martes, marzo 15, 2011

La vida a los casi 30

Camino a Teotihuacan, cruzando el pandemonio urbano de Indios Verdes, Ana, que me conoce como Mac alias Ricardo Otero, me preguntó por qué dejé mi empleo anterior. Jésica, quien compartió aire en aquella empresa conmigo, conoce la historia de antemano y la ha escuchado infinidad de ocasiones.

Siempre que hablo de ello, en algún digo que aquel viaje que hice a Nueva York para el Año Nuevo de 2010 me hizo replantear muchas cosas sobre mi vida. Yo sabía que no tenía que darles mayores explicaciones, si una semana fue suficiente para mí, medio año les dejó a ellas una lección más honda al respecto: los viajes te hacen confrontar tu realidad, para bien y para mal.

Una hora después estábamos sentados en la parte más alta de la Pirámide del Sol. Dos peruanas, una mexicana y un mexicano. Jésica (la mexicana) y Ana, una de las incas, evocaron sus historias del primer mundo laboral, amores y desamores que pasaron en Madrid el año pasado.

Aquellas dos mujeres americanas seguían volando a Europa, tal como la primera vez que vi a Jésica a su regreso. Me dieron a leer un correo de uno de sus compañeros "Balboa" (las niñas son talentosas eh, la beca Balboa es muy cotizada dentro del mundo periodístico) y lo primero que pensé fue lo que ha avanzado la tecnología para poder leer una carta en un teléfono en la cima de la Pirámide del Sol, que lleva casi 2 mil años ahí. Después, conforme fui leyendo, sentí un poco de lástima por la nostalgia del texto. Las letras, que fueron vistas en uno de los corazones del México más antiguo, llegaron desde Colombia y pertenecían a una historia que se gestó en España. Viva la globalización.

Minutos después, Jésica dio lectura en voz alta a otra carta, ésta de un paisano, pero que vive en el último rincón de México: Tijuana. Israel cumplió 30 años, y entre sus festejos, le escribió a su familia -como él mismo dijo- de los Balboas. Hizo un recorrido puntual por las actividades cotidianas en algún piso madrileño, desde los que tenían siempre su lugar hecho un desorden hasta los que estaban en pijama a las 5 de la tarde y las reuniones en los bares. La emotividad nos ganó a todos. Mientras a Jésica se le quebraba la voz, yo me tiré al piso -literalmente- para no hacer evidente que aquel desconocido me estaba conmoviendo. Ana y Jésica se levantaron y me pidieron que les tomara una foto ahí mismo, con la Pirámide de la Luna de fondo, y se la mandaron a Israel. Casi podría apostar que al tiempo que lamentó no haber podido viajar para el encuentro con Ana, lloró como lo hicieron las Balboa.

*****

Otra historia al margen: Laura está por viajar a Nueva York. Ella no es Balboa, no conoce a nadie de los que estuvieron o fueron leídos en la Pirámide del Sol, de hecho, ella y yo nos conocemos poco aún. Pero le he estado dando consejos para que su experiencia allá sea tan buena como fue la mía. Supongo que no es casualidad que New York State of Mind de Billy Joel me retumbe en la memoria a toda hora como taladro y que de repente recuerde cómo se sentían las ráfagas de viento y nieve en el piso 86 del Empire State.

Después de Nueva York, fui a Monterrey un par de meses después y luego sólo viajes de trabajo en el último año. No sé si aún no he terminado de regresar o simplemente tenga que resignarme a que dejé algo ahí.

*****

Mientras estaba tirado en el piso en la Pirámide del Sol, recordé que estaba a 15 días justos de llegar a los 30. Lo que realmente me dolía era pensar que no puedo escribir algo tan bonito como lo hizo Israel.

Creo que no he viajado lo suficiente.

(Y ya me lo habían dicho.)

3 comentarios:

Jex dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jex dijo...

Mac, acéptalo. Como nosotras no has regresado. Y mejor, porque eso de regresar sin remordimientos a esto que vivimos día con día no es justo para ninguna juventud como la de nosotros, para ninguna mente inquieta. Por eso siempre hay que estar, pero volando, aunque no nos movamos. Gracias por plasmar así ese gran día, porque fue un buen día...

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Me encanta todo lo que viviste ese día...yo aquí me estaba congelando.