martes, junio 30, 2009

Experimento electoral: Introducción


A unos días de las elecciones, EL RINCÓN se puso a trabajar.

En las últimas semanas, nos hemos visto abrumados por la inmensa propaganda electoral en calles, medios de comunicación y lugares públicos. Vaya, ni siquiera el cine se salvó.

El creciente impacto de la campaña por anular el voto muestra que la ciudadanía está cansada de sus gobernantes y, por ende, del proceso electoral para designarlo. Y es que al ciudadano no le interesan las propuestas ambiguas.

Así que la tía Alma y Mac hicimos un experimento para conocer las propuestas a problemas puntuales de candidatos a Jefe Delegacional de cuatro demarcaciones del DF.

La primera idea es conocer qué tan cercanos son los candidatos a los ciudadanos que piensan gobernar, a saber si han promocionado maneras de contacto con ellos.

Lo segundo, una vez que se tenga el dato de contacto, mandar la pregunta y ver quién contesta y quién no.

Lo tercero, ver qué contestan, qué propuesta dan para solucionar el problema planteado.

Lo cuarto, posterior a la eleción, ver quién la ganó.

Este NO es un ejercicio partidista. La misma pregunta se le hizo a cada candidato. La idea de este experimento es puramente ilustrativa.

Mañana miércoles comenzamos, hasta el sábado, un día antes de la elección.

viernes, junio 26, 2009

Michael Jackson y el nuevo tiempo real


Sagra me marcó minutos antes de las 6 de la tarde.

Sagra: Mac, ¿que se murió Michael Jackson?
Mac: Psss sí...
S: ¿Cómo que "psss sí"?, no jodas, ¡SE MURIÓ MICHAEL JACKSON!
M: Pues sí, ya lo sé...
S: ¡MAC! ¡Ya te quiero ver si se tratara de Paul McCartney!
M: (Chale, ¿por qué tanta violencia?) No bueno, ahí sí me estaría azotando con un látigo.

Sagra tiene un punto: la muerte de Michael Jackson efectivamente no me conmueve tanto como si se muriera otro ex Beatle, porque ni les cuento cómo sentí cuando murió George. Pero yo tengo otro: a hora y media de enterarme del suceso, ya había superado el shock.

La diferencia: Sagra se enteró hasta que prendió el radio al salir de su oficina, Mac lo supo inmediatamente cuando llegó a trabajar (los jueves entro a las 4 de la tarde), prendió su computadora y abrió su Twitter, justo cuando se desató el huracán Michael.

Una nota que recogió El Economista hace una cronología de cómo las redes sociales golearon a los medios en el caso de Michael Jackson.

A las 4:30 de la tarde, tiempo de México, TMZ.com ya lo daba por un hecho, mientras las agencias informativas y diarios de Estados Unidos tardaron una hora más en confirmarla. En ese lapso, la noticia se esparció por Twitter y Facebook de manera escandalosa, incluso el primero de ellos reportó que el 30 por ciento de sus mensajes (tweets) del día fueron relacionados al occiso Rey del Pop.

El nuevo tiempo real mide 140 caracteres.

Y es que mientras unos cuantos changos alimentan los sitios de Internet, Twitter es alimentado por millones de usuarios.

Vamos a imaginar un poco.

Mac camina por la calle y se encuentra al Niño Verde besándose con otro hombre (insisto, es imaginación). A Mac se le hace chistoso, y le toma una foto con su iPhone (sí, imaginación, no tengo iPhone). Con el mismo artilugio, sube la foto a su cuenta de Twitter para que sus 60 followers la vean. Vamos a suponer que dos de ellos la ven y le dan "retweet" a sus cuantos seguidores. Les aseguro que en una hora ya aparece la foto en los medios.

Ahora, este fue un ejemplo pequeño, de un villano local contra un ídolo mundial, como lo era Michael Jackson.

Incluso, ¿qué tal si MJ se enterara de su muerte antes de que ocurriera? OK OK, exagero, pero el miércoles, Shaquille O'Neal se enteró que fue traspasado a los Cavaliers de Cleveland ¡por Twitter! Y es que el monstruo de 2.13 metros recibía preguntas de sus seguidores sobre el cambio cuando él no estaba enterado aún.

En los casos que he ilustrado, se trató de noticias que aún estaban por confirmarse. Qué tal si Jackson no se muere y O'Neal se queda en Phoenix. O qué tal si no era el Niño Verde.

Lo cierto es que la manera de dar breaking news ha cambiado. Los periodistas fuimos rebasados esta vez. ¿Hacia dónde tendremos que ir?

martes, junio 23, 2009

Decálogo del pancracio


1. Si no le mentaste la madre a mínimo tres luchadores, no fuiste a las luchas.

2. Se disfruta mejor con -al menos- dos chelas.

3. No hay mejores poetas populares que los aficionados al pancracio.

4. Lo que se dice en las luchas, se queda en las luchas.

5. ¡Los niños en las luchas son la onda! Se prenden más que cualquiera.

6. Si no quieres tumultos, ve a los martes populares de la Arena México.

7. Si quieres mejores carteles, ve los viernes.

8. Ninguna primera visita a las luchas está completa sin comprar una máscara o una playera.

9. La mayoría de las edecanes parecen teiboleras, pero siempre habrá una por la que valga la pena comprar el boleto.

10. Si vas acompañado por una dama y te sabroseas a las edecanes, ella tiene todo el derecho a hacer lo propio con los luchadores, aunque parezcan homosexuales.

sábado, junio 20, 2009

Tenis para dummies


¡Albricias, se viene Wimbledon!

La Final del año pasado fue el más grande evento deportivo que me ha tocado ver en toda mi vida, pero hablar de ese legendario choque entre Nadal y Federer está de más, ya que Nadal ya declinó participar este año por su lesión en la rodilla.

Así que vamos a cambiar un poco de tono, menos clavadito. Y a petición de Sandra y Nallely, hice una "breve" explicación de cómo se cuentan los puntos en el tenis.

En el tenis, los puntos no se miden en sucesión de 1, 2, 3, etc., sino una escala de 15, 30, 40 y juego. Para ganar un juego (¡no el partido!), se tienen que ganar los cuatro puntos.

Siempre se muestra primero la puntuación del jugador que tiene el saque. Por ejemplo, si van 30-15, el que saca ha logrado dos puntos, y el que recibe uno.

Si los dos jugadores llegan a 40-40 (también llamado Deuce), se hace una muerte súbita donde el que gane dos puntos consecutivos se lleva el juego. El que gana el primer punto se pone en ventaja. En caso de que cada tenista gane un punto de los dos disputados, se regresa al Deuce.

Cuando el juego lo gana el tenista que recibió, se dice que "rompió el saque" del rival.

Un set lo gana el que logre seis juegos, con al menos dos de diferencia sobre el oponente. Si llegan a empatar 5-5, sube a siete. Pero si terminan 6-6, se juega el tie-break, es decir, un desempate.

En este caso, el set se lo lleva el ganador del tie-break, que es el que logre siete puntos, nuevamente con diferencia de dos. (Aquí la escala sí va en sucesión de 1, 2, 3, ...) Si empatan 6-6 sube a 8, con 7-7 a 9, y así sucesivamente. Cuando un tenista gana el set por tie-break, se le otorga un marcador de 7-6 juegos a su favor.

Ahora bien, en algunos torneos, en el último set no hay tie-break, por lo que si empatan el set 6-6, suben hasta que uno gane por dos juegos. Fue lo que paso en la última Final de Wimbledon, donde Nadal le ganó a Federer el quinto set 9-7.

En la rama varonil, en Grand Slams y Copa Davis, el partido lo gana el primer tenista que logre tres sets; en el resto de los torneos, el primero que gane dos. En la rama femenil siempre se juega a dos de tres sets.

Fácil, ¿no? Pero la mejor forma de aprenderlo es viendo un partido. Y aunque este año no haya un Nadal-Federer, bien vale la pena seguir el torneo, podría escribirse la historia el próximo 5 de julio.

lunes, junio 15, 2009

El festejo mudo


Era el ya lejano año 2000, en junio, a unas semanas de las elecciones presidenciales.

En las Finales de la NBA, los Lakers batallaron con unos tozudos Pacers de Indiana. Era el día del Juego 6, un sábado, y Mac, único fan de los Lakers de su casa, veía esperanzado como su equipo remontaba una desventaja de 20 puntos.

Mientras caían las canastas de Kobe, Shaq y compañía, mis gritos aumentaban de volumen.

Mi hermana, entonces de 16 años (nótese que no podía votar) era fan del futuro Presidenchente y quería escuchar un discurso del bigotón que transmitían por radio. Ahí empezó el problema.

La emoción de mi partido no le permitía a mi hermanita, la consentida de la casa, escuchar al candidato del PAN a gusto. Se quejó. Me valió. Se volvió a quejar. Y cuando estábamos a punto de los sombrerazos típicos de un día normal en San Lázaro, mi madre medió.

En realidad, decir que mi madre medió es sarcasmo. Me obligó a quitarle el volumen a la tele para que la reinita (¡¡¡que no podía votar!!!) escuchara al ídolo guanajuatense. Y como yo no necesito narración para entender lo que estaba pasando, igual pegaba gritos desaforados por cada enceste.

Y mi mediadora progenitora, no contenta con bajarle el volumen a la tele, también le puso mute a mis gritos.

Los Lakers ganaron ese partido, ese día se coronaron por primera vez en 12 años (¡¡¡12 AÑOS!!!), y tuve que festejar mudo, so pena de no comer la semana siguiente.

Fox ya fue Presidente y los Lakers han ganado tres títulos más, pero no he podido perdonar por aquella escena a mi hermana, aunque ella ya aceptó su culpa.

sábado, junio 13, 2009

Fue exactamente hace 5 años...

Y aún se me enchina la piel al recordarlo.



"He aquí el final de una semana que de ahora en adelante marcará para siempre el parámetro de la pasión en el futbol mexicano".

viernes, junio 12, 2009

Tres goles memorables


Del primero, incluso escribí una crónica que posteé hace ya varios ayeres. Es el mejor, y dudo que meta otro que lo desplace.

El segundo

Fue en quinto de primaria, en la semana de nuestro campamento anual. A nuestro entrenador se le olvidó pedir que aplazaran el partido del sábado por la mañana, que era el último día de aquel magno evento, al cual nuestros profesores casi nos llevan de las orejas.

La solución la dio un grupo de padres de familia: llegar por sus retoños a las 6 de la mañana a nuestra ubicación en la penumbra del Estado de México y llevarnos a la escuela para jugar a las 8. Ergo, debíamos levantarnos a las 5 de la mañana, después de dos días de actividades interminables.

El jueves, cuando llegamos, no paró de llover. El viernes, una neblina que no te dejaba ver ni las narices. A mi profesor se le ocurrió levantarnos el sábado no a las 5, sino a las 4. Pues ya qué, ni modo que nos durmiéramos. En efecto llegaron por nosotros a las 6, y tratamos de descansar lo más posible en el camino. A las 7:30 que llegamos, nos recibieron con chocolate caliente, que bajo nuestras condiciones supo a gloria y a EPO.

Nos tocaba jugar contra una escuela a la que históricamente siempre goleábamos, pero el trajín de los días anteriores, la desmañanada, el poco sueño y el traslado nos pusieron 3-0 en contra en el primer tiempo.

Empezamos a remontar: 3-1, 3-2... Y nos anotan el cuarto... Y marcamos el tercero... Me di cuenta que su portero no era precisamente muy hábil para rechazar y que en las jugadas a balón parado la defensa salía en lugar de prevenir las escupidas de pelotas del guardameta. Así, en un tiro libre, salí desde atrás, aproveché el error y empujé el balón a las redes. 4-4. Minutos más tarde metimos el quinto y ganamos el partido.

Por cierto, ese sábado, en la sede de nuestro campamento, salió el sol y el día fue precioso.

El tercero

De él ya hice una mención en las 27 cosas que (no) querías saber del Mac. Fue el 27 de marzo de 1999, justo el día que cumplí 18 años.

En esas épocas, me invitaron a jugar en un club de la Colonia Florida, los sábados. La verdad, ni siquiera recuerdo el nombre del equipo, pero éramos algunos amigos de la prepa y otros agregados culturales.

Ivar, que era un dotado de técnica, tomó el balón en tres cuartos de cancha desde la banda derecha (la cancha era muy pequeña, como de Fut-7 y de pasto sintético), hizo un recorte al centro, lo paró y mando un pase flotado hacia el área. Me levanté acrobáticamente, cual hipopótamo de Fantasía, peiné el esférico y cuando giré la cabeza, la de gajos estaba besando las redes.

Nunca había metido un gol de cabeza. Nunca lo he vuelto a hacer.

martes, junio 09, 2009

Todos caemos... eventualmente


Nunca digas nunca (abriré un blog).

Les presento un nuevo espacio para los amantes del ocio. Hoy nació, apenas está dando sus primeros pasos, pero pronto los empezará a hacer volar.

Procreado por (y con) el ocio, para los ociosos.



Renovarse o... ¿morir?

OK, tampoco seamos tan dramáticos.

EL RINCÓN, creado en noviembre de 2004, fue formado bajo la prehistórica plataforma de Blogger. Conforme pasó el tiempo, me encargué de meterle algunas monadas a este espacio para hacerlo un poco más atractivo y, por lo menos visualmente, diferenciable.

Empezamos con una fea y común plantilla azul. Después, con mis conocimientos geeks le iba cambiando de color, pase por gris, naranja y el blanco de la actualidad. Le puse headers más cucos (bendito Photoshop), lo amplié de formato de 800 pixeles a 1024 con una columna extra y otras cucherías (widgets, en lenguaje geek).

Y de repente Blogger actualizó su plataforma, y con todos los cambios que hice en el código, hacer la mudanza a la nueva versión me costaría quedarme sin muchas de las cosas en las que invertí incalculables horas hombre para volver a una plantilla tradicional. No lo iba a permitir.

Así que después de analizar a mi rival (la "nueva" plataforma pues) y un intento fallido, EL RINCÓN finalmente pudo adaptarse a la modernida', y aunque traté de mantener el diseño (el header es el mismito), hay cambios en la distribución de los widgets, en la fuente de los textos y atendí otras peticiones que me hicieron sobre la marcha (el Twitter mejor colocado, una lista menos extensa de blogs, el archivo desplegable, et al).

Enjoy.

domingo, junio 07, 2009

Penitencias inconclusas

Ya no tengo 18 años.

Toda la semana pagué penitencia por el desenfrenado fin de semana que me llevó a Pachuca a ver al poderoso puma coronarse. No es que me queje, lo volvería a hacer cada que pueda, pero el cuerpo se da su lugar a veces de una manera dolorosa.

Mi cuerpo me pidió tregua este fin de semana. Y no se la di.

El viernes, fui Culhuacán, luego a comer a la Del Valle, después a tomar un café y al cine a Santa Fe, y finalmente de regreso a la Del Valle, a Culhuacán, y finalmente a casa. Nada fuera de lo común, en realidad, pero no es precisamente lo que se puede llamar descanso.

Lo grave fue el sábado. Fui a trabajar para cubrir a un compañero desde las 8 de la mañana, con inicios de gripa. La agenda del día me llevaba después de eso al Foro Sol para el recital de Metallica.

Previas escalas en Barranca del Muerto y la Condesa, cedí el volante a mi hermano, el conductor más atrabancado que conozco. Mi cansancio noqueó en el segundo round a mi estrés y mi cabeza se entregó al respaldo del asiento trasero, pero no pude dormir ante el melodioso estruendo del CD de Metallica que hacía retumbar los vidrios.

Llegamos al Acceso 5 alrededor de las 6 de la tarde. Mi hermano quería ver a Resorte, pero a mi me valía, yo podía perderme con Morfeo hasta los primeros batacazos de Lars Ulrich. ¿A qué mente brillante se le ocurre meter a 50 mil personas por un sólo acceso? ¡A los del Foro Sol! Tan grande que es el Autódromo y todo mundo debe entrar por una puertita.

Al final, nos perdimos a Resorte porque a uno de sus amigos, quien condujo al resto de la comitiva desde División del Norte, se le ocurrió que podían evitar el tránsito de Tlalpan yéndose por Insurgentes... Sí, como lo leyeron, para acercarnos al oriente vayamos hacia el poniente. Muy lógico. Estos tres alegres compadres, como se lo podrán imaginar, venían borrachísimos, y en el inmenso camino a las gradas se quisieron hacer amigos de quien se le pusiera enfrente. El espectáculo, por lo menos para mi, ya había iniciado.

El Foro Sol no es precisamente el lugar más cómodo para sentarse, el espacio de una fila a otro es tan pequeño como el de los asientos de un microbús. Ergo, cuando quedas a la mitad entre dos pasillos, es un rosario querer salir, ya sea al baño, por comida o chelas. Balanceaba mi cabeza a cada paso camino al puesto de hamburguesas, pero cumplí mi misión y por lo menos mi estómago no se estaría quejando el resto de la noche.

Después de la actuación de Avenged Sevenfold, esperamos pacientemente a Metallica. Vía SMS's, me mantenía enterado -y angustiado- del resultado del Tri en El Salvador. Dieron las 8:30, las 9:00, las 9:30... Y más me angustiaba pensando en que tenía partido de futbol a las 8 de la mañana el domingo, y que ya no podía faltar esta vez. Mi falsa ilusión de que no saldría tan tarde del concierto se diluyó mientras un helicóptero rojo volando bajo por encima del Foro hacía gritar al público, Dios sabe porqué.

Cada concierto en el Foro otorga un espectáculo extra: las guerras verbales entre los de tribuna y los de pista. A mi ya me tocó estar de los dos lados y no deja de ser divertido. Me acordé de aquella primera gira de los Rolling Stones en México, cuando estaba abajo y los de arriba nos cerraron la boca con un contundente "nosotros vemos mejor que ustedes".

A las 9:37 llegó el prólogo con The Ecstasy Of Gold, de Morricone, que según mis varias fuentes, es lo que usa siempre el grupo para abrir sus conciertos (sí, no había visto a Metallica en vivo, ¡¿y qué?!).

En algún momento por ahí me llega otro SMS: gol de Cuauhtémoc Blanco. Respiraba más tranquilo. Pero no contaba con que 10 minutos más tarde llegaría uno nuevo con el segundo gol de los salvadoreños, y me preocupé por mi trabajo. ¿Tienen una idea de cuánto van a perder los medios si México no va al Mundial? Tardé como medio concierto en quitarme por completo la angustia y el mal sabor de boca.

James Hetfield ya dejó atrás esa imagen de pelos de punta que por tantos años lo distinguió. Si en lugar de una playera negra le ponemos un traje, camisa y corbata (entiéndase también ocultando sus tatuajes), con su peinado relamido, su eterna piocha albina y sus late-40's, bien podría pasar por un alto ejecutivo de empresa gringa. Pero no por peinarse su energía y su voz de metalero dejan que desear. Rob Trujillo, eso sí, bien puede pasar por microbusero de Iztapalapa, de esos que no sabes si darle sólo lo del pasaje o toda tu cartera. Creo que fue hasta Master of Puppets que mandé al diablo a mi cuerpo y cantaba pese a los mudos reclamos de mi garganta maltrecha.

Regresé a casa a la 1:45 del domingo, con la resignación de tener que levantarme a las 7 para mi partido. Incluso rechacé una oferta para ir a echar tacos. Me levanté como autómata hasta las 7:40 y me apresuré a ponerme el uniforme celeste del Napoli (mi equipo), aunque con la certeza de que llegaría tarde al partido.

En efecto, mi retraso me relegó a la banca, lo cual irónicamente agradecí: no estaba en condiciones de jugar el partido completo. Entré a los 5 minutos del segundo tiempo y marqué el gol del 2-2 definitivo. Albricias, el Napoli lleva tres partidos sin derrota.

Ahora estoy en el trabajo, y tendré otra semana para seguir mi penitencia por adorar a los dioses del metal. Así sea.

lunes, junio 01, 2009

Decretos auriazules


Este no es otro de mis dibujitos del Kinder. Lo hice el jueves durante la comida en Mama's Pizza, horas antes del partido de ida de la Final. Con la sexta estrella. Sólo había que decretarlo.

A diferencia de otras Finales, está vez jamás lo dudé: la Copa era nuestra.

¿Que Pachuca fue superlíder? Sí, lo fue. ¿Que el "Chaco" Giménez está cabrón? Sí, Maradona no se equivocó en convocarlo. ¿Que Calero es un buen portero en relación inversamente proporcional a la estética de sus trajes? Sí, también. ¿Que la directiva de Pachuca es la mejor de México? Sí, lo es, si tuviéramos un Jesús Martínez en cada equipo tendríamos una Liga que no le pediría nada a las europeas.

Pero para ser un equipo grande se necesita algo más que un título.

Porque 3 mil personas se dejaron sentir más que las otras 25 mil, porque no dejaron de cantar ni en los goles en contra, porque en la cancha devolvieron el gol del triunfo como respuesta a ese mediocre grito de guerra que tenemos los mexicanos de "sí se puede" (que me revuelve el estómago). En resumen, porque pusimos la fiesta en casa ajena.



Porque me tomé una foto con el "Pajarito" Andrade, me firmó mi playera y dibujó un puma en mi puño. ¿Quieren saber quién es realmente un un hincha de Pumas? Pregúntenle quién es Manuel "Pajarito" Andrade, y si no contesta que es el creador del logo de los Pumas, no es un verdadero aficionado auriazul.

Porque la vida -no sólo el deporte- da revanchas. Hace unos meses, Pablo Barrera era un jugador con una lesión terrorífica, criticado por su actitud de "estrellita" y por pensar que su talento era suficiente para sobresalir. Ahora, pasará a la historia al lado de nombres como el de Cabinho, Ricardo Ferretti y Francisco Fonseca (sí, díganlo, muertazo, pero nos dio un título), como el héroe de la sexta corona.

Porque 18 años después de verlo reír y llorar como niño ondeando una bandera de los Pumas, en su último partido como profesional, después de marcar el gol más célebre en la historia del equipo, el Tuca volvió a nacer con otro título, ahora como técnico, de su equipo. De SU equipo. Porque hay campeonatos que saben distinto, y dudo que el que logró con Chivas le haya sido tan significativo.

Porque, justamente hace 18 años, el público de CU gritó "de azul, campeón" antes del partido de vuelta contra América, para pedir ese color de uniforme. No se equivocaron. Desde el viernes dije "de azul, campeón", y no me equivoqué.


Porque al medio tiempo dije que en la portería sur caerían dos goles. No esperaba que uno fuera hasta el segundo tiempo extra, pero los dos fueron ahí.

Porque hasta hace tres años nunca se me hubiera ocurrido pensar en Francisco Palencia como un ídolo de los Pumas, y hoy mis ojos lo vieron con la Copa, trepado en el larguero, para tatuarse de por vida los colores azul y oro, en una postal que me llevaré a la tumba.

Porque Sergio Bernal era un portero mediocre, malísimo, a la sombra de un grande como Jorge Campos, y hoy ya logró lo que no pudo hacer ningún jugador en la historia del equipo: estar en cuatro campeonatos, como artífice fundamental en tres de ellos.

Porque en la cabecera sur del Estadio Hidalgo estuvo la verdadera afición de Pumas, aquellos que apoyamos siempre y que entendemos el significado de los colores, y que, de una manera irracional, podemos hasta llorar de felicidad con un gol. No aquellos que sólo se aprovechan del anonimato que les otorga la multitud. No sé si seamos mayoría, pero somos los que estuvimos ahí, los que aguantamos precios altísimos (¿600 pesos por un boleto de general? ¡no jodan!, eso vale un partido de Champions), cateos abominables (por Dios, mínimo inviten un café antes de manosearme así) y sed extrema, ya que se les ocurrió en el Estadio Hidalgo no sólo no vender cervezas, lo cual está bien, pero ni siquiera refrescos o agua.

Porque el 31 de mayo de 1982 dejó este mundo mi hermano José Pablo, y decreté antes del partido que por su memoria saldríamos campeones.

Porque no me pesa usar la primera persona del plural cuando hablo de los Pumas.

Porque somos reteintensos. Puts, sí lo somos, y no vamos a cambiar.

Porque no lo puedo explicar con palabras. Mis ojos húmedos en el silbatazo final hablaron por sí solos.

Por esto, les mentiría si no les dijera que fue uno de los días más felices de mi vida.