martes, octubre 26, 2010

La leyenda de Sudáfrica 2010

La historia en el futbol se reescribe cada 4 años, y justo en ese corte de caja aparecen los personajes que le dan vida a esas páginas.

Así se tatuaron en el recuerdo nombres como Pelé, Cruyff, Beckenbauer, Maradona, Zidane o Ronaldo, por mencionar sólo a algunos. Bien me lo dijo Ubaldo Fillol, portero de Argentina en el 78: uno demuestra que es el mejor del mundo hasta que lo hace en un Mundial.

Precisamente la Copa del Mundo ha visto en sus canchas construirse la grandeza de sus futbolistas. Ha sido el escenario de grandes gestas deportivas, de la ilusión de millones de hinchas y hasta el medio de propaganda de dictaduras militares, como la de Mussolini en Italia y la de Videla en Argentina.

Basta jugar un mes en estado de semigracia divina para ser un inmortal. Siete episodios separan a los hombres de las leyendas: se requiere jugar siete partidos para ganar un Mundial, sobrevivir a ellos (no necesariamente ganarlos): vale más tener una sola llegada al arco contrario y meterla que un bombardeo constante que no atine en el blanco, vale más ese rebote con buena dirección que un balón que deje temblando un poste por años... A veces, vale más la suerte que el futbol.

El "pulpo" es un apodo ideal para un guardameta impasable, aunque también aplica para mediocampistas que igual quiten balones, los repartan y metan goles: para esos jugadores polivalentes que tanto admiran los entrenadores. Los ocho tentáculos son la herramienta perfecta para una metáfora de alcance, posesión y destrucción.

Nadie habría podido imaginar el 11 de junio, el día que arrancó el Mundial de Sudáfrica 2010, que un pulpo sería su estrella. No, no un jugador llamado "el pulpo" como Mascherano, sino un verdadero cefalópodo habitante de un acuario que, seguramente, nunca fue consciente de su fama.

Paul no se conformó con jugar siete partidos: tuvo 8 y todos los ganó. No por su técnica con el balón ni por sus gambetas, pero sí por el hambre y por la diosa fortuna. Tuvo la clarividencia de ver antes que nadie el gol de Lampard que no se marcó, los 4 pepinos a Argentina y los tantos de Puyol e Iniesta. Nunca falló. Se le asignó una tarea y la cumplió cabalmente, como quisiera cualquier entrenador. Fue el centro de atención de la gente y ocupó portadas de diarios y espacios privilegiados en los noticiarios. Sustituyó a Messi y Cristiano en el gusto de la gente. Tuvo amenazas de muerte. Las chicas lo aclamaban y los gobernantes de ciudades enteras querían nombrarlo ciudadano distinguido.

Y hoy el mundo despide a la estrella de Sudáfrica 2010, para convertirse en leyenda.


Gracias Paul, por recordarnos que ya no existen héroes en el futbol.

(Ah, aquel gol de Puyol...)

5 comentarios:

Jésica Zermeño dijo...

Mac, ahora sí te sentí muy tele. De veras ya no hay héroes del fut? De verdad un fenómeno totalmente mediático puede sustituir la magia de los jugadores y del fut? No, no estoy de acuerdo...

Mac dijo...

Jex, tuviste la suerte de estar en el país que se coronó durante el Mundial. Aquí así estuvo la cosa. El punto podrá ser debatible, pero ningún futbolista causó la fascinación que tuvo nuestro amigo cefalópodo. La verdad, me entristece un poco su muerte.

Por cierto, me debes unos periódicos ;)

ANDREA dijo...

Marca perfecta. adoraba al bichito!

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Paul merecía una entrada en tu blog, gracias a ti supe de su existencia mucho antes de que se hiciera popular!

Ernesto Ramos Urias dijo...

Numero uno no le atinó en la eurocopa y numero dos no es un bicho