martes, agosto 14, 2007

El Señor Telenovela

"Pobre México, murió el Señor Telenovela", ironicé en mi sagrado lugar de trabajo con mi vecino, Chanfle II.

Aquel comentario valió una discusión extensa (lo extensa que se puede ser ya en horas de la noche en un periódico) sobre el legado de este personaje a la vida nacional.


La vida de Ernesto Alonso es reconocida por marcar el camino para hacer series televisivas dramáticas (telenovelas pues) de alto rating y que, por tanto, sean onerosamente rentables. Que conste que es mi punto de vista. La fórmula es simple: la mujer pobre que se liga al jefe/patrón millonario y libra
toda clase de calumnias, injurias, obstáculos y cabronadas para que "el amor triunfe".

Bonita lección esa de que el amor se mueve en Mercedes Benz y BMW's. Sólo que esa fórmula la inventó antes Walt Disney, en Cenicienta. La diferencia, es que Alonso y Telesistema Mexicano/Televisa se las ingeniaron para cotidianizar la fórmula y hacerla funcionar todos los días.


Me vino a la cabeza una crónica muy ilustrativa de xosean sobre la muerte de Raúl Velasco, que si no mal recuerdo fue en diciembre pasado. El señor Velasco le echó a perder sus domingos por las tardes, dice. Haciendo una analogía, Alonso nos vino a dar en la madre todas las tardes de lunes a viernes.

La primera telenovela de la que tengo algún recuerdo fue Cuna de Lobos (o como mi madre la bautizara, Cuna de bobos). A una corta de edad de a lo mejor 5 ó 6 años, me hice fan de la tal Catalina Creel. Maléfica se quedaba pendeja frente a ella. Después de eso, habré llegado a ver algunos capítulos de Carrusel, donde admito que me gustaba la nerd-tipo Valeria. Y since then, hasta Mirada de Mujer, que me parecía que ya ofrecía algo distinto (de perdida mejores actuaciones con Angélica Aragón, Ari Telch y Bárbara Mori, cuando era más
actriz que modelo), pero bueno, esa ya no era de Televisa, fue producción de Argos.

Ninguna la veía diario, nunca he tenido tanto estómago. Si quería enterarme de algo, acudía con mi madre, que al menos a Cuna de Bobos y Mirada de Mujer sí que les metió ímpetu y horas-mujer frente a la tele.

Pero la verdad es que las telenovelas me parecen poco más que patéticas. Toda telenovela que aparece en el universo televisivo por default es calificada de patética. Sentimentalismo vago y tripas al aire con la etiqueta de amor. Siempre he pensado -marquen estas palabras, Mac hablando de amor, esto no se da todos los días- que los mexicanos somos tan idiotas que no conocemos el amor, por eso siempre nos damos en la madre -y por eso no tengo novia, le huyo muy bien a los madrazos-.


(Pero sí conozco parejas sanas, que no viven de "pegarse" uno al otro. Sólo que en esos casos, alguno de ellos no es mexicano.)

¿Por qué esta breve y medio insulza reflexión? Porque toda taranovela, salvo las infan
tiles, versan alrededor del amor. De hecho ya la fórmula de Ernesto Alonso está tan choteada que a toda nueva serie sólo le cambian el nombre y los actores que ya estén pasados de moda. Chanfle II, volviendo a aquella discusión nocturna, investigó sobre el señor y me hizo ver que incluso llegó a trabajar con Buñuel, los comentarios positivos de Enrique Krauze por ser quien popularizó la historia mediante sus novelas de época y que las muestras de cariño sobre él hacían sospechar que era una buena persona.

No lo dudo. Buen profesional y buena persona, seguramente lo era. Incluso yo casi daría por un hecho que don Ernesto Alonso leyó y releyó varias veces a Octavio Paz y su Laberinto de la Soledad. Psicología del mexicano pura: saca al azteca por un rato de su realidad, identifícalo con un héroe -real o ficticio- y obtendrás millones de varos.

Yo no le lloré. Bueno pues, yo sólo le he llorado a mis dos abuelos. No lo lamenté, pues. Después de varios días de darle vueltas al asunto, me pareció que Ernesto Alonso desperdició tiempo valioso para darle al mexicano un producto de mejor calidad para consumir de lunes a viernes por las tardes.




2 comentarios:

Chanfle II dijo...

Ah qué grande Mr. TV . Tan grande que muchos ni sospechan de su influencia en la cultura mexicana. Su único error: Juan Peláez de Cura Hidalgo. Madre mía.

José Antonio dijo...

Enrique de Martino, ese sí que fue un momento patético de la TV, cómo se le ponían rojos los ojos en el Maleficio. Su manera de hablar como La Doña, con sus ropones de Primera Comunión y su inseparable Frank Moro, siempre me parecieron repugnantes, pero si ahora lo parara junto a Carla Estrada, Emilio Larrosa, el Güero Castro o el tal Osorio, efectivamente parecería un señor. Nadie sabe lo que tiene...