miércoles, diciembre 09, 2009

No quiero 50 amigos

Uno de ellos vive en la casa del jardín de las memorias. Aquella con esa sala victoriana roja donde llegué a recetarme sueños de media hora entre derivadas e integrales. Donde, tiempo antes, tiraba a gol entre dos árboles que servían como postes. Donde descubrí el poder de seducción que tiene un postre (él hace mousses, yo flanes). Donde escucho canciones que los demás no escuchan y consejos que nadie más que mi padre y él podrían darme.

Otro de ellos -no menos importante que el primero- asegura que le caí en el hígado cuando me conoció, en segundo de primaria, al negarle la ayuda para un libro lúdico de ejercicios de matemáticas. Yo sigo sin creerle esa historia. Se casó hace ya más de 5 años y me enseñó que un buen hombre no es el que estudia más, sino el que enseña más (sin albur). Optó por ser hombre de familia. Por ser padre. Por mostrarnos el camino a quienes queremos ser algún día como él, aunque se le dificulte calcular y dibujar.

De uno último -e insisto, no menos importante que los otros dos-, basta con decir que es el hombre más noble que conozco. ¿Qué más se necesita?

La mesa de un lugar que presume "50 Friends", aún cuando éramos sólo 4.

De verdad, ¿qué más se necesita?

2 comentarios:

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Mis amigos, los verdaderos y ceranos son de lo mejor que me ha pasado en la vida.

Nallely Ortigoza dijo...

Bonito post :)