Fue en una noche de viernes, a finales de octubre, en un club de jazz en el centro de la ciudad.
El cuarteto se alistaba a tocar, cada uno con una personalidad muy bien definida: el trombonista serio y callado; el contrabajista con pinta de genio fachoso; el baterista que a primera vista podría ser confundido con un barrista de equipo de futbol hasta verle los ojos con expresión de inocencia; y el saxofinista, el líder del grupo, destilando la energía que sólo los buenos músicos tienen.
Un cometa se apareció en aquel sótano de Motolinía esquina con 5 de Mayo. Y Manclayi me confió al oído: "así ha sido mi año".
Una composición que bien podría sentirse caótica, pero con una armonía innegable y muy peculiar. Lo mejor llega al final: notas fuertes, bien acompañadas y en crescendo.
También, así fue mi año.
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Hace 14 horas













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