sábado, diciembre 26, 2009

Palo

Les presento a Palo.

Mi vecina la rescató de una manada de cinco feroces perros que estaban por cenársela. La curó de un ala que traía lastimada y desde entonces, hace un par de meses, vive y revolotea en nuestra privada.

"Le pusimos Palo, porque no sabemos si es paloma o palomo", dijo Margarita, la madre de la salvadora, una de las mujeres más cultas e izquierdistas que conozco. Esto, un minuto antes de que Palo entrara a brinquitos a su casa para que le dieran de comer.

Palo, pues, está domesticada. Convive a diario con dos mujeres y un perro. De repente revolotea entre las casas y se posa afuera de las ventanas, de hecho ya la vi tres veces en la mía. Cuando un coche arranca, se coloca en el toldo, y al llegar a la salida brinca al poste que divide cada lado del garage. Y cuando tiene hambre, toca a la ventana de Margarita o de su cocina para que la dejen entrar.

Además, Palo no es nada tímida. Le gusta instalarse en los hombros de la gente, como ya le pasó un par de veces a mi madre, y no tiene inconveniente en que se le acerquen, como el resto de su especie.

Otro de los espectáculos de Palo es el que brinda con Elvis a los espectadores. Hagan de cuenta que están viendo a Silvestre tratando de cazar a Piolín, con los mismos resultados, aunque sin la fatalidad de los dibujos animados.

No siempre se necesita una jaula para quedarse con alguien.

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