sábado, junio 02, 2007

Un viernes en la vida

La ciudad enfermó. Viernes, quincena y manifestaciones por doquier traen por consiguiente histeria al tope en los ciudadanos.

Pero a mi me valió un pepino. Justamente el viernes se cumplieron 40 años de la salida del album del Sargento Pimienta, lo cual a los beatlemanos nos hace estar de manteles largos. Tarde hora y media en llegar al trabajo, en la cual escuché primero el Club de los Beatles y luego, vía mi brand new iPod (sí, les estoy presumiendo, ¿y qué?), el citado album.

¿Qué quieren? Los Beatles son de las pocas cosas que me ponen de buenas.

En la redacción, las quejas de los reporteros eran constantes: maldito tráfico, p*nch* ciudad, hice 3 horas de mi casa a la siguiente cuadra... Y por si eso fuera poco, a un gracioso se le ocurrió poner artefactos explosivos en el metro con narco mensajes. Los chilangos (defeños, capitalinos, como gusten) estábamos sitiados: ni siquiera nuestro transporte más eficiente podía funcionar de manera normal. Como pocas veces agradecí que mi puesto de editor me obliga a estar pegado a la computadora todo el día.

Pero a las 7:30, impulsado también por la (milagrosamente) floja carga de trabajo del día, dije que era hora de emprender la retirada. Tenía una graduación a las 9 y tomé mis previsiones. Habría antes de pasar a un Office Max a comprarle a mi iPod el adaptador para entrada de cassette, ya que mi coche es todavía del siglo pasado y eso de los CD's como que aún no era moda.

Sobre Universidad, literalmente a vuelta de rueda, un amabilísimo cohabitante de la capital, quiso mostrar su virilidad en pleno al no dejarme cambiar a su carril a la altura de Centro Coyoacán. Su derroche de hombría fue tal, que cuando vio que yo tampoco estaba muy dispuesto a ceder, aprovechó mi primer parpadeo, me cerró su Tsuru, lo paró, salió de él y me recetó tantas leperadas seguidas como pocas veces he escuchado. Le puse cara de "a ver huei, ¿te das cuenta de lo que estás haciendo?" Temí por mi integridad física, porque ya más de una vez he visto que escenas así (o por menos que eso) terminan en golpes en plena vía pública. Afortunadamente, no sé si porque se activó el chip de su conciencia o porque mi cara y mi ademán de "¿what?" funcionaron, el tipo regresó a su carro.
Tras la escala programada en el Office Depot (¿o Max? no sé, para mi son la misma cosa) y una previa a la gasolinera que se encontraba a 200 metros de la escena anteriormente descrita, enfilé hacia el sur, a la Antigua ex Hacienda de Tlalpan. Durante el camino volví a escuchar el Sargento Pimienta por enésima vez en el día, pero ahora por las bocinas del Oteromóvil. No obstante, había un hilillo en mi cabeza diciéndome que si realmente los 640 pesos que pagué (con mes y medio de anticipación) por la fiesta a la que me dirigía valdrían la pena.

Arribé al lugar a las 8:55. Dejé mi coche con un misterioso pero amable valet. Pregunté por el salón donde me aguardaban, y apenas terminaban de colocar las sillas. Maldije mi puntualidad. Esperé 20 minutos a que llegara la incitadora, perdón, organizadora del evento y ese hilillo previo en mi cabecita se volvía un retumbante "huei, ¿no te habrán embaucado?..." Claro, es que dejé el iPod en el coche.

El novio de la incitadora, el buen Justin, estuvo platicando conmigo largo rato hasta que comenzaban a llegar los cohabitantes de mi mesa (J: ¿Sabes qué es "la escena"?; M: ¿Es algo como el ambiente?; J: Sí... Mmm... ¡No!). Una de ellas trajó consigo un ejemplar exótico del vecino país del norte: una imponente rubia de ojos cafés, delgada y nariz aguileña que me llenó la pupila de inmediato. Y eso que las gringas no son mi tipo.

A los pocos minutos, concluí mi plática con Justin y me dirigí a mi lugar previamente asignado por la incitadora. Inocentemente tomé el lugar junto a Miss USA (al menos esta no se tropieza). Hice gala de lo mejor de mi famélico inglés y le pregunté los detalles básicos que uno debe saber de un visitante extranjero: lugar de procedencia (enunadesas me hago fan de los Mellizos, pero no de los Vikingos ni de los Timberwolves), estancia en el país, qué lugares ha visitado, qué planea hacer...

Al cabo de los minutos (¿o las horas?) yo sabía que era psicóloga, y si no me leía la mente es porque aún no hable bien español, que le gustan también los Beatles, que así era como imaginaba las fiestas mexicanas ("¡lots of alcohol!", she said, y eso que yo lo sentía controladón) y que conoció a Diana (su amiga mexicana) en Londres, cuando fueron rúmeits (roomates pues).

Ella sabía que trabajo en el "most important newspaper of Mexico" (aka, el boletín de la derecha), de martes a domingo y a veces hasta muy tarde; que mi manía por los Beatles es en buena parte herencia paterna, que Justin decía que mi traje (negro con rayas) parecía de ganster y que no me gusta bailar.

Para ese momento, ya habíamos acordado que el lunes lo invertiría en ayudar a Diana en la labor de guía de turista con Miss USA. (Pobre de mi.)

Pero la plática entre dos personas que recién se conocen suele terminar en algún momento. Así que me vi eventualmente obligado a deslizar mis suelas en la pista. Los dos moraditos y las dos palomas que había tomado hasta ese momento se me subieron un poco más, al tiempo que recordé que una de las cosas por las que no me gusta bailar es porque sudo como idiota. Hice pasos que ni siquiera me conocía. Maldito alcohol.

Cuando dije que no más, le dije con toda la confianza y desinhibición de mis tragos al mesero "si me puede traer un café después, le acepto otra paloma". Dos minutos después ya tenía el brebaje mágico en mi lugar, y apenas terminé hasta con los residuos de los hielos y llegó una taza del café más cargado que he probado en mi vida. ¡Enorme el mesero! ¡Aplausos de pie por el eficientísimo servicio!

A las 2:30 emprendí la retirada. Minutos antes, Miss USA ascendió a "Güerita". Y al despedirme de Güerita, soltó un alegre "see you on monday!". Envídienme.

Y el 40 aniversario del Sargento Pimienta fue algo más que un día en la vida.

Pero antes del Monday, este sábado se viene el nocturno a Cuautla, que promete ser similar a su congénere a Cuernavaca. No será con Güerita, porque se fue a Taxco este fin, pero aún así el monstruo pinta interesante. Stay tuned.

Y para que se sigan divirtiendo, les dejo dos videos del Sargento Pimienta, uno es el original, de la película del Yellow Submarine; el otro es la apertura del Live8 2005, por Paul McCartney y U2. Enjoy.




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