martes, mayo 31, 2011

La boda de los locos

Si ustedes, mujeres, salieran de su casa y vieran al chico con el que van a salir por primera vez con una playera de un equipo de futbol, ¿qué pensarían?

Lo más probable es que no hubiera segunda cita. Pero en esta historia no sólo la hubo: el sábado se casaron.



Hasta recuerdo la fecha, fue el 28 de marzo de 2008, la noche que celebré mi cumpleaños 27, cuando se me ocurrió hacer una fiesta de disfraces deportivos. Pablo, a quien conozco desde hace 24 años, llevó a una chica de nombre Claudia. Era su primera cita, ella iba vestida de tenista (o al menos eso dice) y él con una elegantísima playera retro dorada de los Pumas. Fue mi culpa.

A Claudia yo la conocía poco, y hasta ese día la tenía en mi cabeza como una niña tranquila, muy educadita y mona. Al tercer tequila sabía que el diagnóstico era incorrecto: teníamos enfrente a una party animal.

Con Pablo viví toda clase de episodios escolares y desvelos de estudio: su sala me vio dormir varias ocasiones mientras tenía pesadillas con derivadas e integrales; escenas futboleras, desde mis terribles pifias como delantero de la Selección del Cedros hasta campeonatos de los Pumas: él fue el primero que supo que yo no llegaría a Primera División; le conocí a sus novias, él conoció a las que me batearon; podría hacer un compendio de las anécdotas que él no quiere que se sepan, y sí, mejor las dejamos ahí.

Cuando conoces a alguien por prácticamente un cuarto de siglo, casi nada te sorprende. Los gestos, los ademanes, las frases elaboradas, las conductas, las reacciones, el estilo para vestir, prácticamente todo puede ser predecible.

Quisiera poder enseñarles el momento en el que Pablo vio llegar a Claudia en el altar, pero como mi hermano se llevo mi cámara a su exilio a Alemania, sin siquiera consultarlo con nadie (sí, estoy MUY enojado con él), tendrán que creerme que la cara que puso el novio fue una que en 24 años no le había visto. Se quebró. No inundó la capilla con sus lágrimas probablemente porque quiso hacerse el muy macho.

Por él, me perdí quizás la Final de la Champions League más esperada de todos los tiempos. Y me di cuenta que sólo las historias de amor pueden lograr eso conmigo. ¿No me creen? Lean este post, es la escena más romántica que he visto en una película, fue inspirado por perderme el Uruguay-Ghana del Mundial pasado por andar persiguiendo a una mujer.

Hasta ese punto, ya no me sorprendía que su salida de la capilla fuera bajo las notas de "All You Need Is Love". Pero me parece de muy buen gusto, conozco parejas ganadoras que lo han hecho. No, no fue algo tan exagerado como lo de Love Actually, pero vaya que se agradece el detalle.

Una cosa es cierta, la música que escucho es muy diferente a la de ellos. Cada que voy a sus fiestas me actualizo de lo más nuevo del catálogo pop comercial antrero y al salir hago terapia larga y urgente de rock. Seguramente si bajo ese contexto escuchara la siguiente canción, solamente pondría cara de "piedad, mis oídos claman piedad":



¿Y qué tal si les digo que ese fue el baile de bodas? Seguramente ustedes dirían que a quién se le ocurre. Los novios estaban gritando y brincoteando solos en la pista ante la atónita mirada de la concurrencia. ¿Un waltz? Que eso lo haga la gente normal. Pero comprobamos que la euforia es contagiosa.

¿Y a qué loco se le ocurre poner en plena recepción el Himno Deportivo de la UNAM y lanzar una goya? Se equivocaron si pensaron que sólo a mí. Ni modo, son las licencias que se puede dar el campeón. Por eso nos odian a los aficionados pumas, por intensitos y orgullosos.

Se tiene que estar loco para organizar la boda perfecta, y se tiene que estar muy loco para aguantarnos por 24 años. Se tiene que estar más loca para aguantarlo toda la vida.

1 comentario:

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Amo la boda de Pablo y Claudia, me hizo muy feliz. Quiero ver la foto de cuando ella aparece en el altar!!

Felicidades a los tres! A Pablo y Claudia por su boda y a ti por tener tan excelentes amigos (y bodas tan divertidas)