lunes, junio 01, 2009

Decretos auriazules


Este no es otro de mis dibujitos del Kinder. Lo hice el jueves durante la comida en Mama's Pizza, horas antes del partido de ida de la Final. Con la sexta estrella. Sólo había que decretarlo.

A diferencia de otras Finales, está vez jamás lo dudé: la Copa era nuestra.

¿Que Pachuca fue superlíder? Sí, lo fue. ¿Que el "Chaco" Giménez está cabrón? Sí, Maradona no se equivocó en convocarlo. ¿Que Calero es un buen portero en relación inversamente proporcional a la estética de sus trajes? Sí, también. ¿Que la directiva de Pachuca es la mejor de México? Sí, lo es, si tuviéramos un Jesús Martínez en cada equipo tendríamos una Liga que no le pediría nada a las europeas.

Pero para ser un equipo grande se necesita algo más que un título.

Porque 3 mil personas se dejaron sentir más que las otras 25 mil, porque no dejaron de cantar ni en los goles en contra, porque en la cancha devolvieron el gol del triunfo como respuesta a ese mediocre grito de guerra que tenemos los mexicanos de "sí se puede" (que me revuelve el estómago). En resumen, porque pusimos la fiesta en casa ajena.



Porque me tomé una foto con el "Pajarito" Andrade, me firmó mi playera y dibujó un puma en mi puño. ¿Quieren saber quién es realmente un un hincha de Pumas? Pregúntenle quién es Manuel "Pajarito" Andrade, y si no contesta que es el creador del logo de los Pumas, no es un verdadero aficionado auriazul.

Porque la vida -no sólo el deporte- da revanchas. Hace unos meses, Pablo Barrera era un jugador con una lesión terrorífica, criticado por su actitud de "estrellita" y por pensar que su talento era suficiente para sobresalir. Ahora, pasará a la historia al lado de nombres como el de Cabinho, Ricardo Ferretti y Francisco Fonseca (sí, díganlo, muertazo, pero nos dio un título), como el héroe de la sexta corona.

Porque 18 años después de verlo reír y llorar como niño ondeando una bandera de los Pumas, en su último partido como profesional, después de marcar el gol más célebre en la historia del equipo, el Tuca volvió a nacer con otro título, ahora como técnico, de su equipo. De SU equipo. Porque hay campeonatos que saben distinto, y dudo que el que logró con Chivas le haya sido tan significativo.

Porque, justamente hace 18 años, el público de CU gritó "de azul, campeón" antes del partido de vuelta contra América, para pedir ese color de uniforme. No se equivocaron. Desde el viernes dije "de azul, campeón", y no me equivoqué.


Porque al medio tiempo dije que en la portería sur caerían dos goles. No esperaba que uno fuera hasta el segundo tiempo extra, pero los dos fueron ahí.

Porque hasta hace tres años nunca se me hubiera ocurrido pensar en Francisco Palencia como un ídolo de los Pumas, y hoy mis ojos lo vieron con la Copa, trepado en el larguero, para tatuarse de por vida los colores azul y oro, en una postal que me llevaré a la tumba.

Porque Sergio Bernal era un portero mediocre, malísimo, a la sombra de un grande como Jorge Campos, y hoy ya logró lo que no pudo hacer ningún jugador en la historia del equipo: estar en cuatro campeonatos, como artífice fundamental en tres de ellos.

Porque en la cabecera sur del Estadio Hidalgo estuvo la verdadera afición de Pumas, aquellos que apoyamos siempre y que entendemos el significado de los colores, y que, de una manera irracional, podemos hasta llorar de felicidad con un gol. No aquellos que sólo se aprovechan del anonimato que les otorga la multitud. No sé si seamos mayoría, pero somos los que estuvimos ahí, los que aguantamos precios altísimos (¿600 pesos por un boleto de general? ¡no jodan!, eso vale un partido de Champions), cateos abominables (por Dios, mínimo inviten un café antes de manosearme así) y sed extrema, ya que se les ocurrió en el Estadio Hidalgo no sólo no vender cervezas, lo cual está bien, pero ni siquiera refrescos o agua.

Porque el 31 de mayo de 1982 dejó este mundo mi hermano José Pablo, y decreté antes del partido que por su memoria saldríamos campeones.

Porque no me pesa usar la primera persona del plural cuando hablo de los Pumas.

Porque somos reteintensos. Puts, sí lo somos, y no vamos a cambiar.

Porque no lo puedo explicar con palabras. Mis ojos húmedos en el silbatazo final hablaron por sí solos.

Por esto, les mentiría si no les dijera que fue uno de los días más felices de mi vida.

4 comentarios:

Tania Montalvo dijo...

Wow... no tengo palabras...
Simplemente increíble.

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

¡Qué bueno que pudiste estas ahí!

ajjaja todo el post contagia de alegría!

Besos

Pablete dijo...

Ver una final sin ti es aburrido!!!
Felicidades Mac!!!GOOOOOOOOOOOOOYA!!!

Arturo dijo...

Es la única vez que diré esto: Goya... goya para Pumas, para un aficionado como tú y por el "Tuca" que se merece eso y más como entrenador, y como persona con unos tremendos cojones.

Rompe la Liga que nosotros vamos por el Mundial, jejeje si no lo digo exploto