sábado, febrero 27, 2010

Receso temporal


Creo que nunca había hecho esto, al menos no de manera oficial, aunque en la práctica sí ocurrió una vez.

De manera temporal (lo temporal no admite plazos precisos) he decidido dejar de bloggear. Podrían ser tres días, una semana, un mes, no lo sé.

Lo cierto es que he pretendido de un tiempo para acá mantener este blog dentro del rango de lo personal, pero sin convertirlo en un diario. Eso lo mantengo. Pero algunas situaciones me han absorbido en todos los sentidos, incluída mi inspiración.

Quizás ustedes no lo compartan -o quizás sí-, pero siento que en el último mes algunos posts -no todos- no estuvieron acorde a la calidad a la que me (los) acostumbré. Por momentos, sentía que bloggeaba forzado, por decirlo de alguna manera. Eso me hace sentir incómodo, por lo que prefiero darme un pequeño break.

¿Regresaré? Sí, sin duda. ¿Cómo lo haré? No esperen un gran "despliegue publicitario", simplemente un día de estos aparecerá un nuevo post. De lo que sea y sin dar mayores explicaciones.

Cambio y fuera. Por ahora.

viernes, febrero 26, 2010

Por esto amo los deportes de invierno

La coreana Kim Yuna, medallista de oro en el patinaje artístico femenil. Esta es su actuación de los Campeonatos Mundiales del año pasado, ya que todos los videos de ayer de Vancouver 2010 están bloqueados por derechos.

Sólo disfrútenla y enamórense, especialmente los ateos del deporte.

miércoles, febrero 24, 2010

Los martes por la tarde en Coyoacán

Me pasan las cosas más extrañas. Me hacen las llamadas más importantes de la semana o me encuentro (me encuentran, mejor dicho) personas que pensé nunca volvería a ver.

Me pregunto si la banca donde me siento tiene alguna especie de campo magnético que altera la realidad.

La semana pasada, en sólo 10 minutos se definió un proyecto a largo plazo, se cayó uno a corto y se concretó otro inmediato mientras estaba sentado. Así.

Ayer mi pasado y mi presente redujeron su diferencia cronológica de 3 años a sólo una hora. Pero el pasado se quedó ahí, en el pasado, y el presente también ahí, en el presente.

Y eso que yo sólo quiero ir a leer, escuchar música y mandar al mundo a la chingada por un rato... Pero por algo será que regreso.

domingo, febrero 21, 2010

Pequeñas victorias, grandes Revoluciones

Hace 165 días respondí -hasta la frustración máxima- no menos de 10 veces "no sé cuándo lo vaya a comprar". Fue el 9 de septiembre de 2009 (aquel famoso 09/09/09), la fecha del lanzamiento del Rock Band de los Beatles.

Treinta y ocho días después, lo jugué. Y lejos de experimentar un vacío existencial por tocarlo y no tenerlo, me quedó claro aquella noche de viernes que sólo debía esperar. La fecha -de acuerdo a mis estimaciones financieras- estaba planteada alrededor del 20 de febrero. Y así fue.

No lo he estrenado aún. Confieso que sólo lo saqué de la caja, le tomé la foto que ustedes ven y lo volví a guardar. Pero mi Rock Band ya está en casa.

Sé que no va a solucionar los graves problemas en los que me metieron hace unos días, ni mágicamente hará que se me aparezca el espíritu de John Lennon -más de lo que ya lo hace, ja-. Pero como alguien me dijo muy sabiamente, con esta pequeña victoria ya puedo empezar mi Revolución.

martes, febrero 16, 2010

Nueva York 2.0


Esta vez el contenido no está aquí...

Por invitación de Enrique Figueroa, compartí con los lectores de Asfalto Tecnicolor mi experiencia comunicativa en tiempo real en la Gran Manzana.

domingo, febrero 14, 2010

Fue un martes en Strawberry Fields

Hay una historia que les quiero compartir.

Un día antes de publicar el famoso post friki sobre la numerología de John Lennon, se me ocurrió mandar un correo electrónico. ¿A quién? Al hombre en quien me basé para escribir aquello. Y redacté lo siguiente:

Hi Robert.

I saw Chapter 27, and when I was looking for the reason of the film's title, I found your blog. I'm reading it carefully, I've been researching some things about John the latests months and preparing a post about this 9-18-27 matter for my blog for the aniversary of John's death.

(...)

I'll go to NYC for new year with my family, from Dec. 28th to Jan. 4th. Of course I'm scheduling a visit to the Dakota. I was wondering if I can meet you there for an interview. I'm very fascinated about this numbers thing and the coincidences between John and his closest people.


Esa misma noche hubo respuesta:

Hola Ricardo,

I'd be delighted to meet you for an interview when you're in NY. Please call me when you're in town and we can set something up.


El 30 de diciembre pasado por la tarde, a un lado del Imagine, dentro de Strawberry Fields, enfrente del Dakota, conocí a Robert Rosen y su esposa, Mary Lyn. Él tiene 57 años, y es el autor del libro Nowhere Man, The Final Days of John Lennon. Ah, y puedo decir con orgullo que ya es uno de los lectores VIP de este blog.

Fuimos a un pequeño restaurante a un par de cuadras del Dakota para charlar. Desafortunadamente no pude encontrar su libro en México, por lo que muchas preguntas quedaron pendientes para una nueva entrevista. Esa tarde-noche, además de conocer la cerveza Samuel Adams, que ya es de mis favoritas (hasta tengo unas en casa), platiqué largo y tendido con un hombre cuyo interés por Lennon lo llevó a revelar la historia un tanto oculta de sus últimos 5 años de vida, sin mayores pretensiones económicas ni de fama.

(Además, resulta que Mary Lyn Maiscott es cantante y tiene una voz fenomenal. Me regalaron un disco de ella y pronto les enseñaré un poco de su trabajo.)

A lo largo de aquel viaje mágico y misterioso por Nueva York, Bob y yo seguimos en contacto. Me pasó el dato de dónde encontrar su libro -descubrí las Librerías Barnes & Noble, qué cosa, hagan de cuenta que puse la cara de Kevin de Mi Pobre Angelito II cuando llega al hotel- y esa fue mi primera compra de este año junto con una postal que envié a Vancouver.

Pero como tengo ahora una extraña fascinación por perseguir firmas y dedicatorias de autores de libros (como me pasó con Juan Villoro y Miranda Hooker, entre otros que tengo por ahí), no podía regresar a México sin algo de Bob en su obra.

El último día del viaje, el 3 de enero, la agenda de la familia fue ir a la Estatua de la Libertad, a Yankee Stadium, y por la tarde-noche ir de compras a Soho. Mientras mi papá y mis hermanos inflaron las tarjetas de crédito, quedé de verme con Bob, quien vive por esa zona. Sin haber definido un lugar a dónde ir, al encontrarnos en la esquina de Spring y la 6a Avenida (creo), terminó por invitarme al "Rosen Cafe": su casa, la cual pronto se convertirá en el RMMoMA (Rosen & Maiscott Museum of Modern Art).

Pasé unos 45 minutos fabulosos ahí. Habría deseado que fuera más tiempo, pero como el propio Bob lo definió, mi viaje fue como una "space-shuttle mission", todo perfectamente programado. Ellos me contaron sobre su experiencia en México hace 6 años, cuando fueron a promocionar el libro y su fascinación -compartida por un servidor- por Coyoacán, hablamos también del dilema entre el periodismo impreso y digital y yo les derrumbaba el mito que tenían de que los mexicanos somos ávidos lectores.

Y por supuesto, me firmó su obra.

¿Qué dice su libro? ¿Qué me ha dicho él sobre Lennon y su mundo? Lo sabrán, no sé si en este espacio o en algún otro, pero se los daré a conocer.

viernes, febrero 12, 2010

De Holden Caulfield a John Lennon II

Esta es probablemente la última foto que se le tomó a John Lennon con vida. Atrás aparece Mark David Chapman, su asesino.

Paul Goresch, un paparazzi que vivía de las imágenes que tomaba de las celebridades que salían del Dakota, tomó esta foto cuando Chapman le pidió a Lennon un autógrafo en la portada del LP Double Fantasy. Horas más tarde, cuando el ex beatle regresaba a casa, recibió 4 balazos del mismo individuo.

"Sigo preguntándome si realmente creo que soy el guardian entre el centeno. Es una pregunta tan estúpida. Es tonta. Por Dios que lo es. No importa lo que digan los demás, tengo la fortaleza de saber que los párrafos y las oraciones de ese libro fluían por mi cerebro y por mi sangre, influían en mis pensamientos, en mis acciones. Mi alma respiraba entre las páginas de El Guardian entre el Centeno."

Como mencioné en la primera parte de este post, Holden Caulfield, el protagonista de El Guardian entre el Centeno, era un chico furioso con el mundo que lo rodeaba. La mayoría de la gente para él eran unos hipócritas. Sin embargo, Caulfield nunca fue capaz de hacerle daño a nadie, al menos no de manera física.

Chapman se arropó en la imagen de Caulfield. Contradictoriamente, desde pequeño era fanático de los Beatles, y conforme su vida fue pasando, esa admiración que sintió por Lennon se fue volviendo una especie de rabia por considerarlo un tipo falso.

Antes de cometer el crimen, como lo muestra Chapter 27, Chapman recrea algunos pasajes de la historia de Caulfield en Nueva York, como el viaje en taxi preguntándole al chofer qué le pasa a los patos del lago de Central Park durante el invierno, el inmundo hotel donde se alojó de inicio (aunque no se trataba del mismo, Caulfield estuvo en el Edmonton y Chapman en la YMCA de West Central Park), y la prostituta del vestido verde. Incluso, la participación de Jude, el personaje interpretado por Lindsay Lohan, viene a colación como muestra del paralelismo de la manera en que Caulfield y Chapman se relacionaban con las mujeres. Ficción o no, al final, tanto Sally como Jude terminan alejándose, temerosas.

"Estuve ahí tres días y fue un lunes muy cerca de Navidad en la ciudad de Nueva York." La historia de El Guardian entre el Centeno se desarrolla durante tres días en Nueva York, en el mes de diciembre.

Para él todo cuadró: dejó de ser Mark David Chapman y se convirtió en Holden Caulfield. Y su misión como guardian entre el centeno era proteger a los niños y eliminar a los hipócritas.

Sólo que Chapman sí jaló el gatillo. Caulfield no lo habría hecho.

Desde 2001 Chapman es elegible para recibir la libertad condicional. Se le ha negado en 5 ocasiones. Estoy seguro que es lo mejor para él.

lunes, febrero 08, 2010

De Holden Caulfield a John Lennon I

En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo.- J.D. Salinger

Para los fanáticos de hueso colorado de los Beatles, The Catcher in the Rye representa una lectura obligada: en él se inspiró Mark David Chapman para cometer el homicidio de John Lennon aquel 8 de diciembre de 1980.

Esto quedó retratado en la película Chapter 27, de la cual hablé de manera un tanto superficial justamente en el último aniversario de la muerte de Lennon (sí, aquel post friki sobre la numerología de John). De hecho, Chapman recrea algunos eventos del libro antes del crimen, y como lo expliqué aquella vez, declaró que quería escribir el capítulo 27 sobre la sangre de Lennon, según Robert Rosen en Nowhere Man: The Last Days of John Lennon. Desde que supe eso, sentí la necesidad de leer los primeros 26.

Su autor, J.D. Salinger, falleció el pasado 27 de enero a los 91 años de edad. Esto me motivó a apresurar su lectura para entender al lunático de Chapman.

La historia de Holden Caulfield, un adolescente solitario, furioso con el mundo que lo rodeaba y un tanto perdido en su propio ser, se convirtió en un clásico desde mediados del siglo pasado. Holden deambula por Nueva York sin un rumbo fijo, tal como ocurre en su mente, tras ser echado de la escuela. ¿Quién no se llegó a sentir incomprendido a los 17 años? Pero lo tétrico del asunto es cuando me pongo a reflexionar por qué terminaba por alejar a la gente que estaba a su alrededor...

A la mitad del libro me quedaron claras dos cosas: la primera, que conocer la geografía de Manhattan ayuda para entender la historia, de hecho, el New York Times trazó un mapa de los lugares por los cuales pasó Holden y un fragmento del texto que hace referencia a ese momento; la segunda, que hay que volver a ver Chapter 27, y ahí vendrá la segunda parte de este post.

No obstante, desde que empecé a leer la obra de Salinger y a tratar de entender al personaje, me pregunté cuánta gente como el protagonista hay en este mundo.

He llegado a pensar que hay un Holden Caulfield, pequeño o grande, en cada uno de nosotros.

sábado, febrero 06, 2010

Cine de arte en el norte


Nada como explorar lugares nuevos.

Y no exagero al usar el verbo "explorar", pues tras la recomendación que hizo vía Twitter mi amigo Gerardo (alias el McFly), me lancé a conocer el Film Club Café.

Su primer (y creo que único) contra, es que se encuentra al lado de las Torres de Satélite, lo cual para un parroquiano de las afueras de Xochimilco es muy muy muy lejos. Claro que para quienes viven en el norte de la ciudad, éste es un punto a favor.

Así que convencí -sin tanto esfuerzo- a Mayra, quien vive por esa zona, para que me guiara por esos inhóspitos rumbos para pasar una tarde-noche de café y cine.

El Film Club Café está un poquito escondidón, ya que está bajo el nivel de la calle. Y pues Mac ya se hizo fan de esos lugares subterráneos tras las visitas al Zinco, en el centro, y al 55 Bar en Nueva York. Es un lugar pequeño, con no más de 5 mesas y algunos sillones para pasar el rato,

Se trata en realidad de un videoclub donde puedes rentar películas, pero si bien hay algunas opciones de cine comercial, hay más de cine de arte. El catálogo que ofrecen Claudia y Raúl, los dueños del lugar, convence sin mucho trabajo a cualquier cinéfilo.

Para las rentas, se compra una membresía de 269 pesos mensuales, o bien mil 500 anuales, que incluyen todas las películas que quieran, y que se puede compartir hasta con 3 personas más, con lo cual ya sale muy accesible (claro, si viven por allá...)

Pero el atractivo de este lugar es pasar un rato en la cafetería, pedir un café o una cerveza y algo de comer, para después disfrutar de las películas que se proyectan a las 8 de la noche en su pequeña sala para 30 personas. La comida no es barata, pero tampoco llega a los niveles de atraco de un antro, por dos cafés americanos (Mac, ¡no tomes café antes de entrar a una sala de cine!) y una rebanada de pizza pagué 71 pesos.

Y lo maravilloso es que con el consumo en la cafetería puedes ver las películas sin pagar extra.

Los fines de semana de febrero están pasando un ciclo de las mejores películas de la década, de acuerdo con las revisiones de publicaciones especializadas en cine. Mayra, su amiga Karla y yo vimos "Yi-Yi" (Edward Yang, 2000), una cinta de Taiwán (me cae que con Mayra sólo veo películas de países bien lejanos, la última vez vimos una turca en la Cineteca) que ganó el Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes. Ahí no' más.



Y para marzo, Claudia y Raúl nos adelantaron que viene un ciclo con una proyección diaria de Akira Kurosawa. Muy tentador. Habrá otra excursión.

jueves, febrero 04, 2010

Un mes sin Elvis


Hace exactamente un mes regresé de Nueva York. La vuelta a la realidad no fue precisamente halagadora, mi hermana regresó con fiebre y una horrorosa infección en la garganta que me contagió (afortunadamente reaccioné a tiempo, no llegué a la fiebre), por no mencionar las bondades de vivir en la Ciudad de México, la hora pico permanente y la creciente inseguridad de la cual fuimos víctimas en los días anteriores y posteriores al viaje.

Pero lo que me hizo pedazos el corazón fue la llamada de mi madre a casa de mi papá, mi primera escala en el regreso, para informarme que Elvis, mi gata, no aparecía desde el 29 de diciembre, un día después de mi partida.

A Elvis la adopté en febrero gracias al blog de la amiga de una amiga (sí, así, es verdad, no como el comercial de las hemorroides), donde me conmovió la historia de Frida, una gata callejera preñada que impunemente se metió a una casa, se adueñó de ella y del cariño de sus habitantes. El día 6 nacieron sus tres gatitos, y pedí uno.

Esperé a que me dijeran que se destetó hasta la noche del 30 de marzo para ir por mi nueva mascota, quedaban dos para elegir y me conquistó el que tenía la nariz bicolor. Hicimos clic de inmediato. Sonia y Rodolfo, quienes adoptaron a Frida y a uno de los cachorros, me preguntaron si ya había pensado en un nombre.


Elvis.

Verán, desde hace unos años, mi hermano y yo tenemos la manía de ponerle a nuestros gatos nombres de rockeros famosos. Así ya pasó el malogrado Vedder, tristemente arrollado por un automovilista en Calzada de Las Águilas, y Janis, una siamesa que vive pacíficamente en casa de mi papá y mis hermanos.

Pero Elvis es nombre de niño... Sí, quienes han tenido gatos pequeños podrán corroborar que no siempre es tan fácil comprobar su sexo en los primeros meses. Al cabo de un tiempo, se nos cayó el mito de que Elvis era macho. Pese a la resistencia de mi madre, que quería ponerle Lisa Marie, su nombre permaneció bajo el argumento de que a algunas Elviras les llaman Elvis. Punto.

Elvis era muy traviesa, pero también muy limpia, aprendió muy rápido a usar la arena. Como todo gato, dejaba pelos por todos lados. Mordía a quien se dejara, y también a quien no, siempre de juego, jamás por lastimar.



Incluso tenía su cuenta de Twitter, jaja... OK OK, claro que la manejaba yo, pero trataba de mostrar fielmente su conducta territorial, de sentimiento de grandeza y lo adorable que era.


Pero un día, Elvis descubrió que también era muy divertido salirse de la casa. Verán, donde yo vivo no hay mucho, sólo nuestra pequeña privada, una asquerosa bodega que hecho a perder mi vista, una gasolinera y más adelante un edificio de departamentos. Ah, y un distribuidor vial. El resto es terreno baldío. Todo eso en 3 kilómetros. La variedad de ambientes ofrecía gran entretenimiento para un felino que ya estaba en la infancia.

Pero según el testimonio de mi madre, como dije, la última vez que Elvis apareció en casa fue el 29 de diciembre pasado... A mi regreso de la Gran Manzana llevaba 7 días desaparecida. Honestamente, desde que lo supe, ya no tenía esperanzas de volverla a ver.

¿Qué le pasó? No lo sé a ciencia cierta. Elvis era una gata feliz, por lo que descarto por completo que se haya escapado de manera voluntaria. Trato de no pensar mucho en el resto de las opciones.

Hace 3 días mi vecina Socorro tocó a mi puerta con un pequeño gato. Me lo ofreció. Volver a cargar un cachorro y sentir sus pequeñas garritas aferradas ante lo desconocido me partió el alma.

Pero no pude aceptarlo, no estoy listo, aún siento como si me hubiera cortado la novia.