîstica!