
Me empapé como no me había pasado en seis años. Una vez más, terminé afónico (nota al margen: debo comprar muchos graneodines). Por falta de previsión, mi celular se descargó y recibí una decena de mensajes... a la una de la mañana. Ah, y no dormí la noche previa.
Pedí a Dios al iniciar el día un poco de justicia divina. Si el miércoles fue tan jodidamente feo y ganó el Barcelona en la Champions, el jueves debía ser un día bueno y los Pumas ganarían el partido. Así fue. Dios existe y Dante (López, que no Allighieri) fue el autor de esta historia.
Ahora nos toca bajar hasta el séptimo círculo del infierno para buscar a Beatriz. El domingo en Pachuca.



















