miércoles, agosto 31, 2011

La Antorcha I - Es cierto: somos más los buenos

Llevamos cinco días y aún no sé si este viaje me ha parecido eterno o demasiado fugaz. Escribo esto desde Puebla. En horas, estaremos viajando a Jalapa. Así es esto, 24 horas en promedio en cada estado, pero muy bien aprovechadas.

No tengo tiempo para turistear. Literalmente voy a donde va la Antorcha, como donde los demás comen y veo lo que el Fuego ve. Mi primera y única escapada hasta este momento fue anoche con Sagra, mi mejor amiga, y fue un verdadero oasis en medio de todo este frenesí panamericano.

La logística es una cosa de locos. No terminamos en un lugar cuando ya tenemos que irnos al siguiente. Hemos tenido problemas con los envíos de material y la conectividad a internet es tan escasa como una cerveza en una escuela primaria (o al menos eso quiero pensar), pero nos la hemos arreglado para que desde México nos digan que todo va bien. La comitiva de repente da trazas de que aún tienen pequeños cabos sueltos que van corrigiendo sobre la marcha. Supongo que es normal. Eso sí, a diferencia del caos del recorrido en el DF, en el resto de los estados no ha tenido contratiempo alguno.

He visto cosas fantásticas, me he logrado conmover como pensé que ya no era capaz de hacerlo. ¿Cómo? Basta ver a un padre cediéndole la Antorcha a su hija o los 5 nietos que le gritaban “¡abuelito, abuelito!” a un señor que en cada paso de su trote constante derrochó la vitalidad que a muchos jóvenes nos gustaría tener. O ver a un loco vestido supuestamente de azteca (¿los trajes aztecas tenían plumas de pavorreal? Neta, es pregunta) corriendo al lado de un portador para animar a la gente.

He visto y entrevistado a grandes personalidades. Víctor Estrada, uno de los deportistas mexicanos a los que más admiro, me trató muy bien y me dio muy buenas declaraciones, pero minutos después, me quebró el alma ver a Fidel Negrete con lágrimas a los ojos mientras le pregunté lo que representó para él ser el último relevo en Toluca a 48 años de su medalla panamericana en maratón. Esas son las historias que me quiero encontrar. Y como esas les podría contar una veintena más.


Estoy a 120 kilómetros de mi ciudad, eventualmente estaré a miles de ella. Hasta ahora sólo hemos rodeado el DF. En horas empezaremos el camino hacia el oriente del país.

Me he encontrado con un México fantástico, lleno de luz, color, fiesta, sonrisas y júbilo. Pensé que encontraría eso en cantidades más pequeñas. Pero me da gusto que por cinco días he visto al país que quería ver y no el que monopoliza los minutos de aire en la televisión, y eso es lo que estoy tratando de transmitir en mis reportes.

Sí es cierto: somos muchos más los buenos.

1 comentario:

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Esta entrada me ha hecho sonreir y ser feliz!