domingo, julio 26, 2009

La huida tapatía


En el verano de 2004, meses antes de abrir este blog, me fui a Guadalajara.
El pretexto: tomar materias de verano en el campus de allá de mi universidad y sondear de manera seria la posibilidad de quedarme ahí. Encontrar un trabajo y vivir a mis expensas.
Tomé el camión, lo recuerdo bien, en los primeros minutos del 7 de junio para llegar por la mañana. Tener dos tíos viviendo allá me facilitó mucho las cosas. El 8 ya estaba tomando clases y el 12 estaba de vuelta en México para la Final entre Pumas y Chivas.
Pasé los siguientes dos meses en la capital de Jalisco. Fui al lago (seco) de Chapala, comí birria, me enfrenté a mi miedo a las alturas, leí dos libros chafísimas para la escuela, conocí poca gente -pero buena- y viví solo por poco más de un mes. Ah, y paseé orgulloso con mi playera del puma campeón en territorio enemigo.
Todos los días pasaba al lado de la Minerva. Vi muchísimas tapatías guapas, hasta en el transporte público, e incluso me ligué a una de ellas (¿o ella me ligó?), pero que cuando vi que su onda era seria y la mía no, opté por huir.
Huir, huir, huir. Esa fue mi experiencia de Guadalajara. Y no, no lo malinterpreten, la ciudad me encantó, pero en lo personal, a eso me fui, a querer "empezar de cero". Hagan de cuenta que me dio la crisis de los 15 cuando sientes que nadie te comprende y te quieres ir de casa, pero a los 23.
Estando allá, recordaba todos los días algo que me ocurrió poco antes de partir. En una ceremonia de entrega de reconocimientos de la estación de radio de la escuela, una amiga me pidió que no me fuera. Primero lo tomé a broma. A la segunda, ya no era tan broma. A la tercera, derramó sus lágrimas en mis hombros hasta la deshidratación. Antes de que lo pregunten, no, no era mi novia. Era una persona a la que conocí poco después de que le pasó algo feo, apenas unos meses antes de todo esto. En realidad, hasta ese punto entendí que más que ser su amigo, era su "red de seguridad", tal como me lo confesó hace apenas unas semanas en un café.
Terminado el verano regresé a México, tentativamente por 15 días, pero ya indeciso si me quedaba en Guadalajara. Lo primero que hice fue visitarla a ella. A la mañana siguiente sabía que la huida tapatía había terminado.
Para Alejandra, gracias.

10 comentarios:

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Que bueno que estes ahí para Alejandra!

Alejandra dijo...

Todos alguna vez quisiéramos huir de algo, de alguien...todos a veces tenemos que ver hacia atrás para recordar quiénes somos y así poder seguir adelante.
Pase lo que pase siempre serás alguien importante para ella, no sabes lo mucho que significó esa decisión en su vida... no solamente fuiste la red de seguridad, fuiste una parte importante para que saliera adelante. No importa qué tan lejos estén, siempre estarán cerca... los unen más cosas de las que te imaginas.

Te quiero, no lo olvides nunca y gracias por ser quien al final me salvara... ¡y me aguantara!

Besos

Nallely Ortigoza dijo...

jaja, y yo pidiéndote consejos turísticos

pakaa dijo...

Lo bueno de ti es que siempre sabes al final lo que pasa, no necesitas de nadie. Otro momento de esos es lo que necesitas :D

amused girl dijo...

Indudablemente eres alguien especial, algun dìa nos conocimos y te sigo recordando de una forma diferente a las personas que han pasado por mi vida. Y seguramente tu ya no te acuerdas de mi..

Mac dijo...

Silvia: Ale ya te contestó, jeje.

Ale: lo hemos hablado ya varias veces, y nunca me cansaré de agradecerte todo.

Nalle: lees mi mente, jajaja

Pakaa: sí, pero sin huidas esta vez!

amused girl: me acordaría de ti si me dices quién eres...

amused girl dijo...

Mmmmmmm........ Seguramente con un poco de memoria si, pero prefiero no. Me gusta tenerte como uno de mis mejores recuerdos...

maligna dijo...

Y yo que me preguntaba el porqué de tu nick del mensajero.

antonio dijo...

siempre hay un sitio al que huir.
Me gusta tu blog.

Nallely Ortigoza dijo...

ohhhh