jueves, febrero 17, 2011

Toño Moreno

No soy de los que gustan adjudicarse amistades en momentos de emotividad. No me considero un amigo de Toño, pero tuve la fortuna de trabajar con él durante 10 meses. Lo que existe de mi lado es un profundo respeto que comenzó hace mucho tiempo, en el cual la coincidencia en tiempo y espacio fue la cereza de ese pastel.

Muchas veces he dicho que los periodistas de la actualidad somos más flojos que los de antes, que investigamos menos. En buena medida, todas las nuevas tecnologías nos tienen acostumbrados a tener todo "peladito y a la boca", cada vez nos preocupamos menos por lo que dice Felipe Calderón y más por lo que escribe @FelipeCalderon.

Cuando me preguntan por esa aseveración, el primer ejemplo que me viene a la cabeza es uno de Toño Moreno. En 1988 puso que jugadores de la Selección Mexicana Sub 20 fueron pasados por menores de esa edad para participar en el Premundial, cuando algunos de ellos eran hasta 4 años mayores. Como resultado de toda esa espiral, la FIFA castigó a México dos años de todas sus competencias internacionales y no participó en la eliminatoria para Italia 90. Se perdió la oportunidad de que la generación de México 86, más madura, pudiera trascender en un Mundial. Fue el escándalo de los "cachirules".

Trato de imaginarme las cosas que tuvo que hacer Toño para amarrar toda la información y se me ocurren miles de cosas. De algo sí estoy seguro, no lo hizo sentado frente a una computadora leyendo su Twitter.

A él y a José Ramón Fernández los tacharon de vendepatrias, porque efectivamente fue un golpe fuerte para nuestro futbol. El tiempo pone las cosas en su lugar y a la verdad por delante. Esa fue la historia que marcó su carrera.

Ayer terminó la trayectoria de 30 años de Toño en los medios de comunicación, al menos por ahora. Se despidió de TDN con un sentido reconocimiento de su amigo, Francisco Javier González. Uno de esos homenajes que la mayoría de la gente sólo recibe en su funeral. De verdad me gustaría que dentro de 25 años (ya llevo 5 en este negocio) uno de mis contemporáneos me diga cosas así.

Pero como lo mencioné antes, no puedo considerarme amigo de Toño. Coincidimos poco y tengo una concepción primaria de él. Además de sus aptitudes para el periodismo, sé que es un tipo un tanto hermético; que administra sus sonrisas, no las da sin motivo, pero tampoco se las guarda; que es perfeccionista, le molestan los errores, pero también sabe reconocer el trabajo bien hecho.

Eso último lo comprobé el 8 de diciembre pasado. Aquella noche debuté a cuadro, y lo hice a su lado. Tuve que ver el video después para saber qué dije, porque los nervios fueron tantos que todo pasó como si fuera un flashazo. Mis dos fans me expresaron que lo hice muy bien, aunque yo digo que me veía raro. Desde entonces he tenido otras tres apariciones en vivo y creo que le voy perdiendo el medio a la cámara y lo estoy haciendo mejor.



Al salir del aire, me felicitó por el reportaje, sin grandes efusividades, ya que tampoco eran necesarias.

Bien dicen que la primera vez jamás se olvida. Gracias Toño.

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