jueves, enero 17, 2008

Mi triángulo de las Bermudas

Hace año y medio compré una laptop con pantalla de 17 pulgadas.

Hago énfasis en el tamaño porque me vi obligado a buscar una mochila en la que cupiera mi nuevo bebé, pero solamente encontraba back-packs para computadoras de 15 pulgadas.


El buen Joan me vendió la suya, que ya quería "jubilar". Acepté gustoso el trato y llevé a mi casa una enorme mochila azul con negro en la que Michelle (así bauticé a mi computadora) podía ser transportada cómodamente.


Pero en últimas fechas, este aditamento se ha convertido en mi Triángulo de las Bermudas portátil. Les contaré.

En mi travesía a Cancún para la Final entre Pumas y Atlante, me la llevé. Guardé ahí, entre otras cosas, mi camarita digital y mi grabadora de mano (que ya estaba cerca del retiro, por cierto).

En casa de mi tía busqué los dos objetos descritos en la mochila y no los encontré. Traté de recordar si los había dejado en algún lado. Negativo. Extrañamente, mi reacción no fue de ira, angustia, tristeza, depresión o similares: simplemente no hubo reacción. Vaya, ni siquiera un "shit happens". Hagan de cuenta que parecía que perdí una pluma Bic. Y sin embargo, era perfectamente consciente del costo que tendría mi desliz.

De regreso en México, aproveché la cacería navideña para "regalarme" una nueva grabadora, digital, con cable USB y toda la cosa, para reemplazar a la anterior, que seguramente estaba en manos de algún cancunense suertudo. La cámara habría de esperar hasta febrero, no soy una maquinita de hacer dinero.

Luego un día, ya de 2008, le "descubrí" una nueva bolsa a la mochila. Metí la mano y sentí un objeto. Era el estuche de la cámara que perdí en Cancún... ¡con la cámara adentro! (claro, la cámara estaba perdida con todo y estuche). Y ahí sí hubo reacción: sentí una intensísima sensación de alivio, como cuando te encuentras un billete en la bolsa de la chamarra que te acabas de poner, sólo que este billete era como de 4 mil pesos.

Y naturalmente, también estaba la vieja grabadora.

El viernes pasado tuve que hacer una entrevista. Cuando busqué mi grabadora nueva, oh sorpresa, no la encontré en mi mochila-portafolio-morral que uso para ir al trabajo (otra, una totalmente negra). Y la reacción no pasó de un "ah jijo", no hubo preocupación, lamento, ira, nada. Nada. Me llevé la vieja a la entrevista y la infeliz me cobró el "retiro": no le dio la gana grabar. El cassette no corría cuando le oprimía el botón con el circulito rojo, probé todas las funciones y ninguna otra daba problemas. ¡Malaya! Afortunadamente mi camarógrafo quedó en pasarme el audio.

A todo esto, la cámara también me dio un problema: en plena cena con amigos del trabajo, se me solicitó tomar las pruebas de una apuesta que se saldó ahí. La primera foto salió bien. Pero después, cuando la encendía y la ponía en modo de capturar, hacía un levísimo sonido, perceptible sólo con el oído en contacto directo y la pantalla (el display) indicaba que la apagara. Toda clase de conjeturas entraron a mi cabeza, desde una falla en la lectura de la tarjeta (no dejo de ser un geek computólogo) hasta la Ley de Murphy. Al día siguiente vi que el lente se atoraba al querer salir porque no se abría por completo su tapa. Un poco de ingeniería mexicana solucionó eso.

¿Y qué pasó con la grabadora nueva?

Ya apareció. ¿Dónde creen? A ver si no me sale esta con alguna gracia.

2 comentarios:

IN PHIDELIO dijo...

¿Cómo no quieres que se te pierdan las cosas si el relato estuvo más enredado que tu cabeza? Me regresé como 10 veces en ciertos párrafos. Y a todo esto, ¿quién fue el personaje de la entrevista?

Lucas Carrabias dijo...

Me pasó algo similar. La mochila que uso para la lap es un estuche de sorpresas porque generalmente la uso para viajar, así que de regreso vuelve a arrinconarse en algún lugar.
Por supuesto, en su siguiente misión dentro de ella puedes encontrar desde calcetines, grabadoras, libretas, plumas o cualquier cosa que se te ocurra.
Es una de las ventajas de ser desordenado, uno se lleva gratas sorpresas a cada rato.
Saludos!