lunes, octubre 08, 2007

Vacaciones

Para el Mau, por esa historia que inició
en una madrugada en un balcón en la Del Valle.

Hay tantas cosas que ya se me habían olvidado...

Decir que he aprovechado al 100% mis primeras vacaciones desde que me convertí en esclavo mediático, sería mentir.

Regresaron todos esos issues que no me gustaban del papel de ser hijo de familia y no fui al concierto de Héroes del Silencio (ver U.N.I.C.O. y The Corridor para las mejores crónicas del evento). Pero en lugar de ir a desgarrar aún más mi ya jodidísima garganta -el miércoles estuve tumbado en cama- al Palais du Sports, fui a conocido restaurantbarantro especializado en mariscos de la zona de San Ángel.

Como ha pasado en mis últimos eventos sociales, todo saludo hacia mi persona venía acompañado de la frase "que milagro Mac...". Sé que es un poquito incomprensible para el vulgo mi ritmo de trabajo, es el precio que tengo que pagar por ello. Pero en el caso de los asistentes ya era un abuso, a algunos de ellos ya eran años (no año, ¡años!) sin verlos.

Mi perspicaz ojo periodístico me hizo recordar una foto que tengo con esa misma bola de gandules de hace siete u ocho años. El antes y el después era un ejercicio obligado, unos maduraron, otros echaron panza, perdieron pelo, acumulan maestrías y renacimientos (re-nacimientos).
Nótese que en ningún momento hablé en primera persona, no porque no me sienta aludido por ninguna de las clasificaciones anteriores, sino porque prefiero dejárselos a su imaginación, aunque eso sí, reconozco que en el recuento de los daños soy de los menos favorecidos.

Lo que sí es que ya no puedo negar que estoy bien vacunado. No hubo trío de mujeres (trío de tres, no de eso que piensan, puercos) que me quitará los ojos de la tele en la pelea Barrera-Pacquiao: por ahí del séptimo round del pleito analizaba la estrategia y la guardia de los peleadores, pero ya en el onceavo regresó mi personalidad oculta de aficionado a los deportes y mandé el análisis a la esquina para empezar a gritar como desaforado con cada combinación de golpes. Pensé que ya había olvidado cómo se vive el deporte como fanático.


Y qué decir un par de horas más tarde cuando empezó el GP de China de la F1. Ódienme hinchas de McLaren, pero me parece un abuso que uno de sus pilotos gane el campeonato después del espionaje a Ferrari. Festejé el despiste de Hamilton como un gol de los Pumas sobre el América.


(Sí, seguía en el ousheandraiv.)


Recordé lo que es una trasnochada de farra... Aunque es cierto, mi chip deportivo ya está más que asentado en mi cabeza.


Pero eso sí, hay cosas que siete años después, no se olvidan tan fácil.


1 comentario:

In phidelio dijo...

LO QUE PASA ES QUE YA SIENDO UNO UN PERIODISTA DEPORTIVO, SE FIJA HASTA EN LOS ERRORES DEL PERRO BERMÚDEZ Y LA PUBLICIDAD ESTÁTICA DEL ESTADIO. CAN'T HELP IT.

ME HA PASADO LO MISMO, AUNQUE NO SÓLO EN DEPORTES.

QUÉ BUENO QUE DISFRUTASTE TUS VACACIONES.