miércoles, mayo 28, 2008

Ennio Morricone

En medio de la ovación por Gabriel's Oboe (La Misión), surgió un grito femenino que se escuchó por todo el Auditorio: "¡Paradiso!"... El folclor mexicano apareció. Y no por el exabrupto, sino porque el Maestro así lo tenía preparado, siguió el tema de Cinema Paradiso.

Cerré los ojos y me encontraba en una pequeña sala de cine italiana. Y vi a Toto, ya adulto, con traje y gabardina, contemplando aquellas escenas que en su niñez fueron censuradas. Alfredo las juntó y resultó un compendió de los mejores besos jamás filmados.


De repente, los volví a abrir y estaba de regreso en el Auditorio Nacional. La mujer a la derecha de Tusi lloraba profusamente. Tusi misma confesó después que ella también lloró, de igual manera que Inphi y la Inmortal en otro sitio del graderío. A mi, me alcanzó para que mis ojos quedaran humedecidos, y quienes me conocen saben que eso ya es decir.


Dos horas y media donde uno era trasladado de un sitio a otro y de la alegría a la melancolía, una y otra vez.


Ayer me quedó claro el papel que juega la música en el cine.

domingo, mayo 11, 2008

¡Qué diezmadre!

Para la jefa (aunque no le gusta que la llame así),
en el segundo domingo de mayo

Los días festivos suelo tomarlos con un ánimo que va del escepticismo al asco.

En este espacio he agotado temas como el 14 de febrero, que me parece una soberana porquería, o la Navidad y su corte mercantilista que relegó al olvido a su verdadero origen.

El día de las madres no es ajeno a esta crítica.


La única vez que osamos salir a celebrar en familia con mi madre por la susodicha fecha, esperamos dos horas a que nos asignaran mesa -¡aún con reservación!- en un restaurante de Periférico a la altura de Pedregal, y otro par de horas para que nos sirvieran. Fue un suplicio. Jamás lo volvimos a hacer.

No sé si por ahí de tercero o cuarto de primaria le empecé a perder el sentido a los festivales de la escuela. Poemas, dibujos, manualidades y mi terrible terrible terrible voz entre las de otra centena de infantes con canciones de José José, Timbiriche e íconos varios de la época. Hubiera estado de poca cantar algo de John Lennon, pero las canciones hacia su madre no eran precisamente alegres, ya que murió atropellada por un policía borracho.

Pero, volviendo al tema. Pese a eso, agradecía que mi madre se apareciera cada mayo al mentado festival. No era chido preparar un mes (contento o a regañadientes, no importa) y ser tal vez el único chamaco sin su progenitora presente. La única vez que se ausentó se debió a que estaba convaleciente de una operación.

Eso lo veníamos recordando en el coche el viernes por la noche. No le gustaban los festivales, pero iba porque al final éramos sus hijos los protagonistas de los caprichos de los profesores. Ni el tráfico del día. Ni la mercadotecnia a su alrededor. Ni la gente que le manda mensajes de "para la mejor mamacita del mundo" (¡¿?!).

"Debería festejarse el segundo domingo de mayo... Es más, deberían abolir ese pinche día", espetó, como suele hacerlo, sin pelos en la lengua.

Mis motivos para decir lo mismo son otros, aunque tal vez ella también los comparta.

Me parece un acto de hipocresía suprema ver a mucha gente que celebra a sus madres y se desvive por ella un día al año, mientras la ignoran los otros 364 días (365 en el caso de este 2008).

Habrá gente a la que le emociona el 10 de mayo, y está bien. Pero a mi madre y a mi no. Por eso la invité a comer hoy, en el segundo domingo de mayo.

lunes, mayo 05, 2008

Merengue a la alza


Treinta y un títulos después, el Real Madrid es el mejor ejemplo de que uno nunca se acostumbra a ser campeón: cada título se vive como si fuera el primero.