domingo, mayo 22, 2011

La Goya por los "ausentes"


Soy una persona familiar, es decir, valoro a mi familia por encima de cualquier cosa.

En las mujeres de mi familia (mi madre y mi hermana) veo el valor para enfrentarse a la vida que yo nunca tendré. En mi padre, la sabiduría y generosidad que sólo en sueños tendré y en mi hermano el arrojo que me hace falta.

Me vino esto a la cabeza al recordar que esta mañana, pasaditas las 9, Katia y yo vimos a un padre dejar a sus hijos, uno adolescente y un niño, en la fila para ingresar al Estadio Olímpico, para la Final. Nos dijo que él no alcanzó boleto, y los dos que pudo obtener se los dejó a ellos.

Irremediablemente me acordé de mi padre y de todos los sacrificios que ha hecho por mis hermanos y por mí. Podrá parecer una cosa absurda un partido de futbol si lo comparamos con la inversión millonaria que resulta la educación de un hijo, los desvelos, las enfermedades, en fin, quienes ya tengan esta dicha lo sabrán mejor.

Pero minutos después del final del partido, cuando trataba de enjuagar esas lágrimas de felicidad que me son inevitables cada vez que el equipo de mis amores es campeón, me acordé de ese adolescente tímido y del niño ilusionado que entraron delante de Katia y de mí en la fila, y que se colocaron en la cabecera norte, muy lejos de donde nos sentamos.

No les pregunté sus nombres. Quizás debí hacerlo. Pero traté de imaginar una escena similar, hace años, entre mi padre, yo y mi hermano (orden estrictamente cronológico). Nunca hubo algo exactamente igual, es decir, una Final, mi padre sin boleto y yo guiando a Ángel a las gradas. Pero sé que hubieron varias situaciones parecidas bajo otros contextos.

Mi padre no pudo conseguir boleto para este partido. Mi hermano está en Alemania, lanzando goyas en supuesto solitario. A él le marqué dos veces hasta otro continente y la red de Telcel tuvo a bien funcionar en esos momentos para que escuchara al público cantar y él pudiera hacerlo también.

Porque hay lazos que se construyen tan fuertes que la ausencia no puede romper: es cierto, el futbol acerca a las familias.


Siete estrellas no bastan para rendirles honor.

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