domingo, mayo 17, 2009

La vida a los 24

La mitad de este post estaba pendiente y, de cierta manera, se fue escribiendo poco a poco desde entonces.

E
l viernes en su tercera hora, camino a casa y después de una gran plática entre un plato de tacos y una Victoria, en pleno Periférico, una canción de Vicentico me atrapó, me sacó de mi letargo e incluso me hizo ignorar el espectacular de Gandhi de Circuito Azteca.

Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta... ser tu amigo

A la jornada siguiente (que es el mismo viernes, pero ya de día), recordé que un viernes de quincena, enmarcado por un diluvio en la Ciudad de México, puede ser un ejercicio dantesco de acopio de paciencia. Me empapé en la tarde en Coyoacán por una muy inoportuna lluvia, me vi obligado a realizar trayectos fuera del plan original, me volví a empapar al buscar un cajero y tuve un viaje frustrado para recuperar mi cámara de las garras de mi hermano (por eso este post no tiene foto).

La ruta del día fue Cuemanco-Culhuacán-Coyoacán-(Diluvio)-Del Valle-Cuemanco-Colinas del Sur-Del Valle-(Periférico cerrado)-Satélite-
Culhuacán-Cuemanco. En total, entre las 12 del día y las 4 de la mañana pasé ocho horas al volante. Tan sólo el tramo Del Valle-Cuemanco me llevó dos horas y media por la eficacia del sistema de drenaje de la ciudad y los problemas que ya he expuesto que hay por donde vivo, mientras el tramo Del Valle-Satélite me abonó otras dos horas por un abrupto cierre del Periférico a la altura del extinto Toreo casi a la media noche, que nos envió a lugares que espero no volver a tener que transitar jamás.

Jamás había estado en un pub de Satélite. La zona del Toreo me representa el lugar donde empieza a caerse el agua y salen los dragones: ahí se acaba el mundo. No sé qué energías extrañas ronden por esas latitudes, pero con una cerveza y un vodka ya me estaba mareando. O quizás eran las más de 7 horas manejando en el día.


Y ustedes con toda justicia se preguntarán, ¿por qué hice todo eso?


Porque un chiste malísimo de un plátano macho, de esos que invariablemente te hacen reír, y las historias de terror de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, tornan la situación mucho más allá de lo llevadero, incluso, de una manera extraña, hasta disfrutable.
No digamos una sesión de buen rock con una pequeña dosis etílica.

Todo fue por estar ese día con dos de las mujeres a las que más quiero.

Y no es que uno quiera repetir todo esto cada semana, pero todo arrepentimiento se terminó de diluir por completo en el camino de regreso a casa.
Y más aún cuando Vicentico siguió rondando por mi cabeza al día siguiente.

(Porque) no quisiera yo morirme sin tener... algo contigo

Lo volvería a hacer.

1 comentario:

IN PHIDELIO dijo...

Escucha "Los caminos de la vida" en voz de Vicentico.