miércoles, marzo 25, 2009

Gabriel y Kande o la Ética en México

Estaba pensando cómo angular un post sobre mi viaje a Monterrey del fin de semana -y probablemente hable más extensamente de eso después-, pero creo que puede salir a colación con el impactante "regreso a la realidad" que tuve.

Hoy fue asesinado en un asalto a un microbús un profesor del Tec de Monterrey, Kande Mutsaku Kamilamba, originario del Congo y residente en México desde 1992.

Kande no fue mi profesor. Lo traté solamente un par de veces. De él, sabía que era el director de un doctorado en humanidades y que estudiaba asuntos relacionados con la Ética.

Hace 12 años, cuando estaba en la prepa, un profesor de mi escuela, Gabriel Arrieta, fue asesinado cuando se le quiso robar su Volkswagen (sí, un vochito). Recuerdo particularmente el momento en que nos dieron la noticia: estábamos en Berenda, nuestra "sede alterna" de la UP donde íbamos una vez por semana. Gabriel impartía clases de Lógica y Ética.

En el caso de Gabriel, mi único encuentro con él fue cuando estuve en su oficina para comprar el libro de texto que usábamos en Lógica, de su autoría. "¿No quieres que te lo firmé?", dijo en tono de broma. Tal vez no hubiera sido mala idea tomarle la palabra.

Hay quienes retan al peligro con sus profesiones y eventualmente caen derrotados: Ayrton Senna murió en 1994 en San Marino, al impactarse en una barda a 300 kms. por hora; Manolete murió a manos de un toro... El comandante Víctor Hugo Moneda, ejecutado por ser uno de los policías judiciales más decentes que han existido (hablo con conocimiento de causa). Gabriel y Kande, dos hombres dedicados al estudio y enseñanza de la Ética, para hacer mejores personas, murieron en dos asaltos ratoneros, uno por un vochito y otro por 4 mil 500 pesos. Los alcances de toda ironía se quedan cortísimos.

(Hoy justamente, en un pesero, comencé a leer "Instrucciones para vivir en México", de Jorge Ibargüengoitia, y en este momento espero que me dé algunas respuestas. Aunque el buen Ibargüengoitia falleció en 1983.)

Y luego se preguntan, ¿por qué la gente se quiere ir de esta ciudad? Cincuenta y siete horas en Monterrey y un par de días después del regreso me bastaron para entenderlo: vivir en la Ciudad de México es un constante y diario reto al peligro.

3 comentarios:

Quike dijo...

Es triste mi estimado Mac, pero esa es la verdad. Lo malo es que con notas como esta, los niticiarios y diarios parecen pegar u grito en el cielo cuando después se olvidan y se archivan hasta que venga otro caso, que conmueva, que nos enoje pero..., no trascienda.
Ya basta, no hay que movernos en una marcha, hay que actuar, reflexionar y actuar me decía una amiga. Habrá que llamar a una revolución, no armada, pero sí de ideas y hechos.

Silvia Almanza "Vasconcelos" dijo...

Sí, es triste, y lo peor es que esto es el pan de todos los días, y por supuesto que resulta más impactante cuando conocemos a las personas.

Siempre que leo las noticias creo que la situación ya está muy mal como para que empeore, pero día a día me doy cuenta de mi error.

Anónimo dijo...

mmmmmmmmm
sin comentarios!!!!!!!!!