lunes, julio 21, 2008

Sobre la consulta petrolera

En un ejercicio de vil autocensura, eliminé el contenido de este post, ya que este espacio tiene por política no hablar de política desde hace algún tiempo.

sábado, julio 19, 2008

La caja del tiempo


Ayer, el Presidente colocó una “caja de tiempo” en la Catedral. Es decir, metió un demonial de cosas que simbolizan al México de hoy en una urna de bronce.

Felipe Calderón fue metiendo uno a uno los objetos que, dijo, representan al país en el que vivimos en los primeros años del siglo XXI, para que sean conocidos por los mexicanos del futuro.

De las varias notas que sacó Reforma.com, dado que Nacional y Cultura sacaron tanto previas como notas del día (que onda con la coordinación, porque además traen el mismito ángulo), rescato el contenido de la “máquina del tiempo”.

El ponchipaquete contiene una Bandera del país, un ejemplar de la Constitución (que tiene ya 91 años, pero igual sigue vigente) y una colección de 32 monedas de los estados.

Además, “mensajes de líderes políticos, personajes del ámbito deportivo, literarios y científicos como Carlos Fuentes, Mario Molina, Julieta Fierro, Lorena Ochoa, Santiago Creel, Ruth Zavaleta y Guillermo Ortiz, entre otros.” Sin meternos en honduras por preferencias políticas, me pareció una buena selección. Aunque en mi campo, que son los deportes, me llama la atención que hayan elegido a Lorena Ochoa, no por sus éxitos que son incuestionables y que la hacen la mejor deportista hoy por hoy del país, sino porque practica un deporte tan ajeno a este pueblo como el idioma ruso.

Obras de Octavio Paz; “una biblioteca digital mexicana de artes plásticas y escénicas; ediciones de periódicos mexicanos; un genoma decodificado del maíz mexicano; una copia de la película ‘Los Olvidados’, de Luis Buñuel; el Primer Informe de Gobierno de Calderón y una foto satelital de la República”, señala Reforma. De las obras de Paz, creo que estaba cantado, sin duda se tienen que seguir leyendo en los próximos siglos. Pero la biblioteca digital… Es tirarle a ser el adivino combinado con el brujo mayor y con uno de Catemaco saber si los dispositivos de dentro de 200 años podrán leerlos o si de plano la tecnología digital estará tan obsoleta como los bulbos en las televisiones, a lo mejor van a ver un disquito y pensarán que era una monedota. Digo, puede pasar… Y de ‘Los Olvidados’, bravo, enorme. Ah, y no olvidemos las herramientas para clonar el maíz, que después de ver Wall-e y llorar por lo miserables que hemos sido con este planeta, tal vez sí sea muy necesario. Neta.

”También incluye un mensaje del Presidente Felipe Calderón, quien dijo que espera que en el futuro se cumplan los anhelos de los mexicanos en materia de educación, salud y empleo, además de que se abatan los índices de pobreza.” Calderón y Fox piensan/pensaban que para 2030 no habrán pobres en este país. Despertemos, eso no va a pasar, sin importar quién gobierne o cómo se gobierne, mientras haya mexicanos que se rijan por la ley del mínimo esfuerzo, no se acabarán los pobres. La democracia no es un antídoto contra la pobreza.

(No, no soy comunista, fuchi.)

Y todo eso cupo en una caja de 22 centímetros de ancho por 32 de largo y 25 de alto: el deseo no tanto de lo que es este país, sino de lo que queremos que sea.

¿Y ustedes, qué meterían en su caja del tiempo personal?

martes, julio 15, 2008

La fotografía


Mi pasión por la fotografía nació de un trauma infantil.

En un viaje a Orlando con la familia de un gran amigo, compré una cámara, totalmente equis, la cosa más rupestre que se puedan imaginar. Como buen niño que imita a sus mayores, pensé que dar click en el botón haría que por arte de magia las imágenes salieran como las veía. Cual fue mi sorpresa al ver que de unos cinco o seis rollos que tiré en el viaje, no saqué más de 10 fotos visibles (no buenas, sólo visibles).


Desde entonces, habrán pasado unos 10 años donde ver una cámara fotográfica me provocaba tics nerviosos, mareos, alucinaciones y un "mejor no" como colofón.


Fue entonces que a mi hermana se le ocurrió meterse a un taller de foto. Un tío le prestó una cámara buena, viejezona, pero las benditas reflex son más longevas que un portero inglés. Creo que la primera vez la acompañé a ver su curso, y para la segunda sesión ya estaba inscrito. No podía ser una ciencia oculta, no podía ser alquimia, pero sí química: ingresé a este extraño mundo sin darme cuenta.


Un día tomé fotos en la escuela. Un sábado. A cualquier cosa, total, habían paisajes que ayudaban. Pero creo que cuando finalmente quedé enamorado fue al revelar mi primer rollo. El olor a químicos, la rutina precisa para el revelado, el trabajo a ciegas y que al final tuviera en mis manos una tira enorme de negativos alejó mis demonios y mis tics.


Nunca he cobrado por fotografiar, así que no puedo llamarme profesional. Es mero amor al arte. Mi archivo principalmente es deportivo, aunque lo he aderezado con cosas varias: paisajes, retratos, historias urbanas y hasta desnudos. Ya sea con mi consentida, la Canon Rebel EOS, con la Cybershot o hasta con mi celular.


Me he negado a dejar mi reflex análoga: sí, es menos práctica que una digital, pero es más barata y sigo enamorado de tener en mis manos los negativos de mi obra (aunque sean a color). Valoro más la película que la impresión.


Me encanta la fotografía por el reto que representa: contar una historia en una imagen estática, meterle el color a una imagen, aunque sea monocromática, y provocar una respuesta del espectador, que puede ir desde un gesto hasta una mentada de madre.


Todo lo que implica un click... Y todo por quitarme un trauma de la infancia.

domingo, julio 06, 2008

Atención personalizada

Quienes de ustedes hayan ido alguna vez a una de esas cafeterías de la sirenita para comprar una bebida (cara, por cierto), se habrán dado cuenta que una vez hecha la orden en la caja, les preguntan su nombre.

Eso evidentemente es una estrategia de atención personalizada que le da al cliente un plus, para que no sólo vaya a tomar un café, sino también incluso sentirse entre "cuates". Algunas veces hasta me he llegado a preguntar si las cajeras no le coquetean a los clientes, o los cajeros a las féminas compradoras.

No tengo nada en contra de ello, en lo absoluto. Cada vez que hago mi orden viene el diálogo obligatorio:

- ¿Cómo te llamas?- inquiere el vendedor.
- Ricardo.- responde el comprador.

Un par de minutos después, recibo un vaso con mi café y mi nombre rotulado en él con un plumín negro. Nunca falla... Hasta ayer.

Entiendo que hay ciertos trabajos tan mecánicos que pueden llevar a la monotonía, y que eso orilla a uno a hacer cosas para soltar una risa. Es normal, el ser humano necesita reir, incluso en el trabajo.

Pues bien, ayer pasé por mi café en una de las tantas sucursales de Sta... perdón, de la cafetería de la sirena, en la Del Valle. Inmediatamente enfilé a mi sagrado sitio de trabajo, a unas cuadras. Fue hasta ahí, al bajar del automóvil, cuando noté que fui "víctima" de esas tácticas laborales para que un empleado mantenga la cordura.

Hay tantos Ricardos famosos en la historia... Como Ricardo Corazón de León, Richard Nixon, Richard Burton, Richard Gere... Vaya, hasta Ricardo Tapia...


Pero los cuatitos del establecimiento en cuestión optaron por compararme con Ricky Martin.

Chale, no hay respeto. Para la próxima me voy a presentar como El Santo (el de la serie de TV y la película).

jueves, julio 03, 2008

Nace 'El Pasajero'


El lema "Ciudad en movimiento" del gobierno de Marcelo Ebrard se vuelve un eufemismo cuando un tramo de 12 kilómetros es recorrido en dos horas en automóvil. Hay tantas obras que trasladarse de un punto en esta ciudad requiere esquivarlas para evitar embotellamientos... Pero a veces es imposible.

La obra del puente en Churubusco, en su cruce con Cuauhtémoc, literalmente colapsó a la Colonia del Valle. Como todo se planea con las patas, a alguien no se le ocurrió que no hay vías alternas suficientes para desviar el tráfico.

Y para rematar, anunciaron que este mes van a repavimentar Universidad.

Dado que cinco de siete días a la semana obligatoriamente me tengo que trasladar a este punto de la ciudad, hube de tomar ciertas medidas.

La primera es que los días que entro en la mañana a trabajar, salir de mi casa media hora antes de lo planeado, para llegar una hora antes de mi hora de entrada. Para los que no viven aquí sonará paradójico, pero esa media hora me evita llegar una hora tarde.

Para los días que entro por las tardes, opté por agarrar un microbús. A esas horas, si bien es cierto que el tráfico es menor, los camiones transitan vacíos o con poca gente, lo cual da la posibilidad de tomar un asiento (a veces cómodo, a veces no, pero asiento al fin y al cabo), abrir un libro y perderme en mi iPod durante el trayecto, que dura cerca de una hora.

Los pobladores de esta megalópolis se quejan constantemente de la calidad del transporte público. Y no es que no tengan la razón en sus argumentos: es lento y sus choferes son unos homicidas imprudenciales en potencia.

En su defensa, he de decir que es barato, con lo que ahorro algunos centavos en gasolina; y que a ciertas horas, como la que describí hace un par de párrafos, resulta conveniente.

(Además, usar el transporte público genera menos emisiones de contaminantes a la atmósfera.)

Eso me inspiró a iniciar en este espacio cómico-mágico-musical una serie de relatos, titulada "El Pasajero".

¿Qué van a encontrar ahí? No lo sé, puede ser desde un suceso chistoso, una escena urbana, una crítica literaria, musical... Es decir, convertir los rutinarios traslados en una experiencia antropológica.