viernes, julio 10, 2009

Mac en la orilla


En abril me fui de viaje a Peña de Bernal, Querétaro. Fue un viaje corto, de fin de semana, solo.

Dicen que los pobladores de ese lugar viven mucho tiempo, más que la gente normal. Hay quienes aseguran que eso se debe a las energías que emanan del monolito que lleva ese nombre (el tercero más grande del mundo), y los que, como yo, piensan que es por la apacible vida de ese pequeño sitio.

(Las fotos del viaje, aquí.)

La idea de ese viaje fue inspirada en el segundo libro de Haruki Murakami que leí: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Ahí, uno de los personajes se metía ocasionalmente a un pozo para "reencontrarse" a sí mismo.

La metáfora del pozo en realidad no es compleja: un lugar donde aislarte del mundo, perderte de él y de todo lo que pasa, que el tiempo se detenga. Esa fue la función que cumplió Bernal durante el primer fin de semana de abril. Dejé en casa todo objeto que me pudiera proveer de comunicación, con excepción de mi teléfono celular, pero sólo para la carretera (que al final sí fue necesario), pues lo guardé en mi coche mientras estuve en el lugar.

Es cierto, ahí el mundo también se movía, había gente, sitios que ver, mucho sol y un clima semidesértico. Pero mi mundo no estaba ahí: no estaba mi trabajo, ni nada que tuviera que ver con él; ni mi gente, ni nadie que tuviera que ver con ella; ni la crisis, ni el futbol. Nada.

(Para que se den una idea, ese sábado por la tarde jugaron Cruz Azul-Pumas. Les aseguro que fui el único idiota que gritó como desaforado en el Periférico el domingo a las 11 de la noche cuando se enteró por el radio del triunfo auriazul por 3-2.)

Regresando un poco más, leí por primera vez a Murakami el año pasado. La recomendación llegó vía M.G., quien me lo mostró por el nombre del libro, Norwegian Wood, una canción de los Beatles, aunque la obra fue titulada en español Tokio Blues.

Me conmovió hasta el tuétano, y eso ya es decir para un pobre amargado como Mac. Trato de hacer una regresión a los días en que lo leí, y fue como anillo al dedo. No dudo en ponerlo en mi top 5 de libros en mi vida.

Ahora estoy leyendo Kafka en la orilla. Ni siquiera he pasado la página 80 y ya me quedaron muchas cosas claras.

No soy un buen crítico literario -para eso está la niña Wendoperla-. Pero dos libros y cacho de Murakami después una cosa me queda clara: explota la soledad como poca gente, y hasta la hace ver con un poco de gracia.

Y otra cosa más aprendí: que cuando lees a un autor por tercera vez, pasan dos cosas.

1. Te gusta el autor.
2. Empiezas a encontrar patrones similares entre los personajes y las situaciones, y te sientes identificado con ellos.

Y es que, mientras los cantantes escriben de amor, los literatos lo hacen de soledad.

1 comentario:

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Conseguiré los libros pronto!
Y consultaré a Wendoperla a ver qué recomienda!