lunes, septiembre 28, 2009

Do you need anybody

A petición de Silvia, viene otra recomendación de Claudia.

Esta joyita es quizás la primera grabación de Sean Lennon, el hijo de John y Yoko, cantando With a little help from my friends. No tengo la fecha exacta, pero habrá sido por ahí de 1979 o 1980.



Me hizo sonreír.

domingo, septiembre 27, 2009

La vida a los 28.5

Seis meses después, la sensación sigue siendo igual que en aquel momento.

Quizás ya sea tiempo de dejar de sembrar y empezar a cosechar... Y de tirar lo que se haya echado a perder.

sábado, septiembre 26, 2009

Abbey Road: El Final


De dos años para acá, los beatlemanos estamos sumidos en una vorágine de "los 40 años de...", que particulamente empezó con la celebración del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967). Las "4 décadas" del cuarteto de Liverpool ven llegar a su final.

Abbey Road fue el último album que grabaron, y salió a la venta justamente el 26 de septiembre de 1969: hace 40 años. La portada, como lo dije, es una de las más icónicas en la historia de la música, y personalmente es el disco que más me gusta de los Beatles, una elección bastante complicada.

De cierta manera, Abbey Road representa una revancha para el grupo y la certeza intrínseca del adiós. Paul, George y Ringo coincidieron en ello en la Antología (1995): el último ápice de la armonía de los integrantes se rompió con la grabación de Let it be, que se terminó pese a pleitos y desacuerdos, especialmente por la manera en que el grupo debía ser manejado, con todo y que les valió un Óscar a la mejor banda sonora adaptada por la película que salió en 1970.

Para iniciar los trabajos de Abbey Road, Paul llamó al productor George Martin, el genio detrás del grupo, y le pidió grabar este disco "como en los viejos tiempos". Martin se limitó a preguntar si John estaba de acuerdo, y aceptó.

El resultado fue el mejor album de la historia.

Ringo señaló en la Antología que Abbey Road fue un álbum en cuya producción se respiró amor entre los cuatro. Incluso el video de Something, la opera prima de George en su etapa con el grupo, reunió a las parejas de los cuatro (John y Paul casados ese mismo año con Yoko y Linda). John alguna vez dijo que esta era su canción favorita de los Beatles.

Pongan atención a la letra.



Pero George no se quedó sólo con Something, su otra aportación, Here comes the sun, es otra melodía que traspasó las barreras del tiempo, y ha sido covereada por grupos como Bon Jovi, Travis y la cantante Sheryl Crow. Ringo se lució también con su mejor trabajo beatle, Octopus's Garden.

Pero bien dicen que hay quienes dejan lo mejor para el final. The End nos entrega un magnífico solo de batería de Ringo, y como última línea, una frase que es una máxima de vida para millones de personas desde hace 40 años.

And in the end, the love you take is equal to the love you make.

La revancha estaba consumada. El mal sabor de boca que les dejó Let it be quedó para la historia, pero la inercia que les provocaba trabajar por separado fue algo imposible de detener.

Seis días antes de la salida de Abbey Road, John le dijo a Paul, George, Ringo, y el manager Allen Klein, que dejaba el grupo. El anuncio no se hizo público.

jueves, septiembre 24, 2009

Para aislarse del mundo

Una vez escuché que Paul McCartney dijo que no estaba de acuerdo con los iPods y dispositivos similares, porque la gente se aisla de todo y se pierde las maravillas del mundo, "hasta del canto de los pájaros".

Y con todo el respeto, admiración e idolatría que siento por Sir Paul, pensé, "seguro este compadre nunca se ha subido al metro o se ha dado un rol por las calles del DF".

Como alguna vez ya expliqué en este espacio, hace tiempo redescubrí el placer de usar el transporte público en esta ciudad. Trato de irme en camión cuando entro por las tardes a trabajar (por ejemplo, hoy será así), ya que van casi vacíos, me puedo dar el lujo de ir sentado, leyendo un libro y escuchando música.

Pero justamente la parte de la música se ve en peligro cuando me toca uno de esos inconscientes choferes que ponen cumbias o reggaeton a volumen suficiente para hacer temblar los vidrios de la "unidad" (amo ese término, ja). Así que de repente, escucho a George Harrison mezclado con Daddy Yankee, o a Carlos Gardel con Maelo Ruiz.

Claudia, quien se ha convertido en los últimos meses en mi gurú musical, y además es otra experta en los vericuetos del transporte público, se compró unos audífonos mágicos que la aislan del mundo, con "noise canceling", que le permite escuchar a placer sus melodías sin sufrir de La Zeta, las conversaciones ajenas o incluso de los vendedores.

Ayer, que tuve que ir a Galerías Coapa (donde la mujer es guapa), pasé por la tienda de Sony y recordé la insistencia que Clau tuvo para que me comprara los susodichos audífonos, que estaban en oferta y que, pese a cualquier precaria situación económica, la inversión valía la pena.

Así que entré, le pregunté al vendedor, y me los mostró: unos audífonos Sony MDR-NC22, que prometen reducirte hasta el 75 por ciento del ruido exterior. Estaban en 500 pesos, de mil 300 que cuestan originalmente. Y pues Mac compró.

Al llegar a casa, luego de una rápida lectura al instructivo, le puse una batería AAA (sí, ¡usan una batería!) que venía incluída, le puse las gomas que mejor ajustaron a mis oídos (vienen en tres tamaños), activé el "noise canceling" e hice mi primera prueba:

"Ma', dime algo". Y mientras veía que mi madre movía los labios, recordé que aún no tengo la habilidad para leerlos. Porque efectivamente no podía escucharla.

La segunda prueba de fuego fue en el metro. Salvo por una vendedora con una voz chillantísima, que se coló como un hilillo a mis oídos, pude disfrutar a gusto de lo mejor de mi selección musical.

Luego descubrí que tiene un botón -tal como Claudia ya me lo había adelantado- para dejar entrar algo de sonido del exterior y puedas seguir enterado de qué pasa en el mundo.

(Ademas, son negros, y combinan con mi iPod.)

Y luego de la algarabía, ya en la tarde reflexioné: ¿tan mal está el mundo, que buscamos cosas para aislarnos de él?

Quizas el reclamo de Sir Paul, después de todo, no es tan superficial.

viernes, septiembre 18, 2009

Il y a longtemps que je t'aime

Qui est Juliette? La mystérieuse Juliette...



(Me permití poner el trailer en inglés, porque sé que pocos de ustedes hablan francés.)

Como parte del Tour de cine francés, se presenta esta cinta (en español, "Hace mucho que te quiero") del director Philippe Claudel, que narra la historia de una mujer que sale de prisión después de 15 años, y sus problemas para reintegrarse a la sociedad.

La actuación de Kristin Scott Thomas, como la protagonista, es bastante plausible. La ambientación no desentona y la historia deja mucho para la reflexión.

Altamente recomendable.

miércoles, septiembre 16, 2009

Beatles Rock Band

La verdad es que estoy frustrado.

Mi golpeada situación económica no me permitirá comprar el Beatles Rock Band en al menos un año. No menos de 10 personas me preguntaron -asumiendo que lo haría- que cuándo estrenaría el mío...

Y aunque no voy a rechazar si alguien me invita a jugarlo, tampoco ando buscando quién me haga el favor. Tengo la sospecha de que después de hacerlo sentiré un vacío existencial por no tenerlo en casa.

Desconozco si este spot ya salió en México, pero ayer lo vi en NFL Network -un canal gringo, para los neófitos del deporte-, y casi lloro de la emoción.



Ya me vi cruzando Abbey Road.

martes, septiembre 15, 2009

¡Qué bonito..!


... debe ser tener una hija y celebrar tu título del US Open con ella.

A la derecha, Kim Clijsters. A la izquierda, su hija, Jada.

miércoles, septiembre 09, 2009

9 de los Beatles en el 9/9/09


Hoy, nueve de septiembre de dos mil nueve (09/09/09) es el día Beatle.

Y a propósito de ello, les paso 9 momentos relacionados con los Fab-Four que marcaron mi vida:

- El 2 de noviembre de 2002, el primer concierto de la segunda gira de Paul McCartney en México. Sobran las explicaciones.

- El 29 de noviembre de 2001 por primera vez me tocó vivir la pérdida de un beatle. George Harrison falleció por cáncer de pulmón. Recuerdo que ese día tuve que ir hasta Tecamachalco por órdenes de mi madre, y en el radio, canciones de George a toda hora. Fue tristísimo.

- A
alguien, con quien tuve una relación verdaderamente tormentosa, se le ocurrió que nuestra canción debía ser Hey Jude, mi favorita de mi grupo favorito. Cuando todo terminó con ella (mal, por supuesto), pasó un año hasta que se me dejaron de revolver las tripas al escuchar esa canción. Hoy valoro más la rolita y ya me río de ello.

- Un día hace no taaanto tiempo me volaron del parque (if you know what I mean...), y justo cuando ella empezó su speech, de fondo en el restaurante se escuchaba All you need is love. No sé si fue así, pero yo sentí que en ese momento palidecí cual cadáver. Temía que pasara lo mismo que con Hey Jude, y la verdad no estaba como para echarme a perder otra de mis canciones favoritas por un año. Cuatro días más tarde, prendo el coche para ir a trabajar y en el radio empieza a escucharse la misma canción, primero hice una mueca de espanto, pero a los 30 segundos ya la estaba cantando a todo pulmón. Adiós trauma, sólo me duró cuatro días.

- El 27 de marzo de 1981 salió a la venta el sencillo “Watching the Wheels”, de John Lennon, en el Reino Unido. Ese fue el día que nací.

- El día que descubrí que la canción de la serie Los años maravillosos es
With a little help from my friends, un cover (mi favorito) de los Beatles, interpretado por Joe Cocker. (En el video, su actuación en Woodstock, 1969).



- En diciembre de 2005 publiqué un artículo a propósito de los 25 años de la muerte de John Lennon. No fue nada profundo, pero debido a la investigación, comprendí que Yoko Ono fue quien inspiró las canciones de amor que más me gustan. Empecé a respetarla.

- El día que aprendí a tocar Yesterday en piano. Quienes me conocen, saben que usar ese instrumento me resulta a mi particularmente difícil (y no por falta de talento). Fue hace mucho, honestamente hoy ya no puedo hacerlo, tendría que volver a aprenderla.

- Y el que se viene: en diciembre voy a Nueva York. Visitaré el Edificio Dakota, donde vivió y murió John Lennon. Ahí haré la woijtylinha y dedicaré una lágrima a la memoria del hombre que me ha hecho creer que todo lo que se necesita es amor.

martes, septiembre 08, 2009

Dios existe (y es Redondo)

Hoy, como cada martes (que podemos), Busi y yo nos fuimos a tomar un café a una de las múltiples sucursales de El Jarocho en Coyoacán.

Luego de que ella pidió su té y yo mi capuchimoka, nos sentamos en una banca, volteé 20 grados a mi izquierda, y en el establecimiento de al lado, un lugar que parece más lonchería que restaurant, de esos que le dan su verdadera vida a esta zona, vi al hombre que me ha hecho comprender la irracionalidad del futbol de la manera más racional.


"¡¡¡Es Juan Villoro!!!", le dije a Busi con un grito ahogado para no caer en el ridículo público. Para aquellos neófitos literarios, Villoro escribió dos de los libros que más marcaron mi pasión por los deportes: Los Once de la Tribu y Dios es Redondo. Particularmente el segundo, publicado en 2006, lo tengo considerado como uno de mis libros de cabecera.

Así que hagan de cuenta que me encontré con mi Hugo Sánchez literario.

Busi primero me recomendó pedirle un autógrafo "aunque sea en una servilleta". "No, eso lo haré con un futbolista cualquiera", respondí. Naturalmente no cargo con toda mi biblioteca a todos lados, por lo que sólo tenía una opción posible: comprar por segunda vez el libro y llevarlo a que me lo firmara.

Así que presurosos caminamos hacia el centro de Coyoacán, unas tres cuadras, a buscar el ejemplar. Primero en el Sanborn's (no porque sea la mejor opción, sino porque fue la primera), y nada. Luego en el Parnaso. Y en Gandhi. ¡NADA! Mi última oportunidad fue un lugar pequeño, en la esquina de Carrillo Puerto y Ortega, con más pinta de librería infantil. Y bendita mi sorpresa cuando la chica que atendía me dijo que le quedaban dos ejemplares. ¡Eureka! Fueron los 99 pesos mejor invertidos en meses.

De regreso, Busi y yo volvimos a discernir, como minutos antes, sobre la Ley de Murphy: "qué tal que llegamos y ya se fue". Desde dos cuadras antes, empecé a pensar en mi "frase de ligue", no iba a llegar con uno de mis héroes literarios a poner cara de colegiala frente a un rockstar.

"No le voy al Barcelona ni al Necaxa, pero vengo a que me firme mi libro", le dije resuelto a Villoro, luego de interrumpir abruptamente (lo confieso) su plática con aquellos 4 jóvenes. El escritor, se puso de pie y dejo ver su (aprox.) 1.90 metros de estatura frente a mi 1.70 que apenas raya en el promedio nacional.

- No me digas que le vas al América -contestó.
- ¡Por supuesto que no!, le voy a los Pumas -respondí, y le oculté que también al Real Madrid, pues eso tal vez sí podía dolerle.
- Aaaah, entonces no hay problema. Fijate que he notado que ahora (que el Necaxa descendió) yo creo que un 70 u 80 por ciento de los necaxistas le estamos yendo a los Pumas.

¿Será? Uno de los reporteros de mi sección, seguidor rayo, ya confesó que mientras su equipo esté en Primera A, perdón, Liga de Ascenso, le va a los Pumas. Me gustaría saber qué piensan la Montalvo y Juan al respecto.

- ¿Y a poco lo traías? -me preguntó.
- Erm, no, lo pasé a comprar, ya veré qué hago con el otro.

(¡Vendo ejemplar de Dios es Redondo seminuevo bara bara!)

Acto seguido, el escritor hizo bailar la pluma sobre el papel, y mientras preparaba una larga dedicatoria, me preguntó en qué trabajo.

- Soy periodista deportivo -dije.
- ¿En serio, en dónde escribes?
- En [aquívaelnombredeldiariodondetrabajo].

Villoro, por cierto, es columnista de mi periódico.

Uso hasta el último centímetro de papel que tuvo disponible, incluso hacia el final tuvo que hacer un poco más estrechas las líneas.

- Listo, y use toda la cancha -me dijo al terminar.
- Perfecto, esos son los partidos que le gustan a la gente, abiertos -contesté.

Luego de cumplir mi travesura, cual niño pequeño fui a presumirselo a Busi en la banca del Jarocho. Pero después se me ocurrió otra idea.

Hoy me dieron mis primeras tarjetas de presentación de la empresa. Y no es que me haya sentido particularmente importante por ello, pero al darme la cajita, mi jefe me dijo "son para el trabajo eh, no para tus amigos".

Y Mac se dijo a mi mismo: "mi mismo, dale tu primera tarjeta de presentación a Villoro, empezarías a lo grande". Fuimos al carro de Busi (ella puso la transportación esta vez), saqué las tarjetas y regresé al restaurantito donde estaban Villoro y su séquito. Y se la dí.

¡Gol!

El grupo me hizo plática, me preguntaron si un diario en línea aún podía ser cerrado, si sabía de cambios importantes en un periódico competidor y el partido entre México y Honduras. "Me imagino que mañana terminarán un poco tarde, ¿no?". Incluso me ofrecieron sentarme, pero dado que mi acompañante optó por esperar afuera, después de 10 minutos salí, con una sonrisa de oreja a oreja.

Desde hacía tiempo supe que una de las cosas que debía tener en mis manos antes de morir era mi ejemplar de Dios es Redondo firmado por su autor. Y cuando las cosas se dan así, un ápice de planeación, cuando simplemente estás en el lugar y momento correcto, son los momentos que sólo se pueden comparar con ver a tu equipo campeón.

Y es que, como dije hace apenas unos días, Coyoacán no deja de sorprenderme.

lunes, septiembre 07, 2009

Ángel

En algún momento, la vida deja de medirse en años. De repente los parámetros se convierten en cuatrienios (en el mundo deportivo), lustros, sexenios (en el mundo de la política), décadas, y un impreciso término llamado "generaciones".

Mi abuelo Ángel falleció exactamente hace un lustro.

El festejo de los 40 años del matrimonio de mis abuelos. Desde entonces no me gustaba usar traje.

Él quedó huérfano de padre y madre a los 7 años, en un lapso de apenas seis meses entre ella y él. Desde entonces fue criado por sus tías, pasó por el Ejército, estudió Leyes y a los 30 años se casó -una edad ya medio avanzada para aquellas épocas- con Altagracia, mi abuela.

Dedicó su vida a la política y al derecho. Fue presidente municipal de Ecatepec entre 1960 y 1963 y posteriormente notario público. Padre de seis hijos (mi papá fue el cuarto).

Hace algunos años desempolvamos las películas Súper 8 (uuuuuuuuuh) de la familia y el veredicto fue unánime: de los 16 nietos que tuvo Ángel, el que más se parece a él soy yo. La frente amplia me delata.

Ángel vivió los últimos cinco o seis años con vida prestada, debido a un Alzheimer que cada vez hizo más mella de él. Alcanzó en ese tiempo a conocer a Fernando, el primero de sus bisnietos.

También en ese lapso, en el verano de 2001, celebró sus Bodas de Oro, y por primera vez desde que contrajo la enfermedad, lo vi lúcido, entero. Cada año nuevo era obligatorio su discurso (como buen político) y he de confesar que en los últimos años ya no me causaba mayor interés, ¿qué tanto podías escuchar nuevo después de más de 20 años?

Pero aquel día de junio Ángel nos regaló, para siempre, sus mejores palabras.

Por primera vez lo vi doblarse y ceder ante las lágrimas. "Primero mi mamá, luego mis tías, y por último mi esposa: pero siempre, en todo momento de mi vida tuve al lado a una mujer que me dio fuerza." Comprendí que eso, además el profundo amor que sentía por su país, fue el legado que me dejó Ángel, y que llevo en mi apellido.

En el verano de 2004 huí a Guadalajara. Y uno de los motivos de mi vuelta fue precisamente mi abuelo. Entendí que ya eran sus últimos días, y aunque no me era posible convivir con él muy seguido, no quería estar lejos en ese momento.

Quienes me conocen, saben que no soy de la gente que llora. Soltarme una lágrima es tan difícil como si recorriera completo el Tour de Francia. Cuando murió Enrique, mi otro abuelo, en 1997, me quedé en shock y ahogué todo dolor. Tiempo después entendí que tenía una deuda con él y conmigo. La saldé aquel 7 de septiembre de 2004, sin necesidad de sufrir doble, sino de comprender la trascendencia de un ser humano.

A unos metros de la cripta de los Otero está la tumba de Enrique y mi hermano José Pablo. Pasé a visitarlos también.

Acaso, porque los muertos en realidad nunca se van.

miércoles, septiembre 02, 2009

Mafalda


Mafalda es mi tercera heroína favorita, después de mi mamá y mi hermana.

Nació en los años 60, la época en la cual me hubiera gustado vivir. Es fan de los Beatles. Tiene un hermano menor que es medio irresponsable. Clasemediera. Y más importante aún, es una inconforme, (por tanto) idealista, crítica y muy inteligente. Su círculo de amigos es tan diverso que se parece mucho al mío. Casi diría que es mi contraparte femenina, porque a mi sí me gusta la sopa.

El domingo develaron este monumento, justo enfrente de la casa donde Quino creó al personaje, en Buenos Aires, que a partir de hoy es el primer lugar que quiero visitar en la capital de Argentina.

Y ayer, después de varias semanas de preparación, finalmente terminé mi obra.


La pinté en mi cuarto.