lunes, abril 30, 2007

Futbol de tercer mundo (y otras decepciones)

Si no mal recuerdo, hace un año la FIFA puso a la Liga mexicana como la décima mejor del mundo. Eso la colocaría al nivel de una europea de segunda clase, por ahí de la griega, o algo así...

Pero después de lo que he visto en la última jornada del torneo Clausura 2007, meto al futbol azteca en otra clasificación, creada por la globalización para delimitar a los países industrializados de los jodidos (el tercer mundo, le dicen).

Sólo enunciaré algunos de los síntomas:

1.
En primerísimo lugar, el descenso. Querétaro fue ilegítimamente despojado (chale, ya hasta escribo como el peje de la indignación) de la permanencia, no por su derrota ante el Atlas, justa a todas luces, sino por los tres puntos que le quitaron por el 20/11 en el Apertura 2006.

Y lo de los puntos me pareció una tomada de pelo no por el hecho en sí, sino por la forma: a unas semanas de acabar el torneo se anuncia un "cambio en el reglamento" para reducir estas unidades también en la tabla porcentual, con el certamen avanzado y sin nada que Querétaro pudiera hacer. Al final, esos tres puntos fueron decisivos, pues con ellos, Gallos Blancos se salvaba.

"Usted disculpe".

2.
La celebración de Santos por la permanencia rayó en la exageración: lágrimas, la tribuna gritando "sí se pudo" (exclamación de la inherente mediocridad del mexicano, Cuarón y yo lo afirmamos) y que fue rematada con una vuelta olímpica... Sin trofeo... Lamentable.

Como añadido a este segundo punto, y en defensa de los de la Comarca, que quede clara una cosa: Santos no tiene la culpa de las jaladas de la FMF, de los errores arbitrales ni de los ordenadores, hicieron lo que tenían que hacer, y punto.

3.
Sólo en la NBA y en el futbol mexicano se ve que califiquen a los "Playoffs" (Liguilla pues, p'al caso es lo mismo) la mitad o más de los equipos. Pero bueno, la comparación de la calidad entre ambas Ligas está implícita en su nombre.

Diez de 18 clubes mexicanos pueden ser campeones, nueve de ellos hundidos en la irregularidad y/o en la mediocridad. Por la credibilidad de nuestro futbol, espero que Pachuca sea campeón.

4.
El futbol es el único deporte donde el empate puede ser tan probable como la victoria de una de las dos partes. Hay quienes dicen que esto alienta la mediocridad, y no he encontrado argumento para refutar eso. Pa' mis pulgas, Pumas es la muestra: 11 empates en 17 partidos, de nada sirve perder poco si también se gana poco.

5.
Mientras en México he visto coronaciones con marcadores de 0-0 (Necaxa vs Celaya, 1995-96), hoy en Holanda el PSV se coronó con un 5-1. No por nada ese país creo el futbol total. Loas a Cruyff, Neeskens, los hermanos Van der Kerkhoff y más aún a Rinus Michels (qepd). Y de paso, a Carlos Salcido.

Pero bueno, ya entrando en el terreno personal, el sábado me tocó "firmar" el epitafio de los Pumas para reforma.com: "Mueren los Pumas de empatitis" (lástima que no ponen crédito por cabecear). Y el domingo mostré al mundo la agonía de la fiel afición queretana con una fotogalería. Profesionalmente las dos unas joyas, pero como ejercicio de aguantar víscera, solamente superados por aquella vez que escribí "aquí termina la carrera del mejor futbolista de los últimos 15 años", segundos después de la expulsión de Zidane en la Final del Mundial.

Y por si eso fuera poco, mis fuentes me revelaron que cierta fémina iniciándose en los artes periódisticos tiene un galancete solvente y que le puede arreglar la vida sin que tenga que pasar las friegas de una redacción más que por gusto. No somos nadie, aunque Cervantes (el diseñador, no el legendario escritor) piense lo contrario.

Por eso, ante la promesa de un flan, partí del trabajo a casa de mi padre, porque un flan lo arregla todo. Y al llegar, apliqué la Wojtylinha (coautoría Wojtyla/Otero/Briseño), porque aún con un flan a medio cuajar, el hogar siempre es el mejor lugar para escapar del futbol y de otras decepciones.

domingo, abril 22, 2007

Nocturno a Cuernavaca

Me dijeron que si uno no hace estas cosas al menos una vez en la vida, no ha vivido. Va contra todas mis normas de prudencia y buen comportamiento que me han dado el buen nombre del cual se aprovechan todas las mujeres con las que salgo ("le dije a mi mamá que iba contigo y no tuve problema para que me diera permiso", lo he escuchado tantas veces...).

Desde hace varias semanas me invitaron a una boda de un compañero del trabajo. Todo iba bien con el paso de los días hasta que este miércoles me enteré que la boda era en Cuernavaca. Y no por el lugar, sino porque los sábados suelo salir entre las 11 y 12 de la noche, por lo que el trayecto a la ciudad de la eterna primavera se convertía en una misión de valientes.

Conseguí apalabrarme con un editor para irnos juntos, porque la verdad, no hay amistad que valga el riesgo de darte en la madre en una carretera por ir solo.

Todo el sábado pasé la terrible incomodidad de vestir de traje (sin corbata, joder, era SÁBADO) trabajando con el estrés de una noche de pre-descenso en la Primera División. Dios me mandó la primera señal para abortar la misión de Cuernavaca cuando tuvimos una falla en el sistema de fotografía. Los periodistas virtuales mentábamos madres. Y mi compañero editor túvome que esperar media hora más para partir.

A las 0:30 horas (ya del domingo) salíamos del periódico. A la 1:20 cruzamos la primera entrada a Cuernavaca.

Confiados en la efectividad del mapita impreso en papel albanene (¿por qué los mapas de las bodas los imprimen en ese papel?), al tomar la salida correspondiente, Martín Corona (para guardar su anonimato fuera de las paredes de este honorable centro de información) y su servidor nos hacíamos ya casi en el lugar de los hechos. "Son tres cuadritas tontas", pensé para mis adentros, y los tres bloques idiotas se convirtieron en kilométricos tramos en una zona de la ciudad desconocida a la 1:30.

El sentido de paciencia de Martín fue mayor que mi sentido de orientación y a la 1:45 llegamos a la zona de desastre: un hotel very fancy con club de tenis (aunque no vi las canchas). La recepción (digo, creo que ya captaron que no llegamos a la misa) era en un jardín en donde se trazó un pasillo con velas hasta las mesas. Que bonito. Preocupados, Corona y yo tomamos nuestros boletos para entrar, pero a esa hora, hasta Maradona con suero se hubiera podido colar al festejo como en su gol del 86.

Escuché con preocupación que la música en ese momento era entre cumbia y tex mex. Creo. Cuando eso pasa, lo único que falta son los mariachis. Y por supuesto, el protocolo se siguió al pie de la letra, pues antes de las 3 ya teníamos el mexicanísimo conjunto. Algunos asistentes se retiraban y comencé a entender que llegamos cuando todo estaba acabando.

La comunidad del periódico del ángel del presente y del pasado nos juntamos en una mesa de 30 personas, que mientras el mariachi tiraba el pulmón por la garganta ante el pobre desempeño del micrófono, daba pie al show de flack y xosean (para seguir con la política del anonimato), que hicieron gala de sus gustos ochenteros y su desafinada voz, pero eso sí, arrancando las risas de los presentes mejor que Cepillín ante un público infantil. Al mismo tiempo, el taurino realizaba una enorme faena para esquivar a un gato negro que hizo su aparición en su segundo tendido.

Cuando el mariachi cumplió su hora, a eso de las 4, llegó el turno del karaoke. El dúo dinámico se dirigió presto al micrófono para liberar sus desgarradores aullidos. El resto del grupo de los 30 recibió con tristeza la noticia de que se cerraba la barra. Party is over. Los más inteligentes y pudientes se quedaron a dormir allá, los aventureros y jodidos como Corona y yo, retomamos carretera de regreso a la tierra sin ley donde vivimos.

Como buen copiloto, preguntaba a Martín de vez en cuando si iba bien. En el camino creo que tomó el acotamiento como cinco veces y se acercó a peligrosa distancia de una decena de camiones, pero su seguridad al volante me hizo mantener el silencio. Platicamos de nuestras historias y del periodismo idealista en el que dos jóvenes de aún una corta carrera toman como credo. Así un viaje vale la pena.

Nos encontramos a las inmediaciones de la Colonia del Valle enfilando a una taquería, donde llegamos a eso de las 5:30. En la mesa de al lado, un curioso par femenino, con caras de aspirantes, una a artistitucha de Telerrisa, y la otra a teibolera de Iztapalapa. Tres tacos de bistec y un boing de guayaba después, Martín me dejó en el periódico, donde dejé mi coche, con la consigna de regresar a casa, dormir un rato y volver al trabajo, como si nada hubiera pasado.

sábado, abril 21, 2007

No promueven, pero apoyan

Un spot del PRD dice:

"El PRD no promueve el aborto (...) apoya el derecho a decidir de la mujer para interrumpir su embarazo antes de las doce semanas."

El diccionario de la RAE dice:

aborto.
(Del lat. abortus).
2. m. Interrupción del embarazo por causas naturales o deliberadamente provocadas.

martes, abril 17, 2007

Chale

Por primera vez en mi vida, hoy envidié a las personas que trabajan de lunes a viernes de 9 a 6. ¡Eso sí es vida!

...

Chale, algo aquí no anda bien.

jueves, abril 12, 2007

Carlos Slim

* Una junta cualquiera en un periódico cualquiera...

Alguien: ¿Qué les parece si llevamos de sondeo en cuánto tiempo va a alcanzar Carlos Slim a Bill Gates (como el hombre más rico del mundo)?

Otra alguien: ¿Por qué no uno de cuántos pobres hay gracias a él?

Mac: (cara de "ay pobre pen...").

No entiendo por qué hay gente que se rasga las vestiduras porque Carlos Slim aumente su fortuna. Slim no ha producido pobreza, sino empleos, aprendan un poco de economía.

lunes, abril 09, 2007

Agregado a Via Crucis 2007

Minutos después de escribir el post anterior, empecé a sentir escalofríos y la siempre amable Estrella mo corroboró mis temores: fiebre.

Estoy en casa, solo, sin comida y sin poder salir. Ay de mi. El dolor de cabeza no tiene progenitora, el bloqueo nasal hace de cada aspiración un esfuerzo supremo y me duele el cuerpo no más de levantarme. Eso sí, ya vi una película y los primeros capítulos del Conde Pátula en la pantalla de 17 pulgadas de mi laptop.

No sé si para bien o para mal, los lunes descanso del trabajo. Es cierto que, hasta ahora, no me perdí de mis jornadas y sigo siendo mi Cal Ripken Jr. personal, pero díganme, ¿qué clase de jodido descanso es éste?

domingo, abril 08, 2007

Via Crucis 2007

Si ustedes creen que les voy a hablar de la tradicionalísima Pasión de Iztapalapa, se equivocan.

No es mi primera Semana Santa (léase el periodo santo, de jueves a domingo) que me lo vivo encerrado en la redacción. En realidad ese no es el problema, masoquistamente o no, disfruto mi trabajo, pero el cuerpo a veces no conoce de estados de ánimo.

El miércoles estuve todo el día con una gastritis del terror, que se prolongó hasta el jueves. Y eso sólo fue el preámbulo, pues traigo un dolor de cabeza que no se me ha quitado desde el día del juicio a Cristo, que se ha combinado con la intermitente gastritis, tos flemática, la constante falta de sueño y las desveladas propias de mi trabajo.

Hoy domingo parezco bulto, me he tomado jarabe, té, aspirinas y mi botellota de 1.5 litros. El más mínimo tosido mueve cada neurona como antro de Acapulco a las tres de la mañana, y no digamos de los estornudos, que son como golpes de Julio César Chávez en sus años de gloria.

(Eso sí, como pueden ver, mis dedos funcionan maravillosamente, esos nunca me fallan.)

Pero por si un ingrediente le faltaba a mi prosesión del terror, ayer sábado a eso de la 1 de la tarde recibí una llamada de mi madre.

- Tu papá y yo vamos para Chilpancingo...
- Aha... (wtf!!! Mis padres no viajan juntos desde hace años)
- Ya hablamos con tus hermanos, están bien"
- OK... (tienen 22 y 21, ya están grandecitos para ciudarse solos...)
- Solamente Andrés y José salieron con golpes..."
- (WHAAAAAAAAAAAAAAAT???) A ver a ver, ¿de qué me estás hablando? ¡¿Qué pasó?!
- Chocaron en la carretera, se cayeron a una barranca, pero ya hablamos con ellos y están bien. Te hablamos cuando lleguemos allá.

(Estimados colegas, mi madre les dio el ejemplo totalmente opuesto de cómo se hace una pirámide invertida.)

Mis ya prominentes ojeras duplicaron su tamaño y mi entonces pálida piel se tornó transparente. Naturalmente intenté llamar a los teléfonos de mis hermanos y de sus tres amigos, pero terminé maldiciendo eso de que todo México es territorio Telcel. Ajo y agua. Seguí trabajando...

Pedí a mis venerados padres que me mantuvieran al tanto. El segundo reporte que tuve fue a eso de las 7. Mi jefe vio mi cara de angustia mezclada con cansancio y me preguntó si pasaba algo. Ja. Afortunadamente el hombre sacó su lado bondadoso y me mandó a mi casa a las 9. (Entré a las 11, digo, ya llevaba 10 horas en el changarro...)

La noche fue lo más cercano a un cuento de Edgar Allan Poe. Tos, jaqueca extrema, estado febril (odio los termómetros, nunca dicen la verdad) y una vuelta tras otra tratando de conciliar el sueño. A la una de la mañana recibí el tercer reporte (malaya el tiempo real. "¡Que no se muera Maradona! Chiste local...): era mi hermano avisando que estaba en México, sano y salvo, en casa de su amigo, quien conducía el auto y mandó por segunda vez en tres meses un auto al status de pérdida total. Aunque francamente eso pasa a lo secundario.

Lo grave del tercer reporte era solucionar que íbamos a hacer con los tres boletos para el Pumas-América que había comprado mi hermano y que, naturalmente, ya no iba a usar.

Así crucé llamadas con él, con un tío de su amigo que los quería y con mi padre (la tarjeta que usamos para la compra era de él). El show (creo) que terminó a las dos y lo que prosiguió esa noche fue sueño alternado con visitas al baño.

Pero no había dolor de cabeza que me impidiera ir a un Pumas-América. No señor.

Mi hermosa esposa consiguió dos entradas en Zona Puma cortesía de su ex jefe. Y vaya que me dieron ganas de besarle los pies al sujeto: lugar numerado y estacionamiento privado. El punico problema por resolver era el de los tres boletos que estaban bailando. Después de media hora de fila finalmente pude recogerlos, vendí dos a los cinco minutos, y el restante terminé negociándolo con un tipito de dudosa procedencia. Aunque teóricamente reventa es venderlos ya una vez fuera de taquilla, los ofrecí al precio y mi conciencia estuvo tranquila.

Y el partido iba bien... Soportando mi dolor de cabeza y con el 1-0 a favor. Pero luego vino el gol de Germán Villa, que como dice Germán Dehesa, fue como si un perro me orinara encima.

Y de ahí córrele al trabajo. Mi lugar parece botica de antaño con toda clase de remedios. Mañana es mi día de descanso, y antes de que pase algo, voy a pensar en no levantarme de la cama, porque es cierto que Cristo resucitó al tercer día, pero noticia, yo no soy Cristo.