miércoles, septiembre 01, 2010

Mi librería favorita

Cuando iba en la prepa, los viernes salía a las 12:00, pero debía quedarme un par de horas a esperar que terminara mi hermano. En el inter, en algunas ocasiones me daba una vuelta por la Librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, que me quedaba a 5 minutos caminando. Y cuando tenía suerte (léase, algo de dinero en la cartera), compraba un libro.

Esos fueron mis primeros años como lector. La primera vez que leí un libro por gusto propio habrá sido hasta los 15 o 16 años. Desde entonces, mientras algunas damas pueden pasar horas entre anaqueles de tiendas de ropa, yo lo hago en librerías.

Mi poco, poquísimo mundo recorrido, me da poca autoridad para hablar de lugares de fuera de este país. Tal vez eso explique un poco de la fascinación que experimenté por Nueva York en mi visita en el último año nuevo. Y allá en la Gran Manzana fue que me enamoré perdidamente de una librería.

El 1 de enero de este año fui a parar a Barnes & Noble, en la esquina de la calle 66 y Broadway, muy cerca de Lincoln Center. Me separé de la comitiva familiar que se dirigía al Museo de Historia Natural para comprar el libro que escribió mi amigo Robert Rosen, ya que él mismo me dijo que ahí seguía en existencia.

Es difícil describir la fascinación que sentí al entrar. Un local inmenso de 4 pisos con miles de libros, revistas, calendarios, postales, un Starbucks y artículos de todo tipo. Subí al último piso a la sección de música para buscar la obra de Bob (que para los que no lo recuerden, es sobre John Lennon) y además me quedé babeando otra media hora entre más libros de los Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan, The Doors... Y opté por comprar otro de portadas de discos de la década de los 60...

El presupuesto no me daba para mucho. Dicen que el dinero no compra la felicidad, pero ir a Nueva York sin adquirir nada es como desperdiciar la mitad del viaje. Al regresar a la planta baja recordé que seguía buscando postales decentes para mi gente, y habré comprado unas 7 u 8, entre ellas una del edificio Dakota en 1890, apenas unos años después de su inauguración, con gente patinando en un lago congelado en Central Park. Quería llorar de la pura emoción de ver algo así.


Dos días después, Bob me firmó su libro bajo el cobijo de una deliciosa taza de café (con Bailey's, si no mal recuerdo) en su departamento; un mes después, el libro de las portadas de los discos llegó a manos de mi mejor amiga, Sagra, quien sabía que lo valoraría tanto como yo; y pocos días después, tras un par de peleas con la gente de correos, la postal llegó a su destino en Vancouver, con Silvia.

Tres de las mejores inversiones que he hecho en los últimos meses.

Pues bien, ayer en la noche el New York Times informó que la sucursal de Barnes & Noble en Lincoln Center cerrará en enero, aún cuando es considerado por los vecinos como un ícono de la zona.

De acuerdo con el NYT, la proliferación del mercado de los libros electrónicos en Estados Unidos ha minado las ventas de las librerías, por lo que toda la compañía Barnes & Noble ya se puso en venta. Una pena.

Es un hecho que cuando regrese a Nueva York (que por más que quería que fuera este año, lo veo imposible) ya no estará mi librería favorita. Si van para allá antes de que acabe enero, no sean gachos y tráiganme algo.

(Claramente en México, donde nadie lee, nunca tendremos un lugar así... Moraleja: tengo que viajar más.)

4 comentarios:

In phidelio dijo...

Buen post, mi hermano, buen post.

Robert Rosen dijo...

Kahlua, mi amigo, no Baileys. La próxima vez que podemos beber Baileys. Es bueno tambien.

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Amo mi postal y la tengo en mi refri con un imancito!!

(A mucha gente le ha gustado!)

Mac dijo...

Inphi: se te extraña

Bob: true, Kahlua... (Dónde lo probé con Bailey's?)

Silvia: vale más de lo que me costó, sin lugar a dudas :)