sábado, noviembre 07, 2009

Los días más difíciles del año

Hay un puente en mi calendario personal que me resulta particularmente complicado: el del 6 al 9 de noviembre.

Cada uno de estos días guarda un aniversario de algo. Un 6 de noviembre falleció mi abuelo Enrique. Un 7 de noviembre se casaron mis padres. El asunto del 8 de noviembre es algo que no voy a ventilar por aquí. Y un 9 de noviembre nació mi padre.

Como podrán ver, son fechas muy significativas y muy contrastantes.

El deceso de Enrique me representa la primera pérdida de un ser realmente cercano. Ese día, de 1997, aprendí que los pésames son una fórmula gastada que la gente usa para llenar el vacío que deja en el viento la muerte de alguien. Después de muchas horas en shock, reaccioné sobre la ausencia permanente de mi abuelo hasta que alguien me dijo "mi más sentido pésame". Lloré profusamente, y no de lamento, sino de una especie de rabia que aún no puedo describir por completo.

Jamás desde entonces he dado un pésame.

Al día siguiente, en el entierro, tuve la visión más terrorífica de toda mi existencia. Honestamente no se la deseo a nadie, ni mucho menos ver algo más feo en lo que me resta de vida. Mi abuelo fue enterrado en la misma fosa de su madre (mi bisabuela) y mi hermano. En algún punto, mientras descendía el féretro, se me prendió el foco: por simple lógica de tamaños y pesos, la caja de Enrique debía estar abajo. Así, una vez que mi abuelo fue colocado en su última morada, de atrás del montón de tierra que se movió salió el ataúd de José Pablo, y por primera vez -consciente- vi a mi hermano.

No pude llorar siquiera. La simple imagen de mi madre estallando ante el entierro de su padre y el "segundo funeral" de su hijo fue lo suficientemente desgarradora para ahogar a mi alma por varios años. Ese día, fue el aniversario 17 del matrimonio de mis padres.

Y justamente el 7 de noviembre dejó de ser fiesta a partir de 2006. Simplemente porque hacia finales de noviembre de 2005 se separaron.

Conforme se acercaba este extraño puente en 2008, pensé en tomarlo con mayor filosofía y gracia. El trauma de la muerte de mi abuelo ya desapareció desde hace varios años. El no-aniversario de mis padres ya no me provoca tristeza, sino reflexión. Pero para mi mala fortuna, el 8 y 9 de noviembre del año pasado vi muchas lágrimas rodando en las mejillas de dos de las mujeres más importantes de mi vida. Poco después del segundo episodio, en privado, las acompañé en su dolor y lo uní con el mío. No estuvo chido.

Esos días, aprendí que debería llorar un poco más. No obstante, ayer me desperté pidiendo llegar en paz al 10 de noviembre.

7 comentarios:

Quike dijo...

Mi Mac, al leer tu entrada me quedé pensando en que por éstas fechas me pasa algo similar. Ya escribiré de ésto más adelante en mi blog...
Me gustaría comentar más, pero sólo quería pasar a agradecerte por compartir estas vivencias que más que enseñarnos, nos ponen a reflexionar.
¡Un fuerte abrazo!

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Llegarás en paz, y si vuelves a ver muchas lágrimas a tu alrededor, saldrás adelante como ya lo has hecho en otras ocasiones.

Besos

Manclayi dijo...

mi queridismo Mac, despedirse de alguien nunca es facil mucho menos cuando esa partida lastima tambien a seres queridos... aveces incluso se vuelven temas dificiles de hablar...
yo bailaba flamenco para mi abuelita de la que ya casi no me quedan recuerdos y eso e slo mas triste...pero
que mejor forma de recordarlos que dedicarles algo de tu vida y felicidad

Mac dijo...

A todos: muchas gracias. Sólo me hacía falta descargarlo. En el tercer día de este puente, vamos de lujo. =)

Cynthia dijo...

Entiendo la rabia que sentiste al recibir el pésame. Sentí algo parecido cuando la noche en que velaba ami madre, alguien me dio sus sinceras condolencias.

Ahora, a años de distancia, me imagino que lo que hiere es saberte solo y desamparado con tu dolor, porque en ese momento, solo tú conoces la enormidad de tu pérdida y las palabras trilladas te parecen más triviales que nunca y te resultan insoportables. Hay días así de lóbregos en nuestro calendario personal. Es inevitable Por fortuna también existen los otros, los luminosos.

Un abrazo.

Miranda Hooker dijo...

Te acompaño.

Mac dijo...

Cynthia: pudiste explicar lo que hasta hoy me parecía inexplicable. De verdad, te lo agradezco.