miércoles, enero 20, 2010

Libre como un pájaro

Hace algunos meses empecé a buscar un oasis urbano. Ya lo encontré.

Llegué ayer por la tarde, después de la jornada laboral, a seguir leyendo mi cuarto libro de Haruki Murakami (creo que sólo he leído semejante cantidad de libros de Gabo y Fuentes) y terminé escribiendo estas líneas.

Durante 2009 me quedó claro que Coyoacán es mi lugar favorito de la ciudad. En Nueva York, cuando Bob me preguntó en qué parte de la ciudad vivo, me pidió que pusiera de referencia a Coyoacán. Por algo será.

Puedo empezar con las historias de las que fui protagonista: fue aquí donde conocí a Juan Villoro; donde un payaso me pidió darle un deseo de año nuevo a un desconocido, para que minutos después un cronista se nos acercara a Uty y a mi -seguro pensó que éramos novios- a contarnos esas mágicas e idílicas historias de este lugar; donde vine a tomar fotos en el Día de Muertos; donde tomé, hace tres años y medio, mi mejor foto...


Donde Sagra (sí, la de la foto) y yo hicimos brincar de felicidad a un niño desconocido.


Donde dos años después, hicimos volar una parvada de palomas a nuestra merced.

Donde hace unos momentos, Gala buscaba subirse a una patineta y sólo atinó a morderla, junto al kiosko. Luego, el chico dueño de la patineta sacó la guitarra y mientras la afinaba, pasó una chica de suéter azul que me desvió la mirada por 10 segundos. Vamos, esas historias bobas que pronto saldrían de mi memoria si no las documento, pero que siempre me hacen regresar.

Donde Busi y yo pasamos los martes por las tardes discutiendo cómo vamos a arreglar al mundo -o al menos nuestras vidas- tomando café.

Donde confirmé que estaba enamorado de mi ex un ya lejano 9 de octubre (saben que esa fecha era ya de por sí significativa para mi), aunque claro, ningún lugar por mágico que sea es garantía de finales felices.

Donde en una tarde de mayo nos azotó una tromba al salir de un restaurante y con un pequeño paraguas cubrí lo más que pude a Nallely para que no se mojara mucho. Funcionó a medias de inicio, aunque semanas después leí que ese gesto es una prueba irrefutable de que quieres a alguien.

Donde un vaso de Starbucks estaría "out"; lo "in" es El Jarocho.

Donde el claroscuro del atardecer y la Luna en creciente te recuerdan que estás vivo.

Y podría seguirme explayando con estas historias mágicas, pero la garantía de "Coyo" está en la cotidianeidad y el paisaje con una fusión pueblo-ciudad tan exótica: aquí se puede llegar solo, en pareja o en grupo. Puedes ser niño, adulto o anciano y la sonrisa es de la misma dimensión. Puedes andar a pie, en bicicleta o en patineta. Puedes escuchar cualquier idioma entre la gente. Puedes ser buga o gay y a nadie le importa. Coyoacán es sinónimo de diversidad.

(¿Alguien quiere un folleto sobre la crisis de la Iglesia Católica? Me acaban de dar uno...)

En Coyoacán cada quién va a lo suyo y, paradójicamente, cada quien es parte esencial para armar el paisaje.

Aquí es donde quiero vivir algún día, en una casa como la Azul de Diego y Frida, para oír el canto de las campanas de San Juan Bautista, para dar unos pasos y sentarme en una banca a leer un libro, para estar a unos minutos de distancia de mi oasis urbano.

Porque aquí me siento, como dice la canción que escucho al momento de escribir esto, libre como un pájaro.

6 comentarios:

Cri dijo...

Tuve que contener unas lágrimas porque te leo en mi oficina... ¡Felicidades hermano! Felicidades por la descripción que haces y que me encanta, pero sobre todo te felicito por tener en esta ciudad tan caótica, peligrosa y a veces desmoralizadora, un oasis urbano.

X!0M@ dijo...

Wow no conozco Coyoacan pero se me antojó como no tienes idea
Me trasportaste a una plaza a la que iba en mi pueblo, cuando tenia 6 años :)
Muy bonita descripción
Saludos!!

Mac dijo...

Hermanita querida: a poco no es mágico ese lugar? La verdad pocos lugares en NY me gustaron más que Coyo (y muchos lugares me gustaron más que el resto, jaja).

Xioma: de dónde eres?

Migraña Chilanga dijo...

Esposo! Me encanta! Q grandes momentos en Coyoacan!
El lugar donde hemos hecho reír a niños desconocidos y hemos reído como niños!
Y amo la foto, mi favortia por siempre!
Vayamos otra vez cuando vaya de visita!

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Yo aún no encuentro nada parecido aquí, he tenido algunos candidatos, pero siempre cierran temprano y no me convencen al 100%.

Ahhhh vvir en una casa como la Azul de Diego y Frida; siempre uno de mis sueños ha sido tener una casa con un patio central.

In phidelio dijo...

Me marcas a mi cel?