domingo, mayo 11, 2008

¡Qué diezmadre!

Para la jefa (aunque no le gusta que la llame así),
en el segundo domingo de mayo

Los días festivos suelo tomarlos con un ánimo que va del escepticismo al asco.

En este espacio he agotado temas como el 14 de febrero, que me parece una soberana porquería, o la Navidad y su corte mercantilista que relegó al olvido a su verdadero origen.

El día de las madres no es ajeno a esta crítica.


La única vez que osamos salir a celebrar en familia con mi madre por la susodicha fecha, esperamos dos horas a que nos asignaran mesa -¡aún con reservación!- en un restaurante de Periférico a la altura de Pedregal, y otro par de horas para que nos sirvieran. Fue un suplicio. Jamás lo volvimos a hacer.

No sé si por ahí de tercero o cuarto de primaria le empecé a perder el sentido a los festivales de la escuela. Poemas, dibujos, manualidades y mi terrible terrible terrible voz entre las de otra centena de infantes con canciones de José José, Timbiriche e íconos varios de la época. Hubiera estado de poca cantar algo de John Lennon, pero las canciones hacia su madre no eran precisamente alegres, ya que murió atropellada por un policía borracho.

Pero, volviendo al tema. Pese a eso, agradecía que mi madre se apareciera cada mayo al mentado festival. No era chido preparar un mes (contento o a regañadientes, no importa) y ser tal vez el único chamaco sin su progenitora presente. La única vez que se ausentó se debió a que estaba convaleciente de una operación.

Eso lo veníamos recordando en el coche el viernes por la noche. No le gustaban los festivales, pero iba porque al final éramos sus hijos los protagonistas de los caprichos de los profesores. Ni el tráfico del día. Ni la mercadotecnia a su alrededor. Ni la gente que le manda mensajes de "para la mejor mamacita del mundo" (¡¿?!).

"Debería festejarse el segundo domingo de mayo... Es más, deberían abolir ese pinche día", espetó, como suele hacerlo, sin pelos en la lengua.

Mis motivos para decir lo mismo son otros, aunque tal vez ella también los comparta.

Me parece un acto de hipocresía suprema ver a mucha gente que celebra a sus madres y se desvive por ella un día al año, mientras la ignoran los otros 364 días (365 en el caso de este 2008).

Habrá gente a la que le emociona el 10 de mayo, y está bien. Pero a mi madre y a mi no. Por eso la invité a comer hoy, en el segundo domingo de mayo.

5 comentarios:

José Antonio dijo...

Y el tráfico es una moncerga, y las cabecitas de algodón de azúcar paradas esperando turno, y las colas en Tous, y bueno... los festivales todavía me gustan porque a la edad de mis chaparros todavía tienen gracia para las canciones y poemas y es padre oirlos, quién sabe que será en cinco años.

IN PHIDELIO dijo...

MÁS ALLÁ DEL 10, VALE LO PROFUNDO QUE, SE NOTA, HAY EN SU RELACIÓN.

ABRAZO.

David el Terrible dijo...

Madre, te extraño.

Joy* dijo...

jaja cuando mi hermano nació mi mamá no fue al festival porque estaba en case (fue cesarea) y no sabes lo traumático que fue para mi porque habiamos preparado un baile de hawaiino y yo queria q mi mamá lo viera a fuerza y lo intenté bailar yo sola en la casa y no pude (iba como en 2do de primaria jajaja).
Pero bueno aparte de esa vez, a mi mamá si le pega el día de la madres cañón, siempre nos está recordando "ya viene el día de las madres, q me van a regalar", cosas así, entonces pues ni modo, yo tmb soy anti todas las celebraciones pero me hago la muy hipócrita para q no se enojen en mi casa jajajajaja
saludos Mac

Mario Gensollen dijo...

Mi querido Otero... Creo que... Bueno lo que crea no importa... Let it be... Pero, sobre todo, All you need is love...