lunes, enero 03, 2011

La ironía del inicio de año

Está comprobado que diciembre es la época del año en la que hay más suicidios. La razón me parece hasta cierto punto lógica: la gente triste se siente más sola en estas fechas, ya que el resto está demasiado ocupada en sentirse (o aparentar ser) feliz. En estas fechas es socialmente inaceptable estar triste, y el peor antídoto para la depresión es la soledad y la falta de empatía.

Mi fin de año no fue muy aciago que digamos. Austeridad absoluta, vacaciones enfermo (después de 8 meses en total sanidad y lucidez laboral) y mi familia víctima de la delincuencia dos veces en 15 días. No soy un tipo que crea en los deseos, sino en las acciones, y justo cuando mi petición de año nuevo era que todos trabajaramos para mejorar este país, un pobre imbécil sin oficio ni beneficio, que ve la solución en las salidas fáciles, decidió darle un cristalazo al coche de mi hermana y robar su equipo de montañismo, que a él no le va a servir de nada, pero que costó muchas horas de trabajo. Justicia poética. Del coraje hasta me dolió el estómago, y sigo deseándole todos los males del mundo al individuo -más pobre de espíritu que de lo material- que cometió semejante acto.

Los mexicanos somos fantásticos al momento de encontrar justificaciones. Hemos pasado del complejo de Robin Hood a la recriminación interna: "es que no debemos dejar cosas a la vista". Qué demonios, yo debería poder poner en pleno Insurgentes un anillo de oro y una playera de Brasil del 70 firmada por Pelé todo un día y nadie tendría por qué tocarlos.

En México también nos gusta la simulación: mientras el gobierno "presume" una tasa de desempleo del 5.28 por ciento y una generación de 962 mil empleos en 2010, lo cierto es que apenas unas 15 de millones de personas, que representan aproximadamente el 30 por ciento de la Población Económicamente Activa, tiene un empleo registrado ante el IMSS. 13 millones más trabajan en la informalidad y no tienen acceso a Seguridad Social ni prestaciones. 5 millones tienen que recurrir a un segundo trabajo. Y mejor ya ni me meto con los salarios o con el PIB per capita, porque el panorama es más deprimente.

Y la salida más fácil que encontramos es echarle la culpa a Felipe Calderón. Estamos fritos.

Pues sí, el panorama de México es deprimente. Y eso es lo que me hace sentir no tan mal: me siento un poco más cerca de la realidad que antes.

¿Captaron la ironía?

(¡Vivan las justificaciones absurdas! ¡VIVAN!)

1 comentario:

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Exijo que te vengas a vivir aqui...puedes dejar tu bolsa en la mesa, ir al baño, y todo sigue ahí.