viernes, julio 02, 2010

Las Malvinas en el Azteca


La ronda de Cuartos de Final en los Mundiales nos ha entregado partidos épicos, ahí es donde empieza la verdadera memoria del aficionado. ¿Cómo olvidar el Argentina-Holanda de Francia 98, el Francia-Brasil de México 86, el Brasil-Holanda de Estados Unidos 94, el Brasil-Inglaterra de México 70 y el Corea-España de Corea-Japón 2002?

Pero ninguno como el Argentina-Inglaterra de México 86.

En 1982, Argentina falló en su intento de recuperar la soberanía de las Islas Malvinas luego de un conflicto armado de dos meses. Inglaterra, que ocupó el territorio desde 1833, se llevó la guerra, provocó la caída del régimen militar de su rival y le dio un golpe brutal al orgullo argentino.

La venganza sudamericana se fraguó 4 años después, el 22 de junio de 1986, en un territorio plano y neutral de 100 por 70 metros. El arma era la misma para los dos bandos: un balón de futbol.

Mientras los ingleses cantaban God Save the Queen, once argentinos representaron a una nación al mirarlos por encima del hombro con una clara mueca de desprecio. Si las miradas mataran, no habrían quedado rastros ni memoria de aquellos jugadores que vestían de blanco y le cantaban a su reina a un continente de distancia.

Y como dicen que en la guerra todo se vale, Argentina tomó la palabra. Al minuto 51, Diego Armando Maradona y su 1.68 de estatura pelearon un balón por alto con el portero inglés Peter Shilton. Diego ganó la pelota y ésta entró lentamente a la portería. Las protestas iniciaron de inmediato, más de 100 mil personas en el Azteca lo dudaron: ¿cómo pudo ese chaparrito con el número 10 ganarle un balón de cabeza a un portero, que puede usar las manos? Ese momento marcó un antes y después en el futbol, Maradona cometió la marrullería más famosa de la historia del deporte bajo la anuencia de un árbitro tunecino: le pegó al balón con la mano izquierda, con "la mano de Dios".


Y apenas tres minutos después, Diego recibió un pase de Héctor Enrique en el centro del campo, lo pisó, con un giro se quitó a dos ingleses y comenzó a conducirlo por la banda derecha, su tremenda velocidad minimizó las zancadas de sus rivales, se llevó a un tercer rival mientras empezó a cortar al centro, brincó la línea del área ante el paso de otro zaguero, genio, genio, ta ta ta ta ta ta ta ta, ¡goooooooooooooooooool! ¡goooooooooooooool! Quiero llorar, Dios Santo, viva el fútbol. Golaaaaaaaaaaazo, Diegooooooooooool. Maradona, es para llorar, perdónenme. Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos, barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2, Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona... Gracias Dios por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2, Inglaterra 0.



Y si Maradona hizo el gol del siglo, Víctor Hugo Morales lo honró con la mejor narración de un gol que he escuchado en toda mi vida.

En tres minutos Diego Armando pasó de lo ilegal a lo sublime. Para ganar la última batalla de las Malvinas, podía valerse de la trampa y de la genialidad, redefinió el engaño en el futbol y lo posicionó como una herramienta necesaria, y no me refiero al engaño al árbitro, sino también al rival, desde un drible hasta un gol con la mano.

Inglaterra reaccionó al minuto 81 con un gol de Gary Lineker que sólo sirvió para seguir haciendo crónica la epidemia de campeones de goleo de los Mundiales con 6 tantos. Con el silbatazo final, la armada inglesa zarpó de regreso a casa.

La venganza de las Malvinas quedó consumada.

1 comentario:

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Me encanto!! Ya me volví adicta a los post mundialistas así como lo hice semanas pasadas a los de The Beatles!