domingo, marzo 28, 2010

El Juego Perfecto


MONTERREY.- Verán, en el norte el beisbol se vive de otra manera respecto al resto del país. Para dar un dato frío, mientras los Diablos Rojos del México meten en promedio unas 4 mil personas por partido al Foro Sol, 17 mil ven a los Sultanes en el Estadio Monterrey. Quizás por la cercanía con los Estados Unidos, pero el "rey de los deportes" aquí sí es pasión.

Un juego perfecto en el beisbol implica no recibir hits, ni carreras, ni dejar que un sólo bateador rival llegue a primera base por error, base por bolas, por lo que sea.

En una temporada de las Grandes Ligas, sin contar Playoffs, hay 2 mil 349 partidos. Un juego perfecto ocurre ahí en promedio cada 4 ó 5 años, es decir, tienen que pasar unos 10 mil duelos. No conozco otro deporte donde exista un logro similar.

Precisamente el viernes se estrenó en cines aquí en Monterrey la película El Juego Perfecto, que narra la historia de los pequeños de la Liga Industrial de esta ciudad que ganaron en 1957 la Serie Mundial de Ligas Pequeñas en Williamsport, donde el niño Ángel Macías retiró a sus 18 rivales en fila (se juega a 6 entradas en el beisbol infantil) en la Final. Fue el primer equipo no estadounidense en ganar el torneo, y lo volvieron a lograr al año siguiente.

Cuarenta años después los Vaqueros de Guadalupe Lindavista, también de Nuevo León, repitieron la hazaña, escena en la que el grito de "sí se puede" (el cual he de confesar que vomito) se hizo popular.

La cinta no es de producción mexicana, sino estadounidense, la premier se hizo el domingo pasado aquí en el Parque Fundidora (Sagra y yo coincidentemente pasamos por ahí antes y ya estaban armando todo) y hoy salió al público. El próximo jueves llega al resto del país y hasta el 16 de abril entra a las salas de Estados Unidos.

La ví en español y resulta un tanto extraño ver una película doblada de personajes mexicanos. No conozco mucho de la historia de esta ciudad, pero no me gustó la manera en la que hacen ver al Monterrey de los años 50, como un pueblo donde sólo existe la Fundidora y obreros explotados. La manera en la que se toca el tema de la discriminación no ofrece nada nuevo, pero sirve para entender un poco del marco de la historia. Y Patty Manterola tiene un papel súper secundario, por lo que no necesita hacer un gran alarde de actuación (gracias a Dios).

Pero la historia por sí sola es fabulosa, es imposible no sentirse abordado por la emoción de los niños y su "invasión" al deporte nacional del país vecino del norte. Como me pasó con Invictus, me tuvo al borde de la lágrima.

Sólo en mis sueños podría entender la emoción de lanzar un juego perfecto.