domingo, noviembre 09, 2008

La vida a los 52

Escena 1

Tendrá unos 3 ó 4 años, con el pleno de los Otero Mac Kinney sentados a la mesa a la hora de la comida, lo cual ya en esas épocas no era común, una vez que los tres hijos ya teníamos esa edad para votar y beber alcohol legalmente.

Desconozco exactamente porqué llegamos a este punto en la conversación, pero mis hermanos y yo nos nombramos el MacTrío -obviamente yo era el MacNífico-, y mi madre con toda justicia se hizo llamar la Big Mac.

Mi padre, un tanto frustrado al no poder formar parte del clan Mac, soltó una frase que, si el mundo fuera un poquito menos formal y más sarcástico, pondría en su epitafio:

"¿Ah sí? ¡Pues yo soy el Burger King!".

Y así nos mató el teatrito. Nunca dejaré de aplaudírsela.


Escena 2

Esta es más reciente, del 12 de octubre de 2008. Su servidor salía del Estadio Olímpico tras la repasada que le puso Cruz Azul a los Pumas. Nallely, de filiación celeste, se comportó como toda una dama y evitó hacer mofa de la desgracia ajena -yo solito me daba vuelo-.

Caminamos al estacionamiento de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde dejamos el coche. Ahí nos encontramos con mi hermano y su novia, y esperamos a mi padre.

A lo lejos, aparece el Burger King, y los dos Mac notamos algo peculiar en su vestimenta: una playera retro de los Pumas, de los años 60, que no le habíamos visto antes. Conforme se fue acercando notamos algo más: sus ojos brillaban, raro entre miles de seguidores auriazules de caras largas en ese momento.

Una vez que llegó, nos dijo "tuvieron que pasar 45 años, ¡pero finalmente la tengo!" Resulta que esa playera era deseada por el pequeño Ricardo desde su más tierna infancia, pero mi abuelo -quien gustaba del futbol, pero no era ni el 10 por ciento de apasionado que sus nietos- no le cumplió el capricho.

Ese día vi en pleno al pequeño niño que lleva mi padre adentro.

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