lunes, noviembre 15, 2010

El Estadio Azteca

Cuando lo conocí, de niño, me pareció enorme, un monstruo de concreto alzándose contra el mismísimo cielo; y ahora de adulto, mientras los salones, jardines, pasillos y hasta mi propia casa parecían encogerse, el "Coloso de Santa Úrsula" seguía siendo eso, un coloso, como si hubiera crecido conmigo.

Al respecto, Andrés Calamaro le dedicó una canción fabulosa: "cuando era niño y conocí el Estadio Azteca, me quedé duro, me aplastó ver al gigante, de grande me volvió a pasar lo mismo. Pero ya estaba duro mucho antes..."

En esa cancha se consagraron los dos más grandes futbolistas de la historia: Pelé y Diego Armando Maradona. Grandes partidos de futbol, el primer partido oficial de la NFL fuera de Estados Unidos, conciertos, visitas papales, hasta encuentros religiosos juveniles. Es la casa de la Selección Mexicana y, por más que me duela reconocerlo, de uno de los dos equipos más populares de mi país, el América.

A las Águilas o las amas o las odias, no hay medias tintas. Esa bipolaridad es un ingrediente infaltable en el futbol mexicano, ya que alimenta muchas de las grandes rivalidades. Una de ellas la protagonizamos los aficionados de los Pumas, que recibió su bautizo en aquel atraco de la Final de la temporada 84-85, su primera comunión en la del 87-88 y se confirmó con el "Tucazo" del 22 de junio de 1991. Es verdad: lo primero que buscamos cuando se publica el calendario de un nuevo torneo es la fecha del partido contra América para marcarla en la agenda.

Por eso, salir con la victoria de ahí para un aficionado puma, y más en un partido de vencer o morir, como el de ayer, es uno de esos momentos donde se explica el tamaño de la pasión por este deporte.


Imagínense cuando se trata de un campeonato.

(Y ya lo ven, ¡fuimos locales otra vez!)

No hay comentarios.: